Choque cultural

Lo que miramos en Francia, Siria y el desplazamiento de millones de personas de Oriente a Occidente, resultado de una escalada de violencia y ambiente de guerra en varios países como Irak, Afganistán, Irán y la misma Siria, fue pronosticado por Samuel Huntington en 1993 en el libro ‘El choque de civilizaciones’, donde recalca la tesis que la imposibilidad de diálogo entre el mundo occidental y oriental obedece a profundas diferencias en la manera de comprender, vivir, recrear o habitar el mundo. Pese a que esta tesis tiene ciertos atisbos de credibilidad, este libro no alcanzó a explicar la disputa por los recursos naturales por parte de los países de Occidente y sus intervenciones en Oriente para implantar la democracia.


¿Cómo inició la escalada de violencia en el mundo? Después de la intervención (más invasión) de los Estados Unidos en Irak en el 2003, debido a un supuesto plan de armas de destrucción masiva, Irak no ha podido a la fecha instaurar un tipo de gobierno que, desde la diferencia de su población (sunitas, chiítas y kurdos), logre la convivencia pacífica y la estabilidad política. A diario hay incursiones militares de varios bandos que no terminan de aceptar la intervención extranjera, el actual gobierno y la posibilidad de dar paso a un Estado de unidad nacional. De la economía, el pronóstico es obvio, una sociedad en crisis.


Lo cierto es que la intervención de los países occidentales en Oriente abrió un contexto de guerra en escaladas inusitadas, bajo nuevas características a las tradicionales, porque ahora no necesariamente se enfrentan unos países contra otros. En la actualidad, se vive lo que se conoce como “la tercera guerra mundial”, porque el escenario es incierto, los enemigos invisibles, todos pueden ser sospechosos, no alcanza la tecnología ni las agencias de inteligencia para frenar el terrorismo. Esta guerra no tiene territorio fijo, cuarteles, campos de batalla, porque las bombas pueden explotar en cualquier plaza de Francia o Siria. Pero, detrás de los ataques terroristas hay problemas estructurales como la disputa y la defensa por los recursos.


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