Aparato y elecciones

Algunos añoran una sociedad en que los políticos eran oradores sabios y los electores gente consciente que leía libros, discutía ideas, analizaba programas electorales y votaba racionalmente.

Nunca existió nada de eso. La democracia no se ha degradado, porque antes no fue mejor. Tiene defectos, pero de ninguna manera nuestros sistemas políticos actuales son peores que los antiguos. Cualquier estudiante secundario hoy maneja más información que los líderes más sofisticados de hace un siglo.


El analfabetismo era masivo, casi nadie conocía más que una pequeña porción de su país y los candidatos no podían comunicarse con los electores. La política estaba en manos de unos pocos que designaban al presidente y no era para la gente común, sino para redes clientelares que se mantenían gracias a favores, prebendas o regalos, y que vinculaban desde el dirigente barrial hasta el presidente. Votaban pocos y el fraude estaba socialmente aceptado. No se hacían campañas electorales.


Luego el progreso de la técnica y la aparición de la electricidad, el teléfono y la radio impulsaban nuevos estilos de vida, nuevos valores y una nueva forma de hacer política. Las sociedades se urbanizaron, no solo por la migración interna, sino porque las ciudades con valores rurales se modernizaron y los hábitos de los campesinos cambiaron. Hoy los van a los supermercados.


Los nuevos electores son numerosos, más independientes e individualistas. En todos nuestros países se impuso la tesis de “un hombre, un voto” y, gracias a la lucha de mujeres como Matilde Hidalgo de Prócel, se aceptó la participación femenina en la política. Esto quiere decir que de aquellas sociedades en las que votaba el 5% de la población adulta, pasamos a las actuales, en las que vota el 90%.


Estos electores no se han despolitizado, porque nunca estuvieron politizados. Antes no participaban del poder y ahora quieren hacerlo a su modo. Como consecuencia, el proceso electoral se ve obligado a evolucionar, no puede seguir siendo un caos en el que hacen trampa los más audaces, porque la gente quiere que se respete su voto.


*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.