Quién lo diría

Esta es una sección de la revista National Geographic en Español, de noviembre de 2005, en ella, con el título “Sumos anfitriones” se publica un interesante artículo de microbiología. No me sorprendió la referencia a las múltiples y varias comunidades de microorganismos que habitan el cuerpo humano, pero sí me resultó sumamente llamativo el cálculo que efectúa el investigador de comunidades microbianas intestinales de la Universidad de Washington en St. Louis, Jeffrey Gordon, quien asegura que en cualquier persona existen más células microbianas que humanas.

Esto debe hacernos meditar profundamente en el significado de seres humanos y en todas las interacciones que mantenemos con otros seres vivos y con nuestro medio ambiente. Considero que esto debe disminuir nuestro orgullo y darnos una mirada más humilde frente a todas las relaciones y las profundas dependencias que mantenemos con el resto de seres vivos.

La gran cantidad de microorganismos que conforman esta gran comunidad que llamamos ser humano, interactúan entre sí para posibilitar la vida como un todo de cada hombre y mujer que habita sobre la Tierra, sin todos estos diminutos seres y su permanente interacción, simplemente no sería posible la vida humana.

Nos consideramos los reyes del planeta, pero Gordon se aventura a especular que podríamos ser únicamente una consecuencia de las necesidades de los microorganismos a los que servimos de soporte y con quienes conformamos una antiquísima “alianza estratégica”. En conjunto todas nuestras células y los diminutos seres que nos acompañan procuran el desarrollo del todo así, los microbios del intestino ayudan a digerir los alimentos, producen vitaminas y combaten a los microorganismos que podrían causar enfermedades.

Estos conocimientos deberían tornarnos más humildes y ayudarnos a mirar de manera más respetuosa a la naturaleza y su profunda sabiduría, procurando emplear todo nuestro poder y conocimientos en lograr un adecuado equilibrio del medio ambiente en su totalidad, con todos sus componentes por mínimos que nos parezcan a primera vista.