martes, abril 20, 2021

Editorial Columnistas Nacionales Ofrecen vacunas, pero Ecuador no quiere

Ofrecen vacunas, pero Ecuador no quiere

Salvatore Foti

Funcionarios de la embajada china habrían mantenido conversaciones con funcionarios del ministerio de Salud ecuatoriano para proporcionar entre 3 y 7 millones de vacunas a nuestro país a un costo menor que las vacunas Pfizer.

Según fuentes confiables e involucradas en el diálogo, un laboratorio privado chino quiere implementar en Ecuador una planta que podrá -en una primera fase- empacar y luego producir la vacuna contra el Covid-19. Esto garantizaría las dosis necesarias para nuestra población y podría volvernos proveedores en los próximos años.

Sin embargo, los múltiples desaciertos en el manejo de la pandemia limitan la toma de decisiones de nuestros poco confiables ministros y autoridades. Si, por un lado, han sido muy seguros en tomar las peores decisiones para el país, ahora están súper inseguros para tomar las que, a primera vista, podrían ser las mejores. Tenemos a un exministro de salud fugado y al actual hablando del estrepitoso éxito por la llegada de pocos millares de dosis; seguimos en pañales, a un año de la pandemia, mientras otros países nos llevan la delantera y abren la puerta a diferentes vacunas que hoy se suministran hasta en farmacias. Por falta de liderazgo, nos complicamos la vida y en no permitir que el país vuelva a arrancar económica y socialmente.

Es cierto que se necesitan muchas garantías antes de autorizar la importación de vacunas, pero no socializarlo o darle largas sin tomar una postura definitiva, decir SI o NO, mientras miles de ecuatorianos mueren a causa del virus es realmente imperdonable.

Hacernos proveedores de la vacuna no solamente devolvería la salud a la población sino que también tendría un impacto social económico de increíble envergadura pues hasta generaría nuevas fuentes de trabajo.

En fin, comentan hasta de MasterChef pero no hablan de oportunidades que se presentan y que estamos desperdiciando. Somos rehenes de un ejecutivo sin ninguna empatía con su población. Vacunar a la población es la última carta que tienen para rescatar lo poco que queda de su imagen.

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