Día del Médico Ecuatoriano

El 21 de febrero ha sido señalado en el calendario como el día del Médico Ecuatoriano, fecha especial que permite rendir homenaje al amigo, al confidente, al profesional humano y solidario, al investigador, al científico, a ese ser lleno de fe y optimismo que tiene como norte de ser posible, curar. Si esto no se puede, por lo menos aliviar; y si nada de esto es posible, por lo menos consolar ya sea al enfermo o a sus familiares.

Esta fecha ha sido designada para rendir homenaje al doctor Eugenio de Santacruz y Espejo, por celebrarse su natalicio. Y es importante recordarlo porque él dejo legado a la historia los principios de la medicina en el Ecuador.

En esta era de la tecnificación de la medicina, donde queriendo vencer lo invencible, el médico ha logrado traspasar la barrera de los genes y es posible, con la clonación, vislumbrar un mejor destino en la salud humana, deben debatirse los aspectos éticos y legales para poner al servicio de la humanidad cambios que en el futuro sean positivos.

Es importante que los profesionales médicos sepan armonizar la ciencia y el humanismo. El humanismo es un arte de palabras, sentimientos, actitudes y valores.

Sin embargo, cada día es mayor el número de personas que se quejan de la ausencia de humanidad en el médico. Los pacientes añoran la imagen del galeno benevolente y comprensivo de antaño. A pesar de que a menudo éste no podía hacer otra cosa que limitarse a confortar al enfermo con su presencia.

Es evidente que los avances en la tecnología diagnóstica ha disminuido considerablemente la necesidad de entrevistas clínicas minuciosas. Como resultado, la relación médico-paciente se establece prioritariamente a través de procedimientos, aparatos y fármacos a los que comprensiblemente se les atribuye los beneficios tangibles y ‘reales’ de la intervención médica.

Pero el médico llega donde sus semejantes no en su momento de alegría y plenitud, sino en su momento de dolor y abatimiento, y despojándose de todos sus problemas, tiene que sacar a relucir esa mística sembrada en el alma de servicio y de conocimientos para beneficio de los demás.

Tiene por virtud entregar sonrisas, palabras de esperanza y de consuelo. Corre el riesgo de ser tratado como déspota o de mal carácter cuando actúa con tono enérgico queriendo infundir obediencia a sus prescripciones, o de ser muy serio cuando no regala una sonrisa, olvidándose el paciente que como ser humano que es, tiene también problemas de tipo personal y familiar que debe relegar tantas veces por dar prioridad a la razón fundamental de su vida que es la medicina.

El médico puede ser un héroe en un minuto cuando logra revertir la salud de un paciente, o puede ser considerado un villano cuando la suerte es adversa.

De lo único que estoy completamente convencido es que el médico entrega no solo sus conocimientos al paciente, sino también su tiempo, comparte sus sufrimientos y vibra de emoción cuando se recupera la salud y se acongoja cuando le resulta imposible lograrlo.

La lucha contra las enfermedades y la muerte siempre serán difíciles, pero eso hace el médico en cada jornada.