La verdadera historia de Papá Noel

15 La verdadera historia de Papá Noel
15 La verdadera historia de Papá Noel

Por: Ramiro Ruiz

Ibarra, La Hora

Papá Noél había sido obispo de Asia menor en el siglo IV, santo en buena parte de Europa desde la Edad Media, y nomo en Nueva York a mediados del siglo XIX. El pobre se vio forzado a viajar por mediomundo antes de encontrarse a sí mismo en la maravillosa imaginación de otros.

El proceso de cambio que llevó al obispo Nicolás de Asia menor, al gordiflón barbudo vestido de rojo y blanco que trae regalos a los niños, es más fantástico y apasionado que su propia leyenda.

San Nicolás nació por el año 280 en Patara, una ciudad del antiguo distrito de Licia, en Asia Menor, en el sudeste de la actual Turquía. Era hijo de una familia adinerada y gozó de una buena educación.

A la muerte de sus padres regaló sus bienes y se dedicó a la vida religiosa. Ingresó en el monasterio de Sión. A los 19 años le ordenó sacerdote su tío, el arzobispo de Myra, al que sustituyó en el cargo después de su muerte, gran defensor de los dogmas católicos. Falleció cuando fue arzobispo de Myracerca en el año 350. Era el obispo de los niños, por su amor a los pequeños. Se hizo popular por su generosidad y amabilidad con los pobres y los niños, a quienes regaló su fortuna personal. Su fama se extendió más allá de las fronteras de su región y comenzó a ser protagonista de gran cantidad de leyendas, atribuyéndole desde salidas nocturnas para repartir regalos, hasta milagros como el de calmar una tempestad y resucitar a un marinero egipcio.

Los vikingos lo adoptaron como santo patrono. De ellos pasó a Rusia donde se convirtió en santo nacional a principios del siglo X. Pero su fama se extendió cuando unos marineros robaron sus huesos de Myra. Los llevaron a la ciudad italiana de Bari, y depositaron en la Iglesia de San Esteban. Pasó poco tiempo y empezó a obrar milagros y su fama corrió como el viento por toda Europa.

Desde mediados del siglo XIII, san Nicolás repartía regalos y juguetes en la noche del 5 al 6 de diciembre. Pero en la Contra Reforma católica (1545-1563), surgió otro personaje, Christkind, el niño Jesús, que repartía regalos en el día de Navidad. El cambio de la tradición forzó a que san Nicolás entregue sus regalos el día 25.

La adorable misión de repartir regalos a los niños en Navidad fue adoptada en Europa, y el personaje encargado de hacerlo fue desarrollándose a partir de la figura del San Nicolás medieval mezclada con diferentes leyendas locales (como los nomos, el padre del invierno nórdico, la bruja buena italiana, y otros más).

Así nacieron, por ejemplo, los legendarios Kolya (Rusia), Niklas (Austria y Suiza), Pezel-Nichol (Baviera), Semiklaus (Tirol), Svaty Mikulas (ex Checoslovaquia), Sinter Klaas (Holanda), Father Christmas o padre Navidad (Gran Bretaña), Santa Claus (EE.UU.), Père Noël o padre Navidad (Francia) y otras muchas variantes del mismo mito básico.

Pero al gordinflón de barba blanca y vestido con un traje rojo ribeteado de blanco, que conduce por el aire un trineo de ocho renos transportando un saco lleno de juguetes, se lo debemos a las tradiciones holandesas y a los escritores y dibujantes de Nueva York, EE.UU.

La tradición de San Nicolás se arraigó en los Países Bajos a partir del siglo XIII. Le nombraron santo protector de Ámsterdam.

En aquella época se lo representaba vestido con ornamentos eclesiásticos, barba blanda, montado en un burro y llevando un saco con regalos para los niños buenos, y un manojo de varas para los desobedientes. En el siglo XVII llegaba en el barco Spanje (España), sobre un caballo blanco, siempre acompañado de su sirviente moro Zwarte Piet (Pedro el Negro), personaje sonriente que cargaba un saco lleno de golosinas. Lo suficientemente grande para meter a todos los niños que se habían portado mal durante el año. Se los llevaba a España a esos niños (el peor castigo para esa época, porque los Países Bajos estaban enemistados con España).

En el siglo XVII esta tradición familiar de san Nicolás navegó por el Atlántico, junto a los colonos holandeses que se instalaron en la prometedora costa este de Norteamérica. Los holandeses fundaron Nueva Ámsterdam en la isla de Manhattan, que luego sería Nueva York. En este viaje, Pedro el Negro se quedó en el continente y desapareció en los festejos posteriores.

Washington Irving, amante del folclore europeo, escribió en 1809 la Historia de Nueva York. Describe la supuesta llegada del santo cada víspera de San Nicolás. Es un personaje sin ropas de obispo, había dejado de montar el caballo blanco, pero viajaba en un corcel volador. Fue tan popular, a raíz de este relato que todos, incluso los colonos ingleses, festejaron la celebración holandesa. El nombre san Nicolás le cambiaron con Sinterklaas o Sinter Klaas hasta que finalmente le pronunciaron como Santa Claus por los angloparlantes. Había nacido un nuevo personaje, aunque no tenía algunos elementos para convertirse en el actual gordo bonachón.

Coca Cola, la chispa de la vida

Posteriormente la Coca-Cola le dio el actual aspecto en 1931. Para la campaña publicitaria de la Navidad de este año, Coca-Cola encargó a Habdon Sundblom que remodelara a Santa Claus de Nast. Él creó un Santa Claus más alto, todavía más gordinflón, pero más cariñoso, rostro bonachón, ojos pícaros, chispeantes y amigables, pelo blanco y espesa barba y bigote, también blancos, sedosos y encantadores. La vestimenta mantuvo los colores rojo y blanco, de la compañía, pero su traje se hizo más lujoso y atractivo.

A la imaginación de esas personas se debe nuestro actual repartidor de regalos. En realidad no hizo más que readaptarse a las antiguas costumbres de San Nicolás y otros personajes que repartían regalos, y se distribuían en diferentes países del mundo.

Actualmente se lo hace oriundo de Hveragerdi, según los islandeses. Los noruegos dicen que vive en la ciudad de Drammen. Mientras que los finlandeses juran que nació y vive en Rovaniemi. Todas estas ciudades son turísticas. Según los finlandeses hace siglos, un primitivo Santa Claus (que ellos llaman Julemand) vestido con pieles de reno, dejaba los regalos tallados en hueso o madera en la puerta de cada casa donde viviera un niño. Pero ahora ese gigante generoso vive, desde hace 400 años, en un monte cercano a la ciudad de Rovaniemi.

Todos sabemos que vive en el Polo Norte con muchos duendes que lo ayudan a fabricar los regalos que le piden los niños del mundo, y los reparte en un trineo volador tirado por los siete renos a los que llama Bailarín, Saltador, Zalamero, Bromista, Alegre y Veloz, liderados por Reno el de la nariz roja, que fue él ultimo en integrarse al grupo. Otros dicen que son ocho y se llaman Doner y Cupid, que están cerca de Papá Noel, Blitzer y Comet, Vixen y Prancer, y por ultimo Dasher y Dancer.

Pero siempre imagino que los juguetes y las fundas de caramelos y galletas de animales nos regalaba El Niño Jesús, al amanecer el 25 de diciembre. Los regalos no nos dejó jamás Papá Noél. Ni siquiera lo conocíamos. Tampoco supimos de la Coca Cola. En esos años saboreábamos las granadinas fabricadas y vendidas por don Alejandro Yépez, uno de los tres mentirosos del pueblo. Nuestros hijos ya creyeron en Papá Noél y el Niño Jesús estuvo como siempre en las novenas de casas y barrios. Sobre todo en la Misa del Gallo. De esta manera en nuestra provincia y en el país se devolvió la majestad al Niño y Papá Noél se convirtió en un personaje extraño que ha sido aceptado a lo largo de los años.

Tradición
Papá Noel

En el Ecuador Papá Noel o San Nicolás cada año toma más fuerza, inclusive, en las ciudades grandes, se dejaron de hacer nacimientos para darle un lugar preferencial dentro del árbol de Navidad al viejo bonachón salido de las leyendas y el marketing.

A lo largo de la historia se construyeron varios mitos en torno al personaje que hoy conocemos. Ninguno se comprueba todavía.

Los niños modernos ya nacieron con San Nicolás e inclusive algunos todavía piensan que es él quien reparte los regalos y caramelos. Sin embargo, en ciudades pequeñas, el Niño Jesús sigue siendo el personaje principal de la Navidad.