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Diana Atamaint: historia de una lucha constante

OCT, 12, 2009 |

TRABAJO. “Para el Presidente soy un ‘poncho dorado’”, dice Atamaint.
El reciente levantamiento indígena evidenció la presencia de la asambleísta Diana Atamaint, quien fue en esta ocasión uno de los rostros más visibles y presencia importante en el momento de negociar.

Shiram Diana Atamaint nació en Sucúa, en la provincia de Morona Santiago, tiene 37 años, dos hijos y una profesión universitaria que desde joven le permitió conocer la realidad de su región. Su primer nombre significa bonita en Shuar.

Es hija de Bosco Atamaint, un reconocido profesor de su cantón y de Aurora Wamputsar, también maestra de profesión. Es la primera de cuatro hermanos y por lo tanto fue la primera en abandonar el hogar para irse a estudiar a Cuenca

Disciplinada
Sus estudios primarios los realizó en la escuela Mercedes Navarrete, donde se destacó como estudiante y deportista. Profesora en la escuela, seleccionada de básquet, ex alcaldesa.

Su entrenador de básquet, Lauro Samaniego, recuerda con agrado a la niña de 10 años que quedó, junto al equipo de su escuela, campeona de la provincia.
Según los recuerdos de Samaniego, la actual asambleísta era una niña pequeña, hoy mide un metro con 65 centímetros, responsable y con una capacidad impresionante de escuchar.

“Era responsable en sus prácticas, disciplinada, chispa, no era tonta. Una deportista completa que podía jugar en cualquier posición. Analizaba a los rivales, nunca hablaba, escuchaba todo lo que yo le enseñaba, por eso sus errores eran mínimos”, dijo su profesor.

No pintaba para política
Pese a que, según cuenta su hermano y asesor, Car Atamaint, desde joven se involucró en grupos scout y en actividades de servicio a la sociedad, nunca pensó en la política, esto fue accidental.

Luego de terminar el bachillerato en el Colegio Río Upano de Sucúa, el traslado a una gran ciudad se hizo necesario. Sus estudios universitarios los realizó en Cuenca, donde se graduó de Ingeniera Comercial en la Universidad Estatal. Vivió ocho años allí.

Más tarde, con un gran esfuerzo personal, concluyó su maestría en Políticas Públicas con mención en Políticas Sociales, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Ponchos dorados
A los 26 años asumió la conducción técnica del Proyecto de Desarrollo de los Pueblos Indígenas del Ecuador, impulsado por el Banco Mundial.

“Hay personas que no pueden admitir que una indígena tenga un trabajo en el que gana mil 200 dólares, a quienes nos sucede eso nos dicen los ponchos dorados, eso me dolió mucho cuando lo dijo el presidente Correa, porque es discriminatorio”, dice Atamaint.

Su paso por estas funciones le permitió atender las necesidades de las poblaciones rurales de las Provincias de Morona Santiago, Pastaza y Zamora Chinchipe, y en una de las conferencias dadas sobre sus funciones a las mujeres de la comunidad se le propuso dedicarse a la política.

Discriminación de género
Aunque no lo cuenta con rencor, pues entiende que es parte de su cultura, acepta que en su primera postulación tuvo que luchar para conseguir la curul en el antiguo Congreso.

“Gané en las elecciones primarias, pero pese a eso no me pusieron primera en la lista. Sin embargo, en la elección general le gané al que estaba primero”, señaló.

Su postulación para asambleísta fue menos complicada, ya había hecho carrera en el Congreso, su triunfo en las urnas en esta ocasión fue con más del triple de votos que con los que triunfó la primera ocasión.

Esta alteración en el orden shuar, Diana Atamint la sostuvo durante todo su matrimonio, según lo recuerda su hermano. Aunque ahora, según ella misma cuenta, está “felizmente divorciada”.

“Desde su separación, que asumió con mucha fuerza, ha sido madre y padre de sus hijos, no se descuida de ellos, pese a sus actividades”, relata su hermano, quien en cierta etapa le colaboró con la crianza de los niños para que ella trabajara de lleno por su provincia.

Papel en el levantamiento
Para Diana Atamaint, su papel más importante en las manifestaciones se dio cuando el diálogo con las autoridades gubernamentales se rompió.

“Los tenían cercados (a los policías), los dos bandos iban a actuar y nosotros, que somos guerreros, no íbamos a salir perdiendo, eso iba a terminar en desgracia. Yo pedí cuatro horas, lo que se perdió no fue mucho y se ganó bastante”, relató.

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