Alicia & Dolores

MAR, 15, 2020 |

Yánez Cossío saca del baúl de los recuerdos su relación íntima y conflictiva con Dolores Veintimilla.

POR ABRIL ALTAMIRANO

El tiempo no pasa en los ojos traviesos de Alicia. Ellos se enganchan al libro que sale de la maleta, lo reconocen enseguida. “¿Cómo te va con eso?”, pregunta y lo señala con su dedo índice, con ese gesto curvo de los huesos que van cediendo a la edad.


El sol entra con mesura en el cuarto donde pasa las horas entre el rumor de las aves y el olor añejo de los libros. Sus libros, que a sus 92 años ha empezado a releer para no olvidar lo esencial, aquello que la hace Alicia, demiurgo de universos poblados por triquitraques, heroínas salvajes, princesas incas y tiranos.


Con pasos lentos y la frente en alto, nos guía hacia las entrañas de la casa. El calor de Píntag le ha sentado bien, aunque extraña el caos montañoso de Quito.  


Afuera, en un patiecito que se ha dejado comer por la maleza, quedan la pileta y el graderío que fueron testigos de las funciones improvisadas de ‘La casa de Bernarda Alba’ protagonizadas por sus nietos, criados en cuna de artistas e intelectuales. 


El amplio árbol familiar decora las paredes amarillas del estudio. Alicia se acomoda entre los retratos. Se acuerda del libro. “No me gustaba”, confiesa, con una mueca. “Me molestaba, ni siquiera lo menciono en otras entrevistas”. 


Reencuentro


‘Y amarle pude…’, novela que lleva por nombre un verso de ‘¡Quejas!’, el poema más recordado de Dolores Veintimilla, se publicó en 2000. Hasta hace poco, su autora dejó que se empolvara en el librero:  “No sé por qué, detestaba ese libro. Ayer empecé a releerlo y no lo van a creer, me encantó”.

En la bruma de sus ojos castaños relampaguea la emoción. “Soy yo, absolutamente, y no me puedo detestar”, añade. 
 

AUTORA. Escribió 12 novelas, 3 poemarios, 5 libros infantiles y 1 obra de teatro.

Dolores, apasionada por el amor adolescente, casada con un médico extranjero, un aventurero de carácter altivo, se cuela en las primeras páginas del libro con timidez extrema. Con el temor de quien desea ser amada al punto de la desesperación.   


Leyendo su vida, le llegas a tener un cariño increíble, porque es una mujer que supera sus sufrimientos”, dice la autora, quien empezó la escritura de esta biografía ficcionalizada sin más referencia que el libro ‘Dolores Veintimilla, asesinada’, de Gonzalo Humberto Mata, el primero en reivindicar la atacada imagen de la poeta quiteña. “Necesariamente, la llegas a comprender”, agrega, y afirma que este es, probablemente, su libro “más auténtico”. 


De a poco y sin saber cómo, noticias, cartas y archivos fueron encontrando el camino a sus manos curiosas: “Eso es lo hermoso cuando escribes sobre un personaje, que este encuentra eco y llega. Escribir es una maravilla, porque te hermanas con gente desconocida”.

¿Cuánto de usted misma puso en el personaje de Dolores?


Yo no lo sabía. Ahora, al cabo de los años, me doy cuenta de que puse todo. Todo lo que no hay en otras novelas. Es muy íntima. 

Veintimilla fue rechazada por ser una mujer intelectual. ¿Ese rechazo seguía vigente en la época en que usted publicaba?


A la altura de Dolores no, porque ella estaba sola. Tenía un marido que no se abría, y vivió en un ambiente súper religioso. Yo no tuve eso, al contrario. Sentí el mismo rechazo, pero como tenía el apoyo de mi esposo no me importó. 

¿Qué la impulsó a escribir sobre mujeres como Mariana de Jesús, Dolores Veintimilla y Cuxirimay Ocllo?


Ahora tengo amigos varones, pero en esa época no. Entonces, me hermanaba con estas con mujeres. No hacía amistad con los escritores de la época porque se habría intensificado más lo que la gente decía: ‘ella no escribió esa novela, seguro la escribió el marido’ (risas). Pero seguí escribiendo y cada novela fue más fuerte, de mujeres más fuertes, pero seguía esa duda de ‘no ha de ser ella la que escribe’. 
 

OBRA. El libro narra el fracaso del matrimonio de Veintimilla y su viaje a Cuenca, donde se suicidó.


Ella se biloca entre la mujer casada y la mujer poeta. No puede dejar de ser lo que es, porque parece que hubiera nacido con dos sexos y fuera uno y otra, y no pudiera dejar de ser ninguno”. 


Describe a Dolores y se describe ella, la niña de 12 años que se inventó un abuelo para escribirle cartas a diario. Ella que amó ser madre de cinco hijos, ama de casa y esposa, pero también amó contar. Tan inevitable fue su vocación, que mandó a forrar con corcho un armario en donde se metía con la máquina de escribir para no perturbar la calma del marido con la bulla del tecleo. 


La escritura es una cosa que te impulsa. Si no escribes, es como si dijeras ‘me estoy traicionando a mí misma, esa no soy yo’”, dice.


En Dolores vierte, también, su fastidio por el fanatismo contra el que se volcó durante sus años como alumna de un colegio religioso: “Necesariamente le llegas a coger antipatía al catolicismo. Había en el colegio un cuarto todo rojo, con un cuadro inmenso de García Moreno. Cuando lo vi, desde el primer momento me cayó mal”, recuerda la autora del polémico libro ‘Sé que vienen a matarme’. “Qué hombre tan duro, tan seco, tan falto de humanidad. Si lo rechazas a él, tienes que aceptar a Dolores”, sonríe. 


La historia de la primera poeta decapitada, muerta a los 27 años por mano propia para acabar con el acoso de la sociedad que la condenaba por ser libre, cierra con una frase tremenda: “El olvido es la segunda muerte y a veces duele más que la primera”. Siglo y medio después, su imagen renace y florece en manos de una de las principales heroínas de carne y hueso de nuestra literatura. 


Con el último apretón firme de su mano cálida, la escritora se despide y regresa al apacible retiro de una mente brillante que ha cumplido con plenitud su mayor anhelo: dejar sembrado un trozo de su alma rebelde en cada libro. 

"Al releerlo, quise a la que escribió este libro, porque supone rebeldía y yo nací rebelde”. 

Alicia Yánez Cossío.