Instrumentos que evaden toda medición, por Luis Carlos Mussó

JUL, 14, 2019 |

Luis Carlos Mussó escribe sobre el libro ‘Instrumentos para medir el viento’, de Freddy Ayala Plazarte

(Sobre ‘Instrumentos para medir el viento’, de Freddy Ayala Plazarte, CCE Núcleo del Azuay, 2018)

POR: Luis Carlos Mussó

Los helenos dividían el mundo en griego o bárbaro; y pasaban a denominar lo desconocido a base de lo que les era cercano. Por ejemplo, cuando hallaron un animal, sumergido casi siempre en las aguas del Nilo, lo llamaron caballo de río, esto es, hipopótamo.  Los ilustrados, desde sus afanes científicos, creían ver una línea divisoria entre el mundo civilizado y el salvaje; y se lanzaron en interminables expediciones alrededor del globo terráqueo con sus máquinas e instrumentos con el propósito de aprehenderlo todo.


El presente volumen de poemas se presenta con un propósito vencido de antemano y, por eso, poseedor de una fuerza descomunal y cargado de sentido. ‘Instrumentos para medir el viento’ es un juego y, a la vez como juego, es algo muy serio. Desde la portada cuya imagen, ‘La cantidad hechizada’, de Patricio Ochoa, insiste en propagar sugerencias de sentido, ¿estamos ante la visualización de la caverna platónica? ¿Estamos ante una posibilidad de la flama, rítmica como el calor que la irradia?  O los atinados epígrafes que nos introducen en un universo donde, con más peso que en otro libros de poemas, surge la  musicalidad.


Este es un potente mecanismo para recuperar saberes de una naturaleza que, tradicionalmente, ha sido soslayada: me refiero a una dimensión cuasi mítica, cuando los ritmos y las palabras se fusionaban en instrumentos. Aporta dosis de luz a un protoescenario cultural. Corrobora saltos dialécticos de un tiempo en que se daban sin ser denominados, esto es, el diálogo entre esencias, o la fusión de algunas en una sola flama pangeática, de cuando la humanidad ensayaba pasos y cada uno de ellos era un tramo que transformaba la tierra de anecúmene en ecúmene, esto es, en territorio conocido, nombrado y trabajado por la cultura y, dentro de ésta, el lenguaje. 

El ritmo


Es tangible, en este libro, la presencia de una línea discursiva de amplio ‘signatum’, recordando que este es una banda amplia de registros que van de lo histórico, pasando por lo socioeconómico hasta infinitos alcances.  Esto nos impulsa a apreciar una cartografía, en la que el lector se sabe pisando las lindes de lo concretamente fijo.  Por tanto, uno de los méritos del libro es no solo nombrar, a través de numerosas situaciones, facetas de cuando podíamos reconocernos, sino destruir el paradigma euclidiano en el sentido de volatilizar las fronteras entre las dimensiones tempoespaciales que el lenguaje registra.  Este libro no pudo haber existido sin la presencia de otros, pero la voz que los organiza ha sabido cotejar innumerables episodios de las culturas, así, en plural, en un campamento de rizomático (recordamos a Deleuze y Guattai, una vez más).  

"Este libro no pudo haber existido sin la presencia de otros, pero la voz que los organiza ha sabido cotejar innumerables episodios de las culturas”.


 


Un elemento importante de los instrumentos es el ritmo. El fraseo va tomando material de los continentes y, de paso, tentarlos con otros contenidos. Los ciclos son evidentes. Nos consultamos hasta qué punto el mundo se deja escuchar, quiero decir que los compases, los pentagramas se contagian de la música que promueven sus movimientos.  


La escritura, así, se aferra a la página de manera continua, y todos intuimos que eso conlleva un ejercicio de consistencia. Equidistante entre un despliegue de fuerzas telúricas por un lado, y la tensión entre un uso histórico y uno lúdico experimental por otro, esta lengua viva, que descuella por su gran lucidez, se distancia de aquella lengua muerta que se regodea en el drama sacralizado y, por tanto, estático.  Ayala Plazarte se expresa en estos instrumentos a través de una voz ubicua, que hace imposible hallar un eje axial ni en la dimensión temporal ni en la espacial.  No se trata de la yuxtaposición de ámbitos sino de un terso texto inconsútil, inconsútil en el sentido de carecer de costuras, que, dotada por este sujeto lírico de una potencialidad impresionante, ensaya aristas, planos, en fin, propone una geometría tan extraña que volvemos a Euclides, para negarlo. 

Elección poética


En ese sentido, esta voz pone un pie en tradiciones, una vez más nótese la importancia del plural, y propone un extraño artificio cuasicoral, debido a que nos sorprende de igual manera que si estuviéramos acodados ante el espectáculo del mundo mientras este acaecía por primera ocasión. Como sabemos, al contrario de lo que sucede con nosotros, los poetas pueden elegir sus árboles genealógicos, y Ayala bosqueja un enramado que va desde un cierto tono sibilino, hasta una propuesta formal de una partitura que permite ver entre sus paralelas sus indagaciones rítmicas.       


Instrumentos embelesa por angustioso, porque demuestra que aquí hay mucho más que lo enunciado en el lugar físico de la página, porque eslabona el teorema algebraico con la música. Porque, además, cumple con sus búsquedas como los griegos y los ilustrados, pero a través del método científico sino con uno estético que nos congrega esta noche a los lectores.      

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