Malditas cámaras

JUN, 19, 2019 | 00:10 - Por DANIEL MARQUEZ SOAREZ

Daniel Márquez Soares

Es difícil convencer a alguien de que el mundo no está tan mal si cuenta con abundante material audiovisual que confirma todos sus prejuicios. Quienes están convencidos de que Ecuador se descompone en un torbellino de violencia, exhiben a manera de argumento irrebatible las grabaciones del asesinato de ‘El Cubano’ hechas en la Penintenciaría del Litoral. Los que aseguran que vivimos tiempos de degradación moral nunca antes vistos podrían señalar como prueba las grabaciones que se afirma que dejaron personajes como ‘El Mangajo’ o ‘El Abuelo’. Y quien crea que estamos viviendo la época más bárbara de la historia humana puede, armado apenas con internet y un poco de paciencia, hallar suficiente material procedente de las guerras de México o Siria para convencerse de que nuestra falta de humanidad ha rebasado todo límite. 

El problema es que cuando algo está filmado, ya no podemos negarlo. No podemos decir que es un error de interpretación, que está sacado de contexto o que parece pero no es. Por regla general, le atribuimos el carácter de verdad a aquello que vemos. En ese proceso, olvidamos que, aunque es real, no es toda la realidad ni la única. La barbarie y el sufrimiento grabado y documentado que los curiosos tienen hoy a su disposición gracias a la proliferación de teléfonos con cámaras, de sistemas de vigilancia y a tecnologías de comunicación y reproducción baratas es verdadero, pero no es común ni abundante. Son situaciones extremadamente poco comunes sobre las que, en otra época, ni siquiera nos hubiéramos enterado. 

Imaginemos los videos que tendríamos hoy a nuestra disposición si los circos romanos, los conquistadores españoles o las tropas napoleónicas hubiesen contado con cámaras. ¿Qué pensaríamos de Ecuador si la soldadesca de Otamendi o las montoneras alfaristas hubiesen podido grabar sus excesos y circularlos por Whatsapp? A los malvados les gusta registrar y rever sus hechos atroces, y a los temerosos compartirlos. Antes, los primeros tenían que contentarse con la memoria y los segundos con el chisme. Ahora, hay tecnología. Pero eso no significa que ahora estemos peor o que antes era diferente; simplemente, lo inusual se ha vuelto fácil de compartir. No toda la realidad aparece en cámara. 


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