Éxodo doloroso

AGO, 10, 2018 | 00:10 - Por JAIME VINTIMILLA

Jaime Vintimilla

Es verdad que ha corrido mucha tinta para describir la terrible y lacerante situación de miles de venezolanos que han debido abandonar su país a causa de una cruel e ignara dictadura que ha roto todos los principios democráticos y de mínima convivencia que todo país que respeta los Derechos Humanos debería ofrecer a sus ciudadanos.

Infortunadamente esta desgarradora realidad ha mostrado nuevamente algunas de las debilidades y falencias más grandes que todavía aquejan al ser humano y a la comunidad internacional.

En el primer caso, es inconcebible que en lugar de iniciar un programa mundial de solidaridad o de reforma migratoria que ayude a estos refugiados que huyen del hambre, de la incertidumbre y de la corrupción, muchas personas han mostrado un lado sórdido, ya que han sido obnubiladas por la impaciencia, la falta de empatía y hasta por destellos venenosos de xenofobia.

En el caso de la comunidad internacional, lacerante ha sido la forma como ha manejado la presencia de gobiernos antidemocráticos y hasta connivencia ha mostrado por permitir elecciones fraudulentas y masacres aterradoras, pues los niveles mostrados “de alta preocupación” deben convertirse urgentemente en nuevos mecanismos que permitan la defensa tanto de la vigencia universal de los Derechos Humanos como la de un mínimo Estado de Derecho, desterrando así la omnipresencia de intereses obscuros y medievales que acercan a los ciudadanos a una calidad de nueva servidumbre, siempre enemiga acérrima de la libertad.

En el país, el gobierno debe continuar con el apoyo para que la ola migratoria pueda encontrar facilidades en su camino a la dignidad y además todos los ecuatorianos estamos llamados a cooperar con actitudes y obras que muestren nuestros valores no solamente de buenos samaritanos sino de reciprocidad y gratitud a un pueblo que, en su momento, nos abrió amablemente las puertas.

Las circunstancias cambian y hoy es la oportunidad para demostrar que la ecuatorianidad se caracteriza por la defensa acendrada de la esperanza, el respeto y la solidaridad. 


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