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Carmen Pardo: una mujer se enfrenta al Estado

AGO, 27, 2018 | 13:40

FORTALEZA. Carmen Helena Pardo sufrió la violación de sus derechos por más de 25 años.

Carmen Helena Pardo Noboa pasó casi la mitad de su vida con una carga: el Estado se demoró 20 años en declararle inocente de un delito que no cometió. En agosto de 1992 fue apresada por supuestamente estar vinculada a un caso de narcotráfico. Pasó 10 meses en prisión. Y solo en 2013 la Justicia emitió su sobreseimiento definitivo

Entre 2014 y 2016, planteó tres demandas en contra del Estado. La última por “retardo injustificado en la administración de justicia” está en proceso. Hoy estaba previsto el dictamen del Tribunal Distrital de lo Contencioso Administrativo, pero se aplazó una vez más. La que sigue es su historia contada en primera persona.

***

"El día en que salí de la cárcel de mujeres de Quito dije: el Estado me las va a pagar.  Le voy a demandar por la violación consecutiva de mis derechos. 

Durante la última audiencia, estaba sentada. Veía a los cuatro abogados de la Procuraduría y la Judicatura y me di cuenta de contra quién me estoy peleando. Soy yo contra un aparato judicial gigantesco. Mi hijo me dijo:

- Mami, qué macha eres.

Y pienso: ¿de dónde saqué la fuerza y la valentía?

 

Me van a matar...
“Tenía 23 años cuando mi vida se truncó. Era una niña de casa. Quería ser doctora, piloto, aunque eso estaba vetado para mujeres. También, mamá y esposa. Entré a trabajar a una aerolínea como agente de seguridad y antinarcóticos. Tenía cuatro meses de embarazo. 

Fui al trabajo a las 03:00, como todos los días. Me sortearon mi posición: control de la carga. Habían varias cajas. Llamé a la Interpol y encontró 67 kilos de cocaína. Estaba un poco asustada, esa incautación era otro nivel, un cartel. Me pregunté: ¿en qué me metí? Durante un mes, en las investigaciones, no dormí bien. 

Me llamaron a declarar una vez y otra. Me pareció raro. Fui a las oficinas de la Interpol. Los policías jugaban ‘volley’. Dos compañeros y yo veíamos telenovelas. Minutos después, entraron: 

- Están presos. Les vamos a llevar al CDP (Centro de Detención Provisional). 
- ¿Detenidos? ¿Cómo así?, respondí.

Nunca había visto una cárcel. No sabía dónde quedaba el CDP. Pensaba: me van a matar.

 

La inocencia en la cárcel te dura dos horas
Entré. El sitio, horroroso. Insólito. Sucio, oscuro, no había camas, unos colchones tirados. Caminé por un corredor y sentí como si fuera el toro saliendo a la mitad del ruedo. Había dos mujeres que yo había mandado presas. Me cogieron del cuello por detrás y me amenazaron. Una chica se me acercó, era caporal. Me dijo: te voy a cuidar. 

La inocencia en la cárcel te dura dos horas. Llegó un custodio de la Policía. Me dijo que me iba a llevar a una celda porque corría peligro. ¡No me ayudó un carajo! Me violó. 

Y yo estaba embarazada.  

No sé si eso fue lo peor. En enero de 1993 di a luz esposada y el policía me dijo: su hijo va a nacer preso. Yo rogaba y lloraba por dar a luz afuera. En el hospital, las enfermeras me destrozaron la piel con una rasuradora. Me dejaron dos horas debajo de la ducha fría. 

No pude dar de lactar a mi bebé. Nació con todas las fobias. Sus primeras palabras fueron: ayuda, auxilio. La relación madre-hijo se rompió. No vivió conmigo mientras seguía en la cárcel. Cuando salí fue difícil, no nos conocíamos. Él tenía una afección asmática crónica y absorción fetal. Pensé que había sido fuerte en la cárcel, pero le transmití todo. Me sentía mala mamá, culpable. 

EL DATO
La audiencia en el Tribunal Distrital de lo Contencioso Administrativo se postergó al 19 de marzo. 
Salí de la cárcel después de 10 meses  y dos días.

Durante ese tiempo se luchó otra batalla. Mi mamá iba a los juzgados, mi papá me traía la comida hasta que salió el sobreseimiento provisional. Mi familia pasó tantas cosas terribles: a mi mamá, por ejemplo, le botaron del trabajo, mi esposo perdió la matrícula de la universidad, a mi hermano le discriminaban. Todo porque yo era ‘la narcotraficante’. 

Salí de la cárcel y tuve que entender en el fondo de mi corazón que era inocente. Pero me maltrataron de tantas maneras. 

 

Enfrentarse a la sociedad es más duro
Yo tenía una personalidad de no dejarme. Siempre fui de las que rompía esquemas, no me dejaba maltratar por un hombre. Mis amigos me decían que era loca, pero era simplemente una mujer que hacía respetar sus derechos

Tuve que esperar 20 años. La Justicia no me dio el sobreseimiento definitivo, declarando mi inocencia, en los cinco años que determina la ley, sino en 20, pese a que a los hombres sí les daban el sobreseimiento. 

EL DATO
El levantamiento de las medidas cautelares, en registros públicos, recién se dio en 2016.
Me enfermé por las continuas visitas a los juzgados. Me crucifiqué fuera del Consejo de la Judicatura recién instaurado.

El sobreseimiento definitivo salió ocho meses después. Con esa rectificación de mi inocencia, dije: es tiempo de que el Estado me pida perdón. Puse dos demandas, por daño moral y por daños y perjuicios. Los procesos no caminaban. Fui a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En 2016 puse la última demanda por retardo injustificado en administrar justicia. Comenzó, entonces, otra lucha. Di a conocer mi caso a la opinión pública. Enfrentarse a la sociedad es más duro. 

He estado 25 años y siete meses atada a los procesos. Si el Estado no se disculpa y me resarce los daños, no me voy a quedar de brazos cruzados

Si me tengo que volver a crucificar, hacer una huelga de hambre, ir a la CIDH, pasar por 20 años más para que reconozcan que fue una violación consecutiva de derechos, yo lo voy a hacer. 

 

FRASE

Las mujeres somos fuertes, pero no sabemos hasta dónde podemos ser fuertes”. 

 

 

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