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Alejandro Querejeta reflexiona sobre la censura en la literatura

JUN, 19, 2017 |

Libros. La literatura no escapa del reproche. (Ilustración: 20minutos)

 

 

Alejandro Querejeta Barceló

 

La censura es muy antigua, así como el deseo de que se practique. La censura más conocida es la que se preocupa y ocupa de la ideología de determinados autores.


En algunos países se llegó a quemar libros y de borrar los nombres de sus autores de las historias literarias. En otros ciertos libros al editarlos fueron expresamente mutilados. Muchas obras del ruso Iván Bunin fueron ignoradas por los compatriotas de este Premio Nobel, al igual que las de Nabokov o de la poetisa Ana Aitmátova.


Los editores se cuentan entre los censores más severos. Incluso rechazan libros sobre la base de prejuicios éticos o estéticos. Célebre es el caso de francés André Gide, editor de la célebre ‘Nouvelle Revue de France’, quien en 1912 se negó a publicar ‘En busca del tiempo perdido’, de Marcel Proust, hoy un clásico de la literatura mundial.


En América Latina se recuerda el caso del rechazo de la novela ‘El reino de este Mundo’ (1949), de Alejo Carpentier, por el Fondo de Cultura Económica de México, en la época en que lo dirigía Daniel Cossío Villegas, respetable historiador y editor. Sin embargo, después del triunfo revolucionario en Cuba en 1959. Carpentier como director de lo que entonces se llamó Imprenta Nacional, quitó de ‘Moby-Dick’, la célebre novela Herman Melville, todas las referencias religiosas.


También hay familias censoras. Padres que se oponen, por ejemplo, a que sus hijos conozcan la teoría de Darwin, o que se la escamotean con tesis seudocientíficas. O quienes llegan al extremo de grapar los capítulos de una novela, para que sus esposas no los lean, por temor a las escenas que hay en ellos o las ideas que expresan.


Así ocurrió con el capítulo 8 de la novela ‘Paradiso’, de José Lezama Lima. Su compadre el poeta y crítico Cintio Vitier, católico practicante, grapó ese capítulo completo para que su esposa, la poeta Fina García Marruz, no se enterara de su contenido homosexual. No obstante los tres siguieron siendo amigos hasta la paulatina muerte de cada uno.


Durante la dictadura de Franco, a Corín Tellado los censores le prohibieron situar en sus narraciones a una mujer y a un hombre solos, dentro de una habitación con la puerta cerrada. Las fieles lectoras de la novelista española nunca supieron que la censura franquista le prohibió que las esposas de los militares españoles que aparecieran en sus novelas se enamoraran de otro hombre. Tampoco podían participar de ningún tipo de triángulo amoroso.


Qué más decir: en toda cesura hay algo inocultablemente tragicómico.



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LA FRASE


“También hay familias censoras. Padres que se oponen, por ejemplo, a que sus hijos conozcan la teoría de Darwin, o que se la escamotean con tesis seudocientíficas”.


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