Ni la plata vale

    Rocío Silva

    Una despensa bien abastecida era sinónimo de saberes; muchos jefes de hogar empleados o trabajadores en relación de dependencia,  recurrían al préstamo quirografario, porque el arroz y el azúcar se compraba por quintales, la harina de trigo, y granos secos como el maíz, el fréjol, la lenteja, el chocho, las habas, harina de arveja, de maíz calentado por un máximo de diez libras – no había como comprar más cantidades – porque se corría el riesgo de que se pongan rancias o que sean devoradas por la plaga del gorgojo; también, se compraba una caja de aceite, un atado de raspadura, una caja de latas de atún, una caja de latas de sardinas, libra de sal en grano y canguil, cuatro onzas de canela, clavo de olor, pimienta, comino, achiote, caja de mejorales, un litro de aguardiente que se combinaba con alcanfor para estricto uso medicinal.

    Un cajón de jabón de ropa (mientras más viejo y seco, más rendía), y una docena de cubos azul añil, unos cuantos paquetes de velas, un paquete de cajas de fósforos, nada se desperdiciaba, hasta el bacalao seco que sobraba de la fanesca, se guardaba para el año próximo – claro está- a buen resguardo de los gatos, que evitaban que los ratones acaben con las vituallas.

    En la plaza se compraba el tercio de papas, la olla de tres libras de manteca de cerdo, cabezas de plátano verde que era suspendidas desde el tumbado, con el fin de que conforme avanzaba su consumo se promovía la maduración de otros, el canasto de tomate pintón, el canasto de manzanas, el canasto de membrillos, se hacían mermeladas como una manera de preservarlos y se aumentaba los víveres.

    La provisión y administración de la despensa, era el imaginario de seguridad que enfrentaba la incertidumbre, rato menos pensado escaseaba y subían de precio el azúcar, el arroz, el aceite, ya sea porque una carretera estaba obstruida y no había circulación de la producción, y no se sabía que tiempo durarían los apagones que nunca eran avisados, entonces, se hacía realidad aquello de “ni la plata vale”. rsilvamayorga09@gmail.com