Malhechoras

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    POR: Germánico Solis

    Siempre tuve un respeto especial por ese ser extraordinario la mujer. Creí que todas eran bellas así fueran desengañadas, y aclamé alzando mi voz defendiendo su inteligencia cuando la tenían.  Es posible que aún mantenga esa consideración, pero he pensado que debo hacerlo con recelo, aunque confesarlo me abruma.

    En días pasados tuve una desagradable experiencia que aumenta mi discernimiento. Diré que fui espectador de un desagradable acto de ratería. La trama de la existencia nos avoca en ocasiones a escenarios que nos enseñan a desconfiar de las personas, y se hace  lamentable cuando está inmersa la figura y belleza femenina.

    Esta historia sucedió en el interior de una cafetería, tomaba sorbo a sorbo el delicioso café de chuspa. Mientras el humo se encumbraba incitando exquisitamente a mi olfato, mi inteligencia repasaba con embeleso las páginas de un libro que de rato en rato hacia se arrugue mi seño. Cuando entraron al lugar dos mujeres muy jóvenes, no hice otra cosa que dejar de leer por un momento y decir a solas que eran muy guapas. No hice ningún otro reparo mientras continúe con mi lectura.

    Seguido escuché la voz alarmada de la propietaria de la cafetería, apuntando con angustia que las dos muchachas que hace poco pidieron ingresaron acababan de robar. Al tratar de ubicarlas, como por arte de magia, se esfumaron por el portón tal como aparecieron. Al averiguar qué es lo que se robaron las dos proscritas clientes, con inusual temple repetía una y otra vez la nerviosa señora: ¡Su celular señor! ¡Su celular señor! En efecto, había desaparecido mi teléfono que a mi llegada pedí permitieran cargar la batería y que con tanta gentileza asintieron.

    Los presentes comentamos el suceso, cada cliente  tenía una versión, concluimos lamentando la pérdida, cada persona sintió pesar por no comprender como dos mujeres jóvenes y simpáticas, perdieron la honra para cometer un delito.

    El suceso sirvió para hacer una nueva amistad, asociamos el hurto con lo que ocurre en el país y en nuestra ciudad. Quedamos convencidos que hay mujeres que llegaron a la función pública y que no sólo robaron un celular, son mafias criminales organizadas para enriquecerse y saquear la nación.