Luz de esperanza

JUN, 20, 2019 | 00:05

Colombia
Liliana Cano

 

Mi historia como refugiada es algo que nadie quisiera vivir. Nunca podré olvidar ese 2 de agosto de 2012. Salir a oscuras con mis hijos, con el corazón latiendo más fuerte que nunca, con mucho miedo, pero tratando de ocultarlo en medio de la poca ropa que pudimos llevar con nosotros. En lo único que pensaba era en la vida de mis hijos, con pánico de mirar atrás, arriesgándolo todo por estar con mi familia y pidiéndole a Dios despertar de esa pesadilla.

Viajamos con mucha hambre y frío, anhelando estar en casa, pero sabiendo que no podíamos regresar y que no volveríamos a ver a nuestros familiares y amigos. Cuando llegamos a Ecuador, sin conocer a nadie, recuerdo que mis hijos me preguntaban a dónde íbamos y me repetían que tenían hambre. Yo no sabía qué responder, ni en dónde íbamos a pasar la noche, solo los abrazaba y les decía que todo iba a estar bien, mientras que mi mente explotaba de angustia sin respuesta para darles.

Gracias a Dios me informaron de una organización que trabajaba con las Naciones Unidas y hasta hoy, el apoyo que nos han brindado ha sido nuestra bendición. Nos trataron con respeto y cariño ayudándonos a orientarnos, dándonos un poco de tranquilidad. Nos enviaron a un albergue en donde vi que no era la única persona que había pasado cosas tristes. Compartiendo vivencias, me di cuenta de que todos tenemos historias muy tristes y llorábamos tratando de desahogar un poco tanto dolor que teníamos guardado.

Hoy en día, no puedo decir que he olvidado mi pasado, pues es algo que siempre tengo presente, pero con la ayuda de muchas personas he avanzado en muchos aspectos.

Gracias al apoyo que he recibido en Ecuador, hoy tengo mi emprendimiento y cada día me doy a conocer un poco más entre mis clientes. La gente ha sido muy amable y aunque no niego que he sido discriminada en varias ocasiones, hoy me siento feliz cuando voy a un grupo de mujeres refugiadas y veo que mis compatriotas y yo hemos surgido poco a poco en Ecuador. Aunque ahora Ecuador es nuestro nuevo hogar, siempre esperaremos que la verdadera paz llegue a Colombia y que algún día podamos regresar con nuestras familias.

Bendiciones para todos, sé que al final del camino se encuentra la tan anhelada luz de la esperanza.

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