No hay último destino

JUN, 20, 2019 | 00:15

Colombia
Martha Díaz
 

Aún hoy me cuesta creer que fui desplazada por segunda vez. Salí de Colombia en 1975, a los 19 años, con toda mi familia a Venezuela, que en ese momento era el país que ofrecía más oportunidades. Nos fuimos de Colombia porque la situación era difícil, y por la violencia extrema. En Venezuela mi vida fue muy feliz, conocí a mi esposo que también era colombiano y tuve a mis tres hijos y a mi único nieto. Ya en el 2014, la vida comenzó a cambiar radicalmente en Venezuela; teníamos que hacer colas inmensas de acuerdo al número de cédula para poder comprar alimentos. 

En mayo del 2018, mi hija menor salió para Ecuador y yo me quedé con mi nieto en Venezuela, y la alcancé dos meses después. Lo más difícil fue cerrar mi casa donde habíamos vivido los mejores años y traerme toda mi vida en tres maletas. Llegué a Ecuador con muchas emociones que no lograba entender si eran de tristeza o alegría. No es lo mismo emigrar porque tú así lo quieres, que verte forzado porque es lo único que te queda por hacer. Al llegar a la frontera, sentí una tristeza infinita al ver a toda la gente que huía de Venezuela en busca de una mejor calidad de vida.

Aunque he experimentado xenofobia, también he sentido el apoyo de muchas otras que abren su corazón para dar lo mejor. En Ecuador encontré varias personas que me apoyaron y que abrieron sus puertas para darnos la bienvenida a mi hija, a mi nieto y a mí cuando no teníamos nada.

Lo más importante en esta nueva etapa para mí ha sido vincularme a un grupo de gestores comunitarios conformado por varias personas refugiadas de Colombia y Venezuela. Luchamos para disminuir la xenofobia y discriminación en Lago Agrio por medio de actividades de sensibilización que fomentan la integración de las personas refugiadas.

Hoy me siento agradecida por todo lo que hemos logrado en este país y agradezco infinitamente a mi gran amigo Alexis, la persona que más nos ha apoyado en este país, abriéndonos las puertas de su hogar y brindándonos su amistad incondicional. 

No puedo decir que Ecuador es mi último destino, ya que la vida es impredecible y está llena de sorpresas, pero es justamente en estas circunstancias donde debes tener la fortaleza necesaria para enfrentar todas las pruebas que llegan. 

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