Lasso calla y otorga

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    Ni Lasso ni su equipo fueron capaces de posicionar la idea de que él es la alternativa a Correa. La gente cree que ya hubo una alternativa a Correa y que dicha alternativa fue Lenin Moreno.

    Por todo esto, prima la idea de que seguir con Lasso sería seguir en lo mismo y por ende las encuestas muestran a Arauz primero. Un ‘efecto péndulo’ perverso que paradójicamente no beneficia a la derecha, que creía que había llegado su momento de gobernar.

    Lasso desperdició la carta más importante que tenía: transmitir al electorado que ellos representan el cambio.

    Durante estos cuatro años Lasso ha callado, cediendo votos y credibilidad al correísmo. Lasso calló cuando, en octubre de 2019, los protestantes querían la cabeza de Moreno, y calló cuando este gobierno no pudo enfrentar la pandemia.

    Confió demasiado en ‘influencers’ y en una campaña tibia que ignoró el estado de ánimo de la gente, que clama por vacuna, trabajo y seguridad; calló sobre esto, para hablar de corrupción y otros asuntos que no influyen sobre las necesidades inmediatas de la gente. Una estrategia miope que solo muestra cómo el entorno de Lasso se distanció de la realidad de la gente, a menudo tildada de ignorante -con prepotencia y soberbia- si no vota por él.

    Pero los únicos ignorantes son los que creen que la población es torpe, y que callaron a Lasso incluso cuando se volvió evidente que debía distanciarse de Moreno.

    Si Lasso calla con respecto al actual mandatario y a sus colaboradores, es porque representa lo mismo. Esto entiende, y con razón, la gente. Electoralmente hablando, ser asociado con Moreno o sus funcionarios es ‘criminal’.

    Moreno se ha dedicado a correizar al país. Ha llegado el momento de hablar y otorgar más crédito a los votantes, que son sabios y entienden que con Moreno han tenido leyes que han perjudicado a la economía, a los trabajadores y a los pequeños empresarios. Por último, siguen contemplando cómo las vacunas se suministran a dedo y cómo Lasso empieza a desesperarse ofreciendo cualquier cosa. ¡Qué triste campaña!