La pandemia los obligó a trabajar en la calle

La falta de oportunidades hace que un año después del inicio de la emergencia, la gente siga en estas condiciones.

Situación. Rosalía Sánchez, se ubica en una de las esquinas de La Joya.

La emergencia sanitaria por el Covid-19 que inició en marzo del 2020 obligó a varias personas a vender productos agrícolas en las calles con el fin de generar ingresos económicos para sus familias, un año después, la falta de oportunidades laborales hace que los vendedores continúen en las calles.

En sectores de Ambato como La Joya, redondel de Terremoto y alrededores del parque Dos Culturas se puede observar estos pequeños espacios instalados en las veredas y que evidencian el incremento de ventas autónomas en la ciudad.

 

Necesidad

Cintia Pinto vende frutas y hortalizas en una esquina cercana al parque Dos Culturas, ella explicó que su madre fue la primera en colocarse en el lugar durante los primeros días de la pandemia.

“Vendiendo así se sufre, a veces no se vende bien y solo ganamos para pagar el taxi o la camioneta que nos trae”, contó la joven, quien vive junto a su madre y su hermana cerca del parque La Cantera.

Los vecinos de la zona no se quejan de este pequeño negocio, incluso muchos de ellos son los principales consumidores de los productos que lleva Cintia todos los días.

“Nos gustaría dejar de vender en la calle, pero no hay otras oportunidades para trabajar, los municipales han venido a tratar de retirarnos, pero vamos a seguir aquí”, contó la vendedora.

EL DATO
La emergencia sanitaria se declaró 
el 11 de marzo de 2020, en todo el país.

Otros sectores

En La Joya, cerca del mercado Mayorista de Ambato, se pueden ver al menos seis puestos pequeños con diferentes tipos de productos.

Una de las comerciantes en ese sector de la ciudad es  Rosalía Sánchez, quien antes de la pandemia se dedicaba a la venta de flores, “llevo meses vendiendo aquí y aunque no se gana mucho me sirve para por lo menos para distraerme”, contó.

En el redondel de Terremoto se encuentra Ester Carranza de 63 años, quien lleva un año vendiendo frutas en un pequeño puesto que improvisó con plásticos y madera.

En una pequeña silla espera durante todo el día por sus clientes, quienes en su mayoría son conductores que pasan por la avenida Bolivariana, la mujer comentó que antes de la pandemia trabajaba limpiando casas y lavando ropa. (RMC)