La masacre penitenciaria en Ecuador fue una operación planificada, con alto grado de inteligencia

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    REGISTRO. Imagen de la cárcel de Turi, en Azuay, donde hubo 33 muertos.
    REGISTRO. Imagen de la cárcel de Turi, en Azuay, donde hubo 33 muertos.

    Un experto en seguridad dice que para la perversidad de los asesinatos, en tres centros penitenciarios del país, se necesitaron armas de alto vuelo.

     La mayor masacre carcelaria de los últimos años en territorio ecuatoriano dejó 72 fallecidos, cifras confirmadas hasta el cierre de esta edición. Los asesinatos se dieron en las prisiones de Guayaquil (31), Cuenca (33) y Latacunga (8).

    Cabizbajo y nervioso, el general Edmundo Moncayo, director del Servicio Nacional de Atención Integral para las Personas Privadas de la Libertad y Adolescentes Infractores (SNAI), dijo que el problema se generó por un conflicto de bandas, por tener el liderazgo dentro de las cárceles y tomar el lugar de José Luis Zambrano, alias ‘rasquiña’, líder de los ‘Choneros’, asesinado en diciembre de 2020.

    “Esperábamos una reacción inmediata pero la reacción ha demorado y es la que se ha producido el día de hoy (ayer)”, explicó Moncayo.

    Asimismo, dijo que al menos cuatro organizaciones delictivas estarían involucradas en los amotinamientos: ‘Los Pipos’, ‘Los Lobos’, ‘Tiguerones’ y ‘Chone Killer’s’.

    ¿Dónde radica el problema?

    Según el analista de seguridad Ricardo Camacho, en Ecuador existen 38.000 presos y 1.400 guías penitenciarios -y 1.000 policías “prestados”-.

    La norma internacional señala que por cada 10 presos debe existir un agente especializado, es decir, 3.800. Pero, Camacho explica que un profesional no puede trabajar los 365 días al año. “Hay que multiplicar por el doble. Es decir, 7.600 agentes necesitan el país, para que trabajen un turno por jornada”. Esta realidad es confirmada por Moncayo, quien reconoció que el déficit es del 70%.

    Para retomar el control de las cárceles y evitar estos conflictos, se necesita urgentemente más de 5.000 agentes especializados en seguridad carcelaria, dice Camacho.

    Las preguntas que deben hacerse las autoridades o el próximo presidente, según el experto son: ¿Por qué el país no tiene sistema penitenciario seguro?, o ¿por qué no se quiere invertir en ello?

    Aunque según el especialista, el Estado siempre se hizo de la vista gorda con respecto a este tema.

    Hacen lo que quieran

    Lo ocurrido fue una operación planificada, con alto grado de inteligencia. “Dentro de un sistema débil ocurre eso (matanzas dentro de las cárceles). Hay personas descuartizadas, sólo en la cárcel de Turi hay más de 30 muertos”.

    Por el grado de perversidad en las matanzas se necesita armas de alto vuelo, como motosierras: “¿Cómo ingresó todo ese equipo y tuvieron todo el tiempo del mundo?  Eso es porque en las prisiones del país no se tiene una fuerza de reacción ante estos motines, incluso después de los asesinatos, (los presos) mandaron videos”.

    Se presume que 20 personas habrían sido decapitadas.
    No hay víctimas mortales entre los agentes policiales ni guardias del servicio de prisiones.
    En enero, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), aprobó un crédito por $45 millones para mejorar las cárceles del país.

    Situación y heridos

    La situación en las tres cárceles, en Cuenca, Guayaquil y Cotopaxi, fue controlada por la tarde con la ayuda de refuerzos policiales y militares, aunque familiares de algunos de los presos concentrados a las puertas de una de ellas aseguraban que “seguían los asesinatos”.

    El número de heridos asciende a decenas, pero hasta el cierre de esta edición no hubo una cifra confirmada, porque hasta el anochecer las ambulancias seguían entrando a las prisiones a retirar heridos y muertos.