La ilegalidad triunfante

    Carlos Freile

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    En este desgraciado país que los políticos pidan ilegalidades ya no llama la atención; tampoco sorprende ver a funcionarios encargados de cumplir la ley saltársela y burlarla día tras día, como lo hemos constatado con el Consejo Nacional Electoral. Pero que personas instruidas, probas, decentes, clamen por el cometimiento público de ilegalidades no solo produce frustración extrema sino que da para pensar, y mucho. Claman por la apertura de todas las urnas de las elecciones pasadas, saben que, según dicen los expertos, esa medida es ilegal, en otras palabras no está contemplada por la ley.

    Las justificaciones pueden multiplicarse, se apela a la legitimidad y a la transparencia, sin embargo pareciera que la mejor manera de guardar el orden es con el cumplimiento irrestricto de la ley.

    Pensábamos que solo los politiqueros sin conciencia pasaban por sobre la ley; que el único camino para devolver al Ecuador una brizna de institucionalidad era obligarnos a respetar el orden constituido e imponer esta conducta a todos, con poder o sin él, con dinero o sin él, con cargo público o sin él.

    Pero si las personas honradas solicitan violar la ley, ¿a dónde iremos a parar? Sí, sé que se me dirá aquello de los romanos: “Salus populi suprema lex” (La salud del pueblo es la suprema ley), o tal vez “Summa lex, summa iniuria” (El excesivo apego a la ley es la mayor ofensa a la justicia); sin embargo, es evidente que sin un mínimo de respeto a la ley no existe bienestar del pueblo, pues hoy se elude una norma, mañana será otra, así hasta el infinito y el reino del caos.

    En la grave situación de anomia que nos aflige, la mayor ofensa a los ciudadanos es el desconocimiento diario de la ley.

    Decían también los romanos: “Corruptio optimi, pessima” (La corrupción del mejor es la peor), con ello concluimos que si los mejores ecuatorianos piden medidas contrarias a la ley, caen en situaciones destructivas, no de su dignidad moral tan solo, sino de la institucionalidad misma del país.

    No colaboremos con quienes se burlan de las leyes en su beneficio.