lunes, junio 14, 2021

Editorial Columnistas Nacionales La desigualdad en el mundo

La desigualdad en el mundo

Dr. Rodrigo Contero Peñafiel

Vivimos en un mundo que no es igualitario. Las diferencias con los países más organizados y democráticos son muy grandes. Existen naciones donde las personas viven más sanas y por más tiempo, tienen un nivel de educación superior, pueden acceder a varias opciones en la vida: educación, salud, trabajo, carreras profesionales, actividades económicas. Las ciudades están más organizadas, la vivienda, el agua, la luz, el alcantarillado, el internet, las calles y los medios de comunicación son prioridades fundamentales para una vida sana y tranquila; la ley y el orden se respetan, lo que da seguridad a sus habitantes. En esos casos hay que reconocer que los ciudadanos eligen como dignatarios personas que están capacitadas para desempeñar cargos públicos.

La diferencia entre las ciudades de nuestro país y otras del mundo es muy evidente. La desigualdad tiene consecuencias no solo para la vida de las personas, sino también para la política; dirigentes que dicen practicar la igualdad social esconden sus responsabilidades tras discursos de coyuntura y culpan de su incapacidad a los países progresistas, el capitalismo, la empresa privada y los empresarios. Cualquier pretexto es bueno para hacer de la política un campo de batalla. Confunden al pueblo para alcanzar la popularidad que les permita llegar a ocupar posiciones burocráticas sin conocimiento alguno. El engaño populista funciona, siembra el caos, el desgobierno, las ambiciones personales y la corrupción.

Es obligación de todo ciudadano, que participe o no en política, entender por qué existen estas diferencias, para no ser víctima de la irresponsabilidad, el odio y la sinrazón de quienes desorganizan las instituciones, instauran oscuros procesos de corrupción, eluden responsabilidades, confunden a la justicia con argucias de toda naturaleza que les permite salir bien librados, terminan con la ética, la moral y la dignidad del país, dicen ser víctimas de la persecución política y buscan asilo en gobiernos populistas donde pueden esconder sus fechorías. Un país es próspero cuando sus instituciones son coherentes, construyen procesos administrativos adecuados y evitan ocupar políticos audaces.

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