Lo acusaron de cómplice  del robo de un celular y fue condenado a nueve años de prisión, de los cuales  pagó  tres en el reclusorio de Esmeraldas.

Esther Valencia Quintero, como todos los días, el martes 23 de febrero, acudió a su trabajo de doméstica, y mientras realizaba los quehaceres, estaba lejos de saber sobre los amotinamientos que se suscitaban en cuatro cárceles del país, y que su segundo hijo era víctima de la masacre que ocurría en el reclusorio de Turi en Azuay.

De pronto una llamada telefónica a su celular, la dejó en silencio cuando le dijeron que a su hijo Cristian Cortez Valencia, de 21 años de edad, estaba entre los asesinados al interior de la cárcel. “Me quedé sin voz, no sabía qué  hacer, mi patrona me preguntaba que me pasaba y trató de calmarme;  solo una madre sabe lo que sentí en ese momento”, comentó la atribulada mujer, mientras se le escapaban las lágrimas.

Esa misma noche viajó hasta Machala para de ahí emprender el viaje a Cuenca, fue directamente al Centro Forense donde encontró a su hijo prácticamente decapitado, la cabeza le pendía de una fina capa de piel; le cortaron una de sus manos, le asestaron una puñalada en el tórax y otra por las costillas, y para finalizar lo quemaron, lo que hacía presumir que  sería difícil reconocerlo. No obstante, pudo identificar a su vástago porque meses antes se había tatuado  en el pecho el nombre de su mamá, Esther y la fecha de su nacimiento.

 

Cómplice

La desconsolada, madre de seis hijos, de los que ahora quedan cinco, desconoce con certeza qué pasó con Cristian, pero asegura que él no era parte de ninguna banda organizada; con pena reconoció que el joven fue a prisión porque andaba con unos ‘amigos’ quienes robaron un teléfono celular y su hijo fue acusado de cómplice, recibiendo una sentencia de nueve años.

Purgó tres   años en la cárcel de Esmeraldas y sorpresivamente fue trasladado junto a 40 reclusos, entre ellos, un amigo con quien se trababa de primo, y a quien conocían  como ‘Mamón’, pero su nombre era Jhon Jairo, el apellido materno Cañizares, de 21 años de edad. Ellos el día de la masacre cumplían un mes de haber sido cambiados de cárcel.

Una amiga de las víctimas que llegó ayer a la casa del duelo, mientras observaba el féretro, comentaba que la masacre primero empezó por Mamón, y Cristian intentó defenderlo, pero sus verdugos acabaron cruelmente con la vida de los dos.

Sepultado en Cube

Cristian Cortez Valencia será sepultado hoy, viernes 26 de febrero, en el cementerio de la parroquia Cube, en el cantón Quinindé, donde vive parte de su familia. Amigos y familiares acompañaban en el velatorio y colaboraban con las necesidades de los deudos.

El día del asesinato de Cristian Cortez Valencia, 
cumplía un mes de ser trasladado de la cárcel de Esmeraldas a la de Turi en Azuay.

En las revueltas ocurridas en las cárceles de Guayaquil, 
Turi en Azuay, y Cotopaxi, dos jóvenes de Esmeraldas fueron asesinados. 
Ayer eran velados: uno en el barrio Santa Martha y otro en la Isla Piedad.