La Asamblea en disputa

    Giuseppe Cabrera

    El 14 de mayo se define mucho de la gobernabilidad política de los próximos 2 años de gobierno de Guillermo Lasso. La ley y la Constitución, no dicen nada parecido a que el legislador más votado o el partido con más asambleístas tiene que ser la fuerza que coloque Presidente y, tampoco los manuales de Ciencia Política apuntan a que eso sea o no lo democrático, en teoría cualquiera de los 137 legisladores puede optar por la Presidencia de la Asamblea Nacional, en la práctica, en realidad solo 3 bloques tienen capacidad real de nominar un Presidente, me refiero a UNES o la revolución ciudadana, el bloque ID-PK y el de PSC-CREO, la primera mayoría que es la del correísmo, es la que la tiene más complicado, con la derrota de su candidato Presidencial no tiene nada que ofrecer y poco, por lo cual reclamar dicho espacio, el bloque más grande que le sigue es el de Izquierda Democrática y Pachakutik que han firmado un acuerdo programático que les acerca a los 50 legisladores y, se requieren 70 para hacerse con el poder legislativo, por lo que, requieren del apoyo de los partidos de la alianza electoral PSC-CREO, quienes ya han dado algunas declaraciones apuntando a que apuestan por la candidatura de Henry Kronfle del PSC, lo que en realidad sería un error político grave.

    Lasso, necesita dar señales de consenso y ceder la Presidencia del legislativo, más cuando apenas tiene la quinta bancada legislativa y, su socio, el PSC, es apenas un aliado temporal, por lo que, deberían dejar que el bloque ID-PK, presenten a su candidato de consenso, en lo que todo apunta saldrá de Pachakutik.

    También va a ser importante no estigmatizar el votar con una u otra fuerza, legítimamente electa por la gente, sea el correísmo o Lasso y CREO.

    Otra señal positiva si Lasso no quiere tener problemas de gobernabilidad, es a quien designa como Ministro de Gobierno, que va el nexo directo entre el legislativo y el ejecutivo, es necesario que coloque en ese cargo, a una cara moderada, capaz de construir puentes y no muros.

    Finalmente, los acuerdos deben transparentarse y darse sobre la base de mínimos programáticos y no, del reparto de hospitales o el hombre del maletín.