Indicios del fracaso

    Por: Ramiro Ruiz R.

    Amaneció el día con un sol generoso. Cada rincón del paisaje estaba iluminado.  Prohibido salir de casa. Comenzamos el estado de excepción, 16 provincias está en declaración de confinamiento desde el día viernes 23 de este mes de verano y vientos tibios. ¿Qué ocurrió en marzo del año anterior? No transitó ni un carro por las calles. No caminó ni una persona, ni siquiera un perro. El silencio social era el aliado que no desapareció hasta el mes de mayo del 2020. La gente obedeció. Sabíamos poco sobre el virus, casi nada. Los habitantes del planeta se inmovilizaron primero por el miedo, después de pánico a la muerte.

    Ahora sucedió una situación similar. Sin embargo, en algunas ciudades aparecieron indicios del fracaso del estado de excepción.

    El confinamiento fue total en las 16 provincias donde se aplica el toque de queda. La mayoría de la población se quedó en casa desde las 20:00 del viernes. Las autoridades evaluaron el 24 de abril del 2021. Sin embargo, aparecieron fiestas, escándalos, personas que bebían licor en las calles.

    Juan Zapata, presidente del Comité de Operaciones de Emergencia nacional (COE), informó que se detectaron 293 fiestas en los hogares entre la noche del viernes y la madrugada del 23 de abril del 2021. La cifra subió a 123 en comparación con el mismo horario del viernes y sábado de la semana pasada. Las parrandas dieron las vueltas en Quito, Guayaquil, Esmeraldas y Machala. Bautizos en Cuenca; una celebración religiosa de Esmeraldas con la participación de más de 200 feligreses en el malecón, acariciados por la brisa del rio Guayas y el virus.

    La indisciplina ha llegado a un estado de desquiciamiento social, y no sólo en Ecuador, particularmente en las ciudades más pobladas, en Italia, Alemania, Japón, Colombia o Argentina. La necesidad de vivir junto a “los otros”, nos ratifica el cambio histórico de seres vivientes nómadas a sedentarios. En los últimos siglos nos caracterizamos como habitantes nómadas y sedentarios. Nos acomodamos en casa, pero la comunicación y el transporte globalizados facilitan la movilización por cualquier país del mundo.

    Pero no es el momento del desorden. Sólo tenemos una vida. Y una muerte. No hay una segunda oportunidad. Los parranderos valoran más una cerveza que la misma vida. Olvidaron que terminada la fiesta sólo queda basura. Ellos aprendieron a burlar el miedo y a tocar a la muerte y la autodestrucción. Esta es una muestra de la miseria moral. ¿Te duele el alma cuando pierdes a un amigo, a un hermano, a tu mujer o tus hijos? ¿Te duele?

    Miles de personas no cumplen normas. El significado y la praxis de la autoridad comienza en el hogar, les proporciona seguridad a los hijos. Si no hay autoridad, comienza el zafarrancho, y los hijos crecerán con la falla de la dependencia y la inutilidad. Los valores de la responsabilidad, el respeto a vida, la solidaridad, la pasión por el trabajo creativo, solo se establecen en el hogar. De manera similar sucede en la sociedad.

    No olvidemos que vivimos en un país pobre. Los dos últimos gobiernos se han perdido en la ineficacia; permitieron la corrupción, el tráfico de drogas, la mediocridad en la educación y los servicios de salud, desapareció el desempleo, se agigantó la crisis económica. Sin capacidad financiera no podremos comprar vacunas y no se logrará defender la vida.

    Dijo un médico que trabaja en terapia intensiva: “Presentaré la renuncia porque no tengo fuerzas para atender a los necios”. Terminamos: No tenemos el compromiso de mantenernos a salvo como país. Carecemos de la cultura de dar un paso adelante y buscar la solución en nombre de la sobrevivencia.