miércoles, agosto 4, 2021
Editorial Columnistas Nacionales Hungría 1956, ¿Cuba 2021?

Hungría 1956, ¿Cuba 2021?

Carlos Freile

En 1956 el pueblo húngaro se levantó contra sus opresores comunistas y fue reprimido con extrema dureza. Conforme los focos de resistencia popular iban cayendo bajo el fuego de los soldados del régimen, por la radio pedían ayuda a las democracias occidentales en defensa de la libertad y de los derechos humanos. Esa ayuda no llegó. Para muchos hombres comunes de los países libres fue un amargo desengaño: con mil pretextos las dictaduras comunistas eran aceptadas y hasta apoyadas por diversos grupos de opinión.

¿Con Cuba se repetirá la historia? ¿Al final ni se contarán los muertos, ni se buscará a los desaparecidos, ni se recordará a los encarcelados? Alguien me dirá que la situación de Cuba hoy es diferente a la de Hungría en 1956. Y tendrá razón, pues a la Isla no llegarán los tanques soviéticos ni las tropas del Pacto de Varsovia. La solidaridad internacional podría alcanzar niveles y resultados insospechados.

Ahora como entonces muchos intelectuales “progresistas” miran para otro lado; otros han vuelto a encontrar hoy el pretexto de afirmar que el castrismo no ha sido nunca auténtico comunismo, lo que ya afirmaron de los regímenes de Europa Oriental después de la caída del Muro de Berlín. Pero, como decían los filósofos medievales, contra los hechos no valen los argumentos: todos los regímenes comunistas, algunos llamados socialistas, inspirados en Marx y Lenin, han llevado a sus pueblos al hambre, la miseria y la opresión; no importa dónde se hayan impuesto; no hay país de esa tendencia que no haya acabado mal. 

¿Qué haremos los latinoamericanos por el pueblo de Cuba? ¿Cómo podremos ayudarlo a salir de la esclavitud? Francamente no lo sé. Solo atino a expresar aquí mi condena a esa horrenda dictadura, caer en el lugar común de publicar mi solidaridad con la gente que llena las calles y plazas cubanas, rechazar, sin consecuencias prácticas, la represión impuesta por el régimen comunista.

Me queda también, con cierto egoísmo, pedir a Dios que libre al Ecuador de caer en manos del comunismo, aunque le pongan otro nombre.

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