¿Hija de la malicia?

    Por: Nicolás Merizalde

    No tenía ganas de escribir sobre política, pero la municipalidad ambateña parece no escatimar esfuerzos en contradecir la opinión ciudadana y acrecentar esa fama de ineficiente ganada a pulso. Empeñada en seguir ejemplos de manifiesta inoperancia como Guayaquil o el aun más trágico caso de Quito, el alcalde, junto a concejales de tendencia populista han promulgado la eliminación de la Comisión de Fiscalización, la obstaculización de la participación ciudadana en las sesiones del Concejo y el cambio de presidencias en las comisiones justo cuando la Vicealcaldesa ha comenzado a dar señales de independencia, comprimidas por su poca vivacidad política. Ante estos despropósitos, ¿Cómo no aporrear el teclado?

    Argumentar que eliminando la comisión no se impide fiscalizar es como decir que derrocando la garita no se afecta el trabajo del guardia. Se trata de una limitación muy conveniente para disfrazar todo proceso bajo la tapadera de la persecución política, además de reducir la fiscalización a una lucha individual y cuando no, partidista. No se ha eliminado la participación ciudadana, pero por supuesto que se han puesto zancadillas contra colectivos y ciudadanos que deseen manifestarse a viva voz ante el Concejo. ¿Qué beneficio podría traer dejar la silla vacía más vacía que de costumbre?

    Al Dr. Altamirano le han vuelto a crecer los enanos y no ha encontrado mejor remedio que aliarse con el populismo, ceder a las presiones de la Eeasa a pesar de ser el paladín de la planificación (que ahora duerme el sueño de los justos) y tomar medidas que sacrifican la confianza en favor del control, lo que en buen romance no deja de ser un asomo de autoritarismo. ¿Errores de buena fe, o exceso de astucia? Como el mutismo ha sido la gran respuesta de esta administración, cabe preguntarse ¿No será la inoperancia hija de la malicia?