El Andino aún rueda en Quito

ENE, 27, 2009 |

Fueron contraídos hace 30 años y todavía se lo ve circular por la ciudad. Sus dueños les han hecho cambios para mantenerlos vivos.
Entre los autos modernos que hacen gala de sus cero kilómetros, se abre paso en Quito un clásico criollo. Con su carrocería cuadrada, pequeñas ventanas, plumas que salen desde la parte superior del parabrisas y sus transformaciones, atrapan las miradas de la gente.

Se impone aún después de más de 30 años de haber sido el auto de moda. Es que fueron los primeros carros fabricados en el país, el tradicional Andino.

La Floresta es uno de los barrios donde se lo ve a diario. Luis Cepeda, carpintero, es dueño de un Andino Miura de 1979. Se enorgullece al decir que su auto es un clásico de clásicos y que no lo cambiaría por uno moderno.

Lo tiene estacionado frente a su taller. “Este carrito carga hasta ocho quintales. Es muy servicial, por eso lo tengo aquí porque me sirve para llevar los materiales cuando voy a hacer un trabajito y lo mejor es que no consume mucha gasolina”, dice.

Mientras abre la puerta del conductor, explica que todo es original. Demuestra que el tablero, volante y asientos son tal como eran fabricados en aquella época. “Sólo el motor no es original”, agrega al tiempo que señala que hasta los vidrios son de la marca Induvit, empresa ecuatoriana que elaboraba los parabrisas y ventanas de ese automotor.

Mirando la chapa de su puerta, que se asemeja a una aldaba de metal de portones antiguos, se acuerda que tampoco conserva esa pieza. “Esa la adapté porque como es muy antiguo y dejaron de ser fabricados en el 79, ya no hay repuestos”, añade.

Asegura que tras ese volante ha viajado hasta Guayaquil y que no le ha dado problema. “Es muy bueno. No lo cambio por eso, porque máximo puedo ir a más de 100 kilómetros por hora y eso me libra de accidentes. Además, sólo consume 10 dólares de gasolina por cada 80 kilómetros”, concluye.

Le arreglan hasta el final
En otro punto de la ciudad, al sur, el mecánico Jaime Benítez pule los últimos detalles para dejarle como nuevo a su Andino de 1977. De igual forma que el Miura de Cepeda, lo tiene estacionado afuera de su lugar de trabajo, en plena calle Paquisha.

Un ayudante del taller limpia con gasolina las fallas de pintura. “Es que le estoy reconstruyendo para dejarle como nuevo”, dice Benítez al tiempo que muestra que hasta le cambió los asientos y el volante.

En los próximos días lo pintará de blanco. Mientras tanto, dice que lo utiliza para todo. “Es buen carro, aunque ya no tiene el motor original, pero la carrocería es fuerte. Hasta ahora sigue intacta, sólo faltaba pintarle”, finaliza.

Unas cuadras más abajo hay otra mecánica. Allí un Andino pintoresco da la bienvenida a los clientes. Se trata de un ejemplar de 1976, que sólo conserva la parte delantera. El resto de la carrocería es de madera. La puerta se asemeja a una puerta de casa pequeña, pintada de colores.

Por dentro está forrado con cuero para evitar que entre el agua cuando llueve. Su propietario, Guillén Reyes, aunque reconoce que lo quiere mucho por lo bueno que es, dice que lo venderá porque necesita dinero.

En La Magdalena hay otro. Sólo que éste está varado hace tres meses. “Se me fueron los frenos, pero de allí está todo bien. Funciona a la perfección”, asegura su dueño, Marcelo Cadena, trabajador de una mecánica del sector.

El Andino, ‘el auto divino’, no deja de rodar y sigue sirviendo fielmente a sus dueños para viajar, cargar, pero sobretodo para recordar una industria automotriz que a pesar de los años, sigue en la mente de los quiteños.

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