Si no es golpismo, entonces ¿qué es?

Hackeos a sistemas informáticos de entidades gubernamentales (telecomunicaciones y tránsito) y bancos. Un ataque -aún sin aclarar- al radar de Montecristi, que detecta sobrevuelos de narcoavionetas en las costas de Esmeraldas, Manabí y Santa Elena. Pregunta: ¿quién terminó el acuerdo de la Base de Manta y abrió el país a los narco carteles? Correa.

Bloqueos de carreteras por los arroceros en la Costa, barricadas y destrucción de árboles por los indígenas en la Sierra y destrucción de plazas en Quito, atribuida al movimiento “guevarista”. Adicionalmente, la comisión de asuntos constitucionales, encabezada -obvio- por correístas y Pachakutik, “parió” un informe patidifuso -¿redactado por “Chucky Seven”?- sobre los “Pandora Papers”, donde dicen que hay “conmosión” (así escribieron) interna, para juzgar al presidente Lasso en la Asamblea.

El lenguaraz del ático belga (implicado en muchos casos de corrupción con sentencia y otros, como el lavado de dinero con el sistema Sucre), no tardó en declarar algo copiado textualmente en el informe de marras y no esconde sus intenciones golpistas: “tenemos un presidente en ejercicio que es una vergüenza a nivel mundial”. ¿Está seguro Correa, que es prófugo de la justicia?

Disimula deseos y dice: “no somos nosotros los que intentamos desestabilizarlo, son 600 periodistas de 90 países los que han encontrado las pruebas”. Él, tan “respetuoso” con la prensa en diez años de carajazos (perdón, desgobierno). “De sus artimañas en las guaridas fiscales”. En serio, Rafael: ¿y los misteriosos vuelos de los aviones presidenciales, los sobornos del caso Odebrecht y los pagos para su seguridad en Europa, a cargo de un tal Oglietti, depositados en paraísos fiscales?

“Las pruebas son abrumadoras”, dice el caudillo neopopulista. “Incumpliendo la ley ecuatoriana y los principios morales”. Correa habla de moral como Ortega y Maduro niegan sus crímenes en Nicaragua y Venezuela. “Incurriendo en delitos como evasión de impuestos, testaferrismo y perjurio”. ¿Recuerda Correa cuando sacó dólares a Bélgica sin pagar impuestos y cuando dijo que si le descubrían delitos “se pegaba un tiro o renunciaba”?

Rafael se emociona: “usted tendrá que dejar su cargo en juicio de la Asamblea o anticipando elecciones y ahí veremos quién es quién”. El golpismo en toda su naturaleza. Lo mata su insoportable levedad del ser (pero con millones de dólares que, según su hermana, se llevó bien, porque “el país debe estarle agradecido”). Si eso no es golpismo, entonces ¿qué es?

El Parque Jurásico ecuatoriano

No solo fue Frankie, el dinosaurio, en la ONU alertando sobre el peligro que amenaza al planeta por el daño al medio ambiente, la depredación del bosque amazónico y africano, los mares en peligro y el deshielo de los polos. Los dinosaurios no se extinguieron: cambiaron de forma. Son humanos que creen que todavía viven en la era cretácica o en el pleistoceno.

Son de carne y hueso. Eso sí, respetan los interminables feriados para “tomar impulso”, como si la lucha reivindicativa debiera tomarse días de pausa. Ellos sí protestan por subsidios a combustibles fósiles y hacen reivindicaciones sacadas de algún manual de la izquierda jurásica (el libro rojo de Mao). No saben que en la Cumbre Mundial sobre el Medio Ambiente (COP26) de Glasgow se debate sobre la eliminación de carburantes fósiles contaminantes para reemplazarlos por energías limpias.

Pero Iza, Yaku Pérez, Erazo, los yasunidos (“yasubsidios“), los “guevaristas”, los mariateguistas y otros, autonombrados líderes de colectivos sociales e indígenas piensan solo en su bienestar y usufructuar el poder que lograron destruyendo ciudades, rompiendo adoquines, quemando y talando árboles. Tan ambientalistas y ecologistas que son…

No se enteraron de que el presidente al que acusan de antemano (¿son también adivinos?) de querer explotar más petróleo en el Oriente y minería en otras zonas, acaba de hacer uno de los anuncios más importantes en materia ambiental: la ampliación de la reserva marina de las Galápagos (junto con Colombia, Panamá y Costa Rica). 60 mil Km2 que serán un laboratorio para desarrollar investigaciones científicas.

Lasso también dijo en Glasgow que el país busca una transición energética a “un desarrollo ecológico, productivo y sostenible” y que hay una propuesta concreta para canjear deuda por conservación. Lasso, tan “enemigo” del medio ambiente, mientras Correa les dijo a los alemanes que “cambien sus donaciones en centavitos y se las metan en las orejas”, tras el fracaso de la iniciativa Yasuní.

Algo debe hacer la izquierda jurásica. Dinosaurios que quieren imponer sus caprichos. Se dicen defensores de la naturaleza pero quieren subsidios a los combustibles y talan árboles para hacer barricadas. ¡Ah!, pero eso sí, solo de lunes a viernes en horario laboral, jamás en feriado o fin de semana. Las chacras y terrenos de los líderes indígenas y oficinas de los viejos sindicalistas deben preservarse, con sus privilegios. El Parque Jurásico ecuatoriano debe ser declarado “patrimonio tangible de la necedad”.

¿Estados paralelos?

¿Qué buscan Leonidas Iza, la Conaie, Unidad Popular, la UNE, los sindicalistas y los socialcristianos? Aunque ellos crean que sus intenciones son las mejores, nunca las podrán llevar a la práctica en el mundo real. Viven realidades alternas, en otro tiempo o pretenden formar estados paralelos. Hay que ver qué pasó en la ex Yugoslavia, que vio fragmentar su territorio hasta desaparecer. Vale recordar que Tito era comunista.

“La luz al final del túnel proviene de la afirmación creída, buscada e impostergable: Comunismo indoamericano o barbarie”, escribía Iza en Estallido. En la Constitución consta “el derecho a la resistencia” (Art. 98). Pero ¿resistir es oponerse porque sí, generar violencia y destruir Quito? Exigieron congelar el precio de los combustibles y Lasso lo concede (cede). Piden ajustar la reforma tributaria y discutir la reforma laboral y Lasso lo concede (cede), aunque en la caja fiscal no hay recursos.

¿Qué quieren? ¿El Ecuador es su país o viven en estados paralelos? ¿Son parte de la solución o del problema? ¿El país en el que viven todo se resuelve con caprichos y carajazos de sus dirigentes? De los correístas no se espera nada. Se sabe lo que quieren: perdón, olvido e impunidad de los delitos de una década de atracos y latrocinios. Unos están en la cárcel y otros fugados y, desde Bélgica, dictan cátedra de una ética que no tienen.

O viven en otro país o en estados paralelos donde ellos hacen, literalmente, lo que les da la gana. No parece que el Ecuador es su patria. Anteponen símbolos ancestrales como la huipala, la bandera de una ciudad (de la que se creen dueños) y la hoz y el martillo (ya extemporáneos). Otros añoran un país que Correa dejó en soletas.

Los sindicalistas, arroceros y políticos viven en otra época, cuando el Estado daba a manos llenas y que a muchos de ellos les permitió vivir sin trabajar. Tatamuez lidera más de veinte años a los trabajadores y ha estado presente en todos los intentos de subvertir el orden. Su colega Erazo aprendió esa técnica. Son como Iza. No quieren que el país camine ni mejorar la situación de sus bases.

Estos grupos, excepto los socialcristianos, siguen con la letanía del “paquetazo” o “garrotazo” económico y acusan al gobierno de seguir consignas neoliberales del FMI, cuando neoliberalismo nunca ha habido en el país. Demostraron que existe la cuadratura del círculo. Y en eso andan, apelando al miedo del pueblo, a amedrentar y atemorizar a cualquier gobierno (ya tienen experiencia). Definitivamente parece que viven en Estados paralelos.

¿Quieren repetirlo otra vez?

El auto de Marty Mc Fly viaja al pasado. Es 1999. Jamil Mahuad cuenta: …“las fuerzas políticas en el Congreso se atrincheraron nuevamente: PSC, ID, Pachakutik, PRE y MPD. La Conaie y las organizaciones sociales identificadas con la izquierda se sumaron a ellos” (pg. 347). “Muchos se preguntaban qué querían los socialcristianos: no participaban en la mayoría, se encargaban de que el Gobierno tuviera más obstáculos, se oponían a todo …” (pg. 393).

Según Mahuad había -hay- tres trampas en cierta opinión pública, el sector privado y la oposición: indecisión (grandes temas empantanados por diferencias políticas), veto puro y simple a las propuestas del gobierno de turno y maniqueísmo (rechazar o aprobar ideas sin análisis) que “se habían apoderado del Ecuador para finales del siglo XX y conspiraban contra su progreso”. (pg. 357)

La Conaie rompía diálogos y anunciaba movilizaciones. Su líder, Antonio Vargas -tío de Jaime Vargas-, decía que “podría desatarse una guerra civil”. Según Mahuad (pg. 360), en su libro Así dolarizamos, Vargas no buscaba “la sucesión presidencial ni nuevas elecciones, sino un gobierno de salvación nacional” y “tomar el poder por la fuerza” (pg. 428). El Frente Patriótico se sumaba y pedía la renuncia del gobernante.

Los indígenas usaron la dolarización y atacaron al “imperialismo” y al gobierno “que, según ellos, seguía mandatos del FMI”, para justificar un nuevo gobierno nombrado por asamblea popular. “Nos acusaban de seguir los mandatos del Fondo”. Se tomó la decisión “contra la opinión del organismo”, según el exmandatario (pg. 479).

Enero del 2000. Mahuad anota: “la Conaie marchó a Quito para instalar el ‘parlamento popular’ (pg. 483). El 21 de enero la marcha indígena llegó desde diversas provincias al parque del Arbolito (cerca del Congreso y la Corte). Cinco mil personas reunidas en el Ágora de la Casa de la Cultura dijeron que “el ‘parlamento popular’ tenía legitimidad suficiente para escoger al nuevo Gobierno” (pg. 489).

Al grito de “que se vayan todos” -los poderes del Estado-, actuaron violentamente contra civiles. “El 20 de enero rodearon la Corte y la Contraloría e impidieron por horas que salgan funcionarios”. Por la noche salían “en fila india” (pg. 490). En la mañana, un grupo de militares entró por la fuerza al Congreso y anunció un triunvirato (Lucio Gutiérrez, Vargas y Carlos Solórzano, expresidente de la Corte). “El primer golpe de Estado en el nuevo milenio”, rememora Mahuad. El Delorean vuelve al presente. ¿Quieren repetirlo otra vez?

Esto huele a golpismo

Demasiadas coincidencias y extrañas relaciones entre correístas, socialcristianos, Pachakutik, la Conaie e Izquierda Democrática. ¿Qué quieren? Lo mismo de hace dos años: desestabilizar y tumbar al gobierno. Mostraron las garras en octubre de 2019 y quieren hacerlo en octubre de 2021. No cambió nada.

Es incómodo tener en la asamblea un personaje disruptivo que investiga “en las entrañas del monstruo” las componendas y trafasías de los legisladores (glosas y más). Villavicencio incomoda a Llori, a Quishpe, a Pachakutik, a los socialcristianos y al otrora partido naranja (ahora un poco verde flex) y les molesta que un presidente “de derecha”, que no es parte del status quo, les ofrezca toda su información sobre los Pandora Papers (y por eso lo quieren llevar a juicio político). ¿Esto habría pasado con Correa?¿serían asambleístas?

Mientras ellos ganan casi $ 5 mil, 7 de cada 10 ecuatorianos -literalmente- “se la rebuscan” para llevar pan a sus familias. Para ellos la propuesta de ley de Lasso atenta contra los derechos laborales (de 3 de cada 10). No les importa la inseguridad, la crisis carcelaria, la pobreza o la maternidad casi infantil. Quieren bajarse al gobierno.

Se acostumbraron a un jefe que los carajee, desde el Fortín, Isla Mocolí, Carondelet o el ático belga. A los socialcristianos nada les cuadra (ver la “cuenta regresiva” vía Twitter de Luis Fernando Torres). Los correístas quieren el poder para tener impunidad y librarse de personajes incómodos (algunos jueces, el contralor, la fiscal, el procurador). Los indígenas (más bien Leonidas Iza), insisten en que se congele los precios de los combustibles. Si no, “vuelve octubre” y que el país se vaya al diablo.

El impresentable Andrés Arauz quiere pescar a río revuelto y pide elecciones. A propósito: ¿Qué llevaban en los aviones presidenciales a paraísos fiscales en tiempos de Correa y por qué un tal Oglietti le pagaba de cuentas offshore la seguridad al expresidente en Europa?

No se entiende por qué los indígenas se unen a los que los agredieron (el mismo Quishpe o Lourdes Tibán). Y la alicaída Izquierda Democrática, de buen papel en las últimas elecciones, hasta anuncia candidato (Hervas). En el retorno a la democracia a la ID se la identificaba como el avestruz…

Lasso les desagrada. No les gusta su llamado a dialogar. La falta de tino político y los índices de aceptación del gobierno (que van bajando), pueden llevarlo a jugarse por la muerte cruzada, que puede ser un salto al vacío. El país demanda soluciones, pero esto huele a golpismo…

¿Un estado paralelo?

Hace casi 250 años, Eugenio Espejo denunciaba la situación de las cárceles. “En vez de corregir a los detenidos, los dañaban más”, dijo. Nada cambió. No se puede hablar de la crisis carcelaria -200 asesinatos, entre febrero y septiembre de 2021- sin recordar los “elefantes blancos” de Rafael Correa. Inmensos centros de detención (Latacunga y Guayaquil) que no vigilaron prisioneros, sino que sentaron las bases para su operación delictiva.

Cuando el presidente García Moreno, en el siglo XIX, ordenó construir el panóptico (penal), quiso tener a sus enemigos en el mismo lugar. Bajo esa lógica, Rafael Correa edificó gigantescas estructuras que generaron más hacinamiento. En 2008 había alrededor de 8 mil presos y ahora se llega a más de 30 mil. En la Penitenciaría del Litoral no cabe un recluso más, además de su precariedad. Los expertos dicen que es más fácil vigilar presos en espacios pequeños. Ahora ni siquiera se puede hablar de rehabilitación.

No se debe enfrentar el problema con militares y armas ni con populismo penal: más leyes, castigos, abuso de la prisión preventiva, juicios irresueltos, presos sin sentencia por años o guías haciendo el juego a los caporales. No sirven solo estados de excepción. Como dice Ramiro García, es “delincuencia desorganizada”, porque en la cárcel se debe hablar con varios, no con uno. Además, estos grupos delincuenciales captaron poder político e influencia en el régimen de Correa.

Mientras tanto, luego de la muerte de “rasquiña” (diciembre de 2020) hay una lucha por el liderazgo criminal en la cárcel y en la calle. El negocio de la droga es muy productivo como para dejarlo a los rivales. No solo para los “Choneros”, “Chone Killers”, “Lagartos” u otras bandas sino también para los narco-carteles mexicanos (Jalisco, del Norte o Sinaloa).

Decapitados, cadáveres quemados, balaceras, drones y tecnologías de ataque. Aunque el problema está en la cárcel, puede desbordarse. En México el narco penetró al poder político y lo corrompió hasta lograr una especie de cogobierno, mientras en Colombia el Estado abandonó zonas de frontera (Venezuela y Ecuador) y dio vía libre a los disidentes de las FARC o al ELN (asociados con carteles mexicanos) para llevar la droga a EE. UU. o Europa, sin olvidar al narcoestado de Venezuela.

El riesgo sigue y requiere firmeza, pero no solo con armas, más cárceles o leyes. Si se lo enfrenta mal se puede estar creando un estado paralelo en manos de las mafias de los carteles y las bandas y quizás sea demasiado tarde cuando se quiera dar una solución.

¿Será que Quito se libró de Yunda?

Yunda se atornillaba a la alcaldía. Con grillete en su tobillo, doce investigaciones en su contra por corrupción y las sinvergüencerías de su hijo reguetonero (para él no eran delitos). Cuando el TCE rechazó denuncias contra Yunda por infracciones electorales, al no acatar la resolución de remoción del Concejo Metropolitano, hubo dudas sobre el organismo electoral.

Hubo más dudas con la jueza Domínguez y los jueces del tribunal provincial (Mariño y Vera), que allanaron el regreso de Yunda a la alcaldía. Mientras tanto, éste ganaba tiempo dilatando los procesos en su contra. Una jueza que lo favoreció se “enfermó” para no ir a la audiencia en que se le formularían cargos por presunto tráfico de influencias.

La correlación de opositores y partidarios en el municipio se movía por conveniencias ocasionales, mientras la ciudad seguía en anomia. El Pleno de la Corte Constitucional aceptó la acción extraordinaria de protección que planteó el concejal Santiago Guarderas contra Yunda, la jueza Domínguez y los jueces de la Corte Provincial, Raúl Mariño y Cenia Vera. La interpretación constitucional decía que los derechos constitucionales de Guarderas fueron vulnerados. Así, Jorge Yunda dejó de ser alcalde. Se esperaba está resolución con angustia y recelo.

Antes de irse, Yunda buscó aprobar rápidamente el modelo de gestión del Metro. En la Corte Provincial afronta un juicio por peculado en el caso de las pruebas “chimbas” de COVID (el fallo se conocerá en octubre).

Quito es un barco al garete. El presupuesto anual no se ejecutó ni en 25% (hasta septiembre). La empresa que construyó el Metro (Acciona, que tuvo como aliada a Odebrecht), utilizó en la obra acero que no pagó a Acerías del Ecuador y el dinero recibido fue a un fideicomiso fuera del país. Hubo cinco gerentes del Metro en dos años. ¿Cuándo arranca el metro? Ya mismito…

Yunda dijo que acudirá a instancias internacionales por su remoción. Bajo su mando, Quito perdió liderazgo mientras se acerca el bicentenario de la independencia. Obras de remiendo (letreros encementados, adoquines, media cuadra pavimentada o la cancha de fútbol en un barrio) y temas sin resolver: delincuencia, bacheo, recolección y tratamiento de basura, educación o reactivación productiva.

El presidente de la Cámara de Comercio de Quito, Carlos Loaiza, dice que es un problema de gobernabilidad. Ni una ordenanza para la reactivación económica, “cuando, por ejemplo, los municipios de Guayaquil y Cuenca ya las tienen”. ¿Será que Quito se libró de Yunda?

¿“Guaya Kill…”?

El Guayaquil de los Bucaram era una cloaca. Embajadas, agencias de viajes y aerolíneas advertían de no viajar allá. Basura en las calles, no había servicios básicos y estar en algunos lugares era jugarse la vida. Ciudadanos de un nivel socioeconómico se movieron de sectores tradicionales (Urdesa, Ceibos, la Kennedy o el Centenario) a nuevas urbanizaciones (Samborondón o La Puntilla). Al mismo tiempo, crecieron invasiones y suburbios en cinturones alrededor de la ciudad.

En 1992 fue electo como alcalde León Febres Cordero e inició un plan de rescate. Cerró la alcaldía para fumigarla. Modernizó muchos sectores, hizo avenidas, parques y monumentos. Su principal logro, el Malecón 2000. El expresidente fue reelecto (1996 – 2000) y entregó el mando de la ciudad al delfín y sucesor, Jaime Nebot, quien por 19 años hizo una alcaldía exitosa. Se creía que con Cynthia Viteri todo seguía igual…

Pero, solo en 2021, hay medio centenar de muertes violentas entre Guayaquil, Durán y Samborondón (el “Gran Guayaquil”). Una muerte violenta diaria, relacionada con bandas narcodelictivas que convirtieron a la ciudad en algo parecido al “lejano oeste”: tiroteos entre delincuentes y policías, ajustes de cuentas y sicariatos. Los noticieros de televisión dedican al menos un cuarto de hora al tema.

Pero nada detiene a los malhechores, que alcanzaron un nivel de sofisticación que supera los medios de los que disponen la Policía y el Ejército, que patrullan la ciudad como pueden. Requisar armas y drogas no surte efecto. Los ataques ocurren hasta en zonas donde las fuerzas del orden hacen controles.

Guayaquil se ha convertido -como Quito- en refugio seguro para bandas delincuenciales que, en su momento, tuvieron complicidad con el gobierno de Rafael Correa, que las usaba eventualmente como “fuerzas de choque” (como los “Choneros” y los “Latín Kings”). El brazo largo de los carteles mexicanos de la droga y de otras partes (mafias balcánicas o asiáticas) hizo el resto.

Esta lucha requiere más que ruedas de prensa sobre capturas de pillos y droga. La guerra iniciada en las cárceles se salió de control. Extraño que estos temas no hayan estado en la agenda noticiosa en tiempos de Febres Cordero y Nebot y ahora sí, aparecen con Viteri y el presidente Lasso. El objetivo: recuperar la paz y seguridad. El país no quiere que sea “Guaya Kill”.

¿Consulta o muerte cruzada?

¿Por qué los asambleístas, la oposición y los indígenas temen a la consulta popular o la muerte cruzada? El presidente Lasso tiene alta aceptación, según los sondeos, pero no tiene un cheque en blanco. La exitosa campaña de vacunación 9/100 dio al régimen una credibilidad que muchos actores políticos no esperaban, acostumbrados a ir de mal en peor con el gobierno anterior (escándalos de corrupción antes, durante y después de la pandemia). Pero Lasso es pragmático y la política ecuatoriana no está habituada a eso.

Como escribe el articulista Hernán Pérez Loose “terminados los primeros 100 días de su mandato, las mafias políticas están esperando al presidente con un bate para caerle a la vuelta de la esquina”. Según él, no le perdonan el éxito del plan de vacunación. A diferencia del pasado, la gente está optimista. Pero, cuidado: hay áreas que muestran falencias. Hay logros en política exterior (la salida de Correa de RT es una buena noticia en las relaciones con Rusia), pero cojean la seguridad (la renuncia de Taiano lo explica), el área social (Mae Montaño dejó el MIES) y agricultura (salió Tanlly Vera).

Si algo no se le puede imputar al presidente es no cumplir lo que ofrece. El cambio de funcionarios en su gabinete obedecería a esta dinámica. Sin embargo, la idea de una consulta popular o muerte cruzada ha puesto con los pelos de punta a muchos grupos, acostumbrados a la blandenguería de Moreno o al carajazo de Correa. Para ellos no hay término medio: o imponen o les imponen…

Esa posibilidad asusta a opositores (indígenas, socialcristianos, correístas y otros grupos de presión) que miran a este referéndum como la posibilidad de perder privilegios. Esa gente que, por décadas, medró del poder en oficinas gubernamentales, en la oposición legislativa o en las calles, vería mermada su capacidad de acción.

El Ecuador no se acostumbra aún a un presidente que no grita ni insulta (como Correa) o que no sea blando (como Moreno). La posibilidad de la muerte cruzada puso a temblar a muchos sectores. Pero, con esos asambleístas y políticos, puede ser el camino para poner en marcha al país. Para estos mediocres, acostumbrados a enriquecerse fácilmente, perder sus privilegios sería insoportable. Y recurren al chantaje, al bloqueo y a buscar troncha. Quizás se deba consultar a la gente y saber lo que quiere. En el pasado se consultó al pueblo muchas veces. Algunas con resultados favorables: se hicieron cuando los mandatarios tenían alta aceptación. Quizás sea el momento de hacerlo.