Patricia Santillán pasó de una carrera brillante a fugitiva por el 30-S

CASO. La teniente Patricia Santillán revisa el expediente de su juicio en los exteriores donde funcionaba la central de radio patrulla en Quito.

Patricia Santillán fue declarada inocente del delito de incitación a la rebelión por el 30-S. Su carrera iba en ascenso; quiere volver a vestir el uniforme de Policía.

Patricia Santillán, teniente coronel en servicio pasivo de la Policía Nacional, fue procesada en 2011 por supuesta incitación a la rebelión durante la revuelta policial del 30 de septiembre de 2010 (30-S).

Tras una batalla legal que duró seis años, fue sentenciada en última instancia a tres años de prisión. Ella salió a Colombia por pasos clandestinos y se refugió allí. Diez años después de lo ocurrido, el miércoles 7 de diciembre de 2021, un tribunal de la Corte Nacional la declaró inocente. Hay otros casos similares.

Es oriunda de Riobamba y fue parte de la primera generación de mujeres que entró a la Escuela de Policía para formarse como oficial.

¿Qué funciones desempeñaba el 30 de septiembre del 2010?

Yo tenía 49 años y era jefe administrativa de radio patrullas que funcionaban en el Regimiento Quito. Debía mantener operativa esta oficina.

¿Cómo se desarrollaron los hechos ese día?

Todo era normal hasta que cerca de las 07:30 me señalan que había novedades en la prevención. Al oficial pionero le dije que verificara y que dé parte de las novedades. Yo fui a buscar al coronel que era mi jefe directo para dar parte y para verificar qué pasaba. En la radio de mano que llevaba escuché ciertos mensajes que no tenían que ver con emergencias. Le dije al coronel que (el personal) estaba haciendo mal uso de las comunicaciones.

APOYO: El gobierno de Rafael Correa transformó el reclamo laboral de los policías en un intento de golpe de Estado.
APOYO: El gobierno de Rafael Correa transformó el reclamo laboral de los policías en un intento de golpe de Estado.

¿Qué escuchaba?

Frases. Decían “nuestros derechos son vulnerados”, “queremos justicia”. Cosas que no tenían que ver con emergencias operativas, sino con reclamos laborales. Yo cumplí mi labor y mantuve operativa la radio.

¿Cuándo empezaron los problemas para usted?

El 5 de octubre recibí un memorando donde me cesaban del servicio. Me mandaron a funciones de apoyo a Operaciones de la Policía. Luego al Hospital y luego al Distrito La Delicia. Yo no tenía funciones. Me decían que me sentara y que no me moviera. Esa fue la primera sanción. Luego empezó la investigación para establecer mala conducta con la información sumaria.

¿Quién dispuso el sumario?

El Inspector General de entonces, Nelson Argüello. Eso fue en octubre. El 23 de diciembre, que es mi cumpleaños, me entregan el informe y ahí decía que yo era responsable. Solicitaban mi baja por mala conducta.

¿Cómo dio paso eso a un juicio penal?

Establecida mi supuesta mala conducta, me dan la baja. Yo debía ascender a coronel en febrero. Había cumplido todos los requisitos, pero me negaron ese derecho. Hablé con el Comandante General y me dijo que lo sentía mucho, pero que él había recibido disposiciones “desde arriba”. En mayo, dada la baja, el ministro (José) Serrano, con un oficio enviado a la Fiscalía, pide que me vincularan a las investigaciones. Esto a pesar de que dos fiscales ya dijeron que no tenía responsabilidad en esos hechos.

¿Cuál fue el supuesto delito investigado?

Empezaron con siete delitos. De los que recuerdo estaban magnicido, intento del golpe de estado, intento de asesinato, terrorismo, incitación a la rebelión. Poco a poco se fue desvirtuando y quedó incitación a la rebelión. No había documentos, pruebas, nada para vincularme.

¿En su caso hubo presiones políticas?

El propio fiscal, Gustavo Benítez, me dijo que fuera a pedir disculpas en la Presidencia para que me dieran el indulto. Un fiscal no hace eso. A él le corresponde buscar la verdad. También veía en la audiencia de juzgamiento que llegaban a la corte los delegados del Consejo de la Judicatura, asesores. También llegaba gente del Ministerio del Interior y de Justicia. Esto se repetía en algunos casos del 30-S.

¿Cuándo toma la decisión de refugiarse en Colombia?

En octubre de 2017 salió la sentencia de última instancia tras negarnos la casación. Pensé en que no demorarían en detenerme. Yo decía que me iba a entregar porque no tenía miedo. Mi madre, con cáncer, me decía que no. Yo le respondía que debía demostrar que era inocente. Ella lloraba y decía que no iba a resistir eso. Ella me pedía que pensara en mis hijas.

¿Cuántas hijas tiene?

Tres. Una de 30 años y dos mellizas de 24. Tengo un nieto que ahora es el motor de mi vida.

¿Qué le decían ellas?

Me decían que fuera valiente y que me apoyarían. Decidí irme y pasar ese calvario.

¿Cuándo lo hizo?

En octubre de 2017.

¿Cómo fue su salida?

Pasé por trochas, regresaba a ver porque tenía miedo de que me detuvieran.

¿En dónde se refugió?

No lo puedo decir por seguridad de la gente que me ayudó. Eran amigos de amigos. Estuve un año y siete meses. Decidí regresar cuando se hizo pública una conversación  en la que altas autoridades indicaron que no habían ocurrido los hechos del 30-S.

¿Qué pasó cuando volvió a Ecuador?

Tenía orden de prisión, pero no me detuvieron. Iba de un lado a otro donde había parientes y amigos. No podía durar en alguna casa mucho tiempo. Usaba pelucas para que no me reconocieran. Tuve problemas psicológicos. Se empezó a caer mi cabello, adelgacé muchísimo y tenía los triglicéridos altos.

¿Cuánto tiempo vivió de forma clandestina en Ecuador?

Un año y tres meses hasta que el delito prescribió en octubre de 2020.

¿Qué sintió cuando escuchó esta semana su absolución por parte de un tribunal?

Es un sentimiento incomparable (llora). Es la sensación de libertad, de querer llorar. Son cosas que no se pueden definir y solo elevas la mirada a Dios y dices gracias.

¿Cuáles fueron los daños a su carrera?

Impidieron que pudiera ascender a coronel.

Ahora, ¿qué busca?

La reparación integral. Ser reintegrada a la institución, que se me reconozca el grado de coronel y luego con la opción de ascender a general y todo lo que conlleva eso: sueldo, décimos, condecoraciones.

¿Tiene ilusión de volver a vestir el uniforme?

Sí. Cuando me dieron la baja guardé los uniformes. Cuando los volví a sacar me quebré. El azul, el negro, el blanco, el de diario. El corazón se hace pequeño y aspiro volverme a poner el uniforme y yo mismo solicitar la baja y salir por la puerta grande.

¿Qué les dice a las personas que estuvieron detrás de todo esto?

No he podido verlos. Como esto vino “desde arriba” no voy a poder ver nunca al señor (Rafael) Correa o al exministro (José) Serrano. Quisiera saber por qué me hicieron tanto daño. Solo eso. Yo les perdono, porque eso no es para la otra persona. Es para mí, yo quiero sanar. (DP)