Dormir menos de 6 horas y media al día hace que engordemos

Un sueño reparador ayuda a la estabilización hormonal y metabólica.

Conoce las razones por las que dormir menos de cierto promedio incrementa la circunferencia abdominal y aumenta el peso.

CIUDAD DE MÉXICO. Dormir menos de seis horas al día genera un desajuste hormonal que provoca que se acumule grasa en el abdomen, lo que causa sobrepeso y obesidad, indicaron este viernes (18 de marzo) dos especialistas.

Con motivo del Día Mundial del Sueño que se conmemora este viernes, la presidenta de la Sociedad Mexicana para la Investigación y Medicina del Sueño, Guadalupe Terán Pérez, aseguró que esta fecha sirve para recordar la importancia de dormir bien una media de seis horas y media a ocho horas diarias en la vida adulta.

Agregó que la restricción de sueño tiene consecuencias porque se altera el ritmo regulador de los procesos que ayudan a la recuperación física y mental del cuerpo.

«A corto plazo, vamos a estar cansados, irritables, con dificultad para poner atención, para concentrarnos, vamos a tener más hambre y también nos va a llevar más tiempo sentirnos saciados cuando comemos; por lo tanto, hay una relación importante con la obesidad y el sobrepeso«, afirmó.

Ariana Canché, médico internista y nutrióloga asociada del Colegio Mexicano de Nutrición Clínica, destacó que dormir entre seis y ocho horas ayuda a mantener un peso saludable.

«Durante el sueño hay una regulación hormonal; si no dormimos bien, aumentan las hormonas contrarreguladoras de la insulina, como el cortisol, lo que incrementa el riesgo de sobrepeso«, afirmó.

«Hay estudios formales que relacionan el dormir menos de seis horas con 32% más de riesgo de desarrollar obesidad grado 1 (de bajo riesgo) y sobrepeso moderado», puntualizó.

La especialista explicó que el cortisol es la hormona por excelencia del estrés.

Cuando hay una liberación desordenada que altera la presión arterial genera un depósito de grasa a nivel abdominal, sobre todo grasa visceral, generando aumento de peso y el riesgo de hipertensión y diabetes mellitus tipo 2, entre otros padecimientos.

Para reducir el riesgo de ganar peso y acumular grasa en el abdomen debido a los trastornos del sueño como el insomnio, los médicos pueden recomendar el uso de la melatonina de liberación prolongada, que ayuda a conciliar el sueño y evitar despertares nocturnos, así como a ir regulando ciclos hormonales relacionados con el apetito. EFE

Dormir con luz afecta al corazón y propicia la diabetes

Expertos recomiendan apagar el televisor, celulares y lámparas para descansar bien.

Un estudio mostró que la exposición nocturna a fuentes de luz, aunque sean moderadas, eleva el ritmo cardíaco y genera resistencia a la insulina.

MADRID. Cerrar persianas, cortinas y apagar lámparas o televisores cuando llega la hora de dormir es lo mejor para la salud, pues una exposición a la luz, aunque sea moderada, aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca y la resistencia a la insulina, indica un estudio que publica este 14 de marzo de 2022 Pnas.

«Una sola noche de exposición a una iluminación moderada de la habitación durante el sueño puede perjudicar la regulación de la glucosa y el sistema cardiovascular, que son factores de riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes y síndrome metabólico«, según la autora principal de la investigación Phyllis Zee, de la Universidad Northwestern (Estados Unidos).

Al dormir en un habitación moderadamente iluminada por la noche, frente a hacerlo en una con luz tenue, el sistema nervioso autónomo se activa, lo que es malo, pues normalmente el ritmo cardíaco y otros parámetros cardiovasculares son más bajos de noche y más altos durante el día, explicó Daniela Grimaldi, otra de las firmantes.

La resistencia a la insulina se producía a la mañana siguiente. Esta aparece cuando las células de los músculos, la grasa y el hígado no responden bien a la insulina y no pueden utilizar la glucosa de la sangre para obtener energía. Para compensarlo, el páncreas produce más insulina y, con el tiempo, el nivel de azúcar en sangre aumenta.

En la actualidad hay evidencias de que la exposición a la luz durante el día incrementa el ritmo cardíaco a través de la activación del sistema nervioso simpático, que pone el corazón en marcha y aumenta el estado de alerta para afrontar los retos del día.

«Nuestros resultados indican que también se produce un efecto similar cuando la exposición a la luz se produce durante el sueño nocturno«, dijo Zee.

Un estudio previo publicado en Jama Internal Medicine examinó a un gran número de personas sanas que se exponían a la luz durante el sueño y se vio que había más sobrepeso y obesidad.

«Ahora mostramos un mecanismo que podría ser fundamental para explicar por qué ocurre esto», destacó la experta, pues afecta a la capacidad de regular la glucosa.

El estudio probó el efecto de dormir con 100 lux (luz moderada) en comparación con 3 lux (luz tenue) en los participantes durante una noche.

Los investigadores descubrieron que la exposición a la luz moderada hacía que el cuerpo entrara en un estado de alerta mayor, en el que el ritmo cardíaco aumenta, así como la fuerza con la que se contrae el corazón y la velocidad con la que la sangre es conducida a los vasos sanguíneos.

La exposición a la luz artificial por la noche mientras se duerme es habitual, ya sea a través de dispositivos que emiten luz en el interior o de fuentes externas al hogar, sobre todo en las grandes zonas urbanas.

Además, una proporción significativa de individuos (hasta el 40%) duerme con una lámpara de cabecera encendida o con una luz en el dormitorio y/o mantiene la televisión encendida, indica el estudio.

Los autores recomiendan no encender la luz por la noche, pero si es necesario, por ejemplo en el caso de ancianos por motivos de seguridad, es mejor que sea tenue, esté cerca del suelo y se opte por un color ámbar o rojo/naranja, que es menos estimulante para el cerebro que la blanca o azul. EFE

Dormir bien ayuda a la pérdida de peso

El estudio no se realizó en laboratorio y no controló la dieta de las personas.

Expertos asesoraron a personas con sobrepeso, que aumentaron el tiempo y calidad del sueño, lo que derivó en una menor ingestión de calorías y pérdida de peso. 

En un ensayo clínico aleatorizado, los adultos con sobrepeso que aumentaron la duración del sueño nocturno en aproximadamente una hora redujeron su ingesta calórica diaria en un promedio de 270 kilocalorías (kcal), lo que condujo a la pérdida de peso con el tiempo, según publican sus autores en la revista ‘JAMA Internal Medicine’.

Entender las causas subyacentes de la obesidad y cómo prevenirla es la mejor manera de luchar contra la epidemia de obesidad, según la doctora Esra Tasali, directora del Centro del Sueño de la Universidad de Chicago (Estados Unidos).

Ahora, este nuevo estudio sobre el modo en que dormir lo suficiente afecta a la ingesta de calorías en un entorno real podría cambiar nuestra forma de pensar sobre la pérdida de peso.

En su ensayo clínico aleatorio con 80 adultos, Tasali y sus colegas de la UChicago y la Universidad de Wisconsin-Madison descubrieron que los adultos jóvenes con sobrepeso que habitualmente dormían menos de 6,5 horas por noche eran capaces de aumentar la duración de su sueño en una media de 1,2 horas por noche tras una sesión de asesoramiento personalizado sobre higiene del sueño.

La intervención sobre el sueño tenía como objetivo ampliar la duración del tiempo en la cama a 8,5 horas, y el aumento de la duración del sueño en comparación con los controles también redujo la ingesta calórica general de los participantes en una media de 270 kcal (calorías) al día.

«A lo largo de los años, nosotros y otros hemos demostrado que la restricción del sueño tiene un efecto sobre la regulación del apetito que conduce a un aumento de la ingesta de alimentos y, por lo tanto, predispone al aumento de peso con el tiempo –explica Tasali–. Más recientemente, la pregunta que todo el mundo se hacía era: «Bueno, si esto es lo que ocurre con la pérdida de sueño, ¿podemos prolongar el sueño y revertir algunos de estos resultados adversos?».

El nuevo estudio no sólo examina los efectos de la prolongación del sueño sobre la ingesta calórica, sino que, lo que es más importante, lo hace en un entorno real, sin manipulación ni control de los hábitos alimentarios de los participantes. Los participantes durmieron en sus propias camas, hicieron un seguimiento de su sueño con dispositivos portátiles y, por lo demás, siguieron su estilo de vida normal sin ninguna instrucción sobre la dieta o el ejercicio.

«La mayoría de los demás estudios sobre este tema en laboratorio son de corta duración, de un par de días, y la ingesta de alimentos se mide por la cantidad que los participantes consumen de una dieta ofrecida –apunta Tasali–. En nuestro estudio, sólo manipulamos el sueño, e hicimos que los participantes comieran lo que quisieran, sin registrar los alimentos ni nada para hacer un seguimiento de su nutrición por sí mismos».

En cambio, para hacer un seguimiento objetivo de la ingesta calórica de los participantes, los investigadores se basaron en el método del «agua doblemente etiquetada» y en el cambio de las reservas de energía.

Esta prueba basada en la orina consiste en que una persona beba agua en la que los átomos de hidrógeno y oxígeno han sido sustituidos por isótopos estables menos comunes, pero de origen natural, que son fáciles de rastrear.

El autor principal del estudio, el doctor Dale A. Schoeller, profesor emérito de Ciencias de la Nutrición de la UW-Madison, fue el primero en utilizar esta técnica en humanos. «Se considera el estándar de oro para medir objetivamente el gasto energético diario en un entorno real que no sea de laboratorio, y ha cambiado la forma en que se estudia la obesidad humana«, señala Schoeller.

En general, los individuos que aumentaron la duración del sueño pudieron reducir su consumo de calorías en una media de 270 kcal al día, lo que se traduciría en una pérdida de peso de unos 12 kg, o 26 libras, en tres años si los efectos se mantuvieran a largo plazo.

Quizá el aspecto más sorprendente del estudio fue la sencillez de la intervención. «Vimos que, tras una sola sesión de asesoramiento sobre el sueño, los participantes podían cambiar sus hábitos a la hora de dormir lo suficiente como para aumentar la duración del sueño«, resalta Tasali.

«Simplemente asesoramos a cada individuo sobre una buena higiene del sueño, y discutimos sus propios entornos de sueño personales, proporcionando consejos personalizados sobre los cambios que podrían hacer para mejorar la duración de su sueño«, añade.

Aunque el estudio no evaluó sistemáticamente los factores que podrían haber influido en el comportamiento del sueño, «limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse apareció como una intervención clave», subraya Tasali.

Tras una sola sesión de asesoramiento, los participantes aumentaron la duración media del sueño en más de una hora por noche. A pesar de que no se prescribió ningún otro cambio en el estilo de vida, la mayoría de los participantes redujeron en gran medida la cantidad que comían, y algunos de ellos llegaron a ingerir hasta 500 calorías menos al día.

Los sujetos sólo participaron en el estudio durante un total de cuatro semanas, dos de las cuales sirvieron para recopilar información de referencia sobre el sueño y la ingesta de calorías, seguidas de dos semanas para controlar los efectos de la intervención sobre el sueño.

«Este no fue un estudio de pérdida de peso –precisa Tasali–. Pero incluso en solo dos semanas, hemos cuantificado las pruebas que muestran una disminución de la ingesta calórica y un balance energético negativo: la ingesta calórica es menor que las calorías quemadas. Si los hábitos de sueño saludables se mantienen durante más tiempo, esto llevaría a una pérdida de peso clínicamente importante con el tiempo. Mucha gente se esfuerza por encontrar formas de disminuir su consumo de calorías para perder peso; pues bien, solo durmiendo más, podría reducirlo sustancialmente».

En última instancia, Tasali y su equipo esperan examinar los mecanismos subyacentes que pueden explicar estos resultados, y creen que este trabajo debería estimular nuevos estudios más amplios sobre el control del peso para determinar si la ampliación del sueño puede apoyar los programas de pérdida de peso y ayudar a prevenir o revertir la obesidad.

«En nuestro trabajo anterior, entendimos que el sueño es importante para la regulación del apetito –recuerda Tasali–. Ahora hemos demostrado que en la vida real, sin hacer ningún otro cambio en el estilo de vida, se puede prolongar el sueño y comer menos calorías. Esto podría ayudar mucho a las personas que intentan perder peso«. (EUROPAPRESS)

TE PUEDE INTERESAR:

El ayuno financiero puede ayudar a reducir los gastos

Preasignaciones dejan poco para repartir de la subida del petróleo

La higiene bucal previene complicaciones derivadas del coronavirus

Cirugía bariátrica: pérdida de peso, control de diabetes e hipertensión

Trabajo. En el hospital San Marcos se realizan estas intervenciones quirúrgicas. Está ubicado en la avenida Las Delicias y Río Yanuncay.

Los procedimientos más comunes son la manga gástrica y el baipás gástrico.

La obesidad es una enfermedad que no distingue edad, ni sexo. En la actualidad muchas personas tienen sobrepeso, principalmente generado a causa de una mala alimentación, por la falta de actividad física o genética.

Gran porcentaje de la ciudadanía se somete a tratamientos médicos. En Santo Domingo uno de los métodos con mejores resultados son las cirugías bariátricas, pero previamente se requiere un extenso análisis médico.

Luis Hidalgo, especialista en cirugía digestiva laparoscópica y jefe de cirugía del hospital San Marcos, indicó que primero determinan el grado de obesidad en cada paciente y después recomiendan el mecanismo idóneo para contrarrestar el problema.

Explicó que también se las llama cirugías metabólicas. Esto porque no solo permite bajar de peso, sino que además sirven para controlar la diabetes e hipertensión.

“Son enfermedades crónicas degenerativas. Si el paciente no se controla, con los años va a terminar con una insuficiencia renal, diálisis o amputado alguna pierna”, manifestó el galeno.

Lineamientos

La cirugía bariátrica se la realiza con un baipás gástrico o una manga gástrica, pero no a todas las personas son aptas para la aplicación de este procedimiento.

“Hacemos una división del peso para la talla al cuadrado, si la medida tiene más de 30 o 35 este paciente puede ser catalogado para intervención quirúrgica. También hay tratamientos no invasivos, como el balón gástrico y tabletas que controlan la obesidad”, replicó Luis Hidalgo.

Baipás Gástrico

La aplicación es más demorada porque se recorta un pedazo de estómago y el restante lo unen al intestino. Existe una disminución en la cantidad que se come y hay un metabolismo acelerado.

Manga gástrica

En este proceso se recorta el 80 % del estómago. La persona se va a llenar con pequeñas cantidades, pero estos alimentos tienen que ser guiados por un profesional en nutrición. (JD)

Riesgos
A los pacientes bariátricos del hospital San Marcos se les hace un control post operatorio de año y medio, ya que pueden presentarse complicaciones sino se cuida adecuadamente durante los primeros meses. Existe el riego que vuelvan a subir de peso, pero únicamente si la persona deja de alimentarse correctamente.
“Después de 3 o 4 años de operado que empieces a comer calorías mañana, tarde y noche vas a engordar. El paciente posee genes para obesidad y los adipocitos que son las células grasas tienen memoria, entonces es importante que se mantengan con una dieta adecuada y haciendo deporte”, explicó Luis Hidalgo.
El dato
Previo a la operación los pacientes son valorados por muchos especialistas médicos (nutricionista, cardiólogo, psicólogo, endoscopista, entre otros).
Cifra
180 personas son operadas en el hospital San Marcos, aproximadamente.

Una luz de esperanza para derrotar a la obesidad

El 40% de los adultos del planeta sufre de obesidad, una enfermedad considerada una epidemia,

Un equipo de científicos españoles descubrió una proteína especial que reduce el riesgo de sufrir obesidad. Esto abre un camino para combatir el problema.

BARCELONA. Un grupo de investigadores españoles ha descubierto una proteína que reduce el riesgo de sufrir obesidad y abre nuevas vías de investigación para una epidemia que afecta al 40% de la población adulta en todo el mundo.

El estudio, elaborado en el Instituto de Investigaciones Biomédicas Agust Pi i Sunyer (IDIBAPS) de Barcelona (noreste) y dirigido por la especialista biomédica Mercedes Fernández-Lobato, ha identificado que el consumo de la proteína CPEB4 en ratones reduce la acumulación de lípidos en la cavidad abdominal, la inflamación del tejido adiposo, y el aumento de peso.

La investigación también revela que la ausencia de la proteína normaliza la composición de la microbiota (bacterias del aparato digestivo) y favorece la presencia de bacterias que protegen la barrera intestinal.

«El trabajo revela la existencia de un circuito regulador del proceso de traducción del ARN a proteínas, dirigido por CPEB4, hasta ahora desconocido», ha explicado Fernández-Lobato.

«Hoy en día la investigación se centra principalmente en el paso previo, es decir, la síntesis del ARN a partir del ADN, por lo que los resultados abren nuevas vías de investigación para desarrollar mejores tratamientos contra la obesidad«, ha asegurado la especialista.

La obesidad inducida por la dieta se ha convertido en una epidemia en todo el mundo, puesto que casi el 40% de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad.

Esta enfermedad comporta un aumento de la mortalidad, así como de la susceptibilidad de sufrir más de un trastorno a la vez, y está estrechamente relacionada con el riesgo de desarrollar cáncer.

El desconocimiento de gran parte de los mecanismos implicados en los efectos perjudiciales de la obesidad, apunta el IDIBAPS, dificulta disponer de estrategias terapéuticas viables o desarrollar nuevos tratamientos para combatirla. EFE

TE PUEDE INTERESAR:

Cuerpo exhumado de Naomi Arcentales será analizado en Quito

Quito redujo los aforos en lugares cerrados y transporte público

El ‘mago’ Chérrez fue pródigo en la entrega de dinero

La obesidad infantil, un efecto de la pandemia

Los expertos advierten que las consecuencias negativas de la pandemia pueden tener efectos a largo plazo, como el de la obesidad.

Redacción LIMA

La falta de actividad física y los malos hábitos nutricionales en los menores de edad, generados por las restricciones de la pandemia de la Covid-19, pueden traer desórdenes en su crecimiento, alertaron médicos y expertos en una conferencia virtual.

El hecho de que la pandemia afecta al 1,7% de menores de edad «no hace que sean inmunes a problemas colaterales, como la ansiedad, el estrés, el insomnio», como también «los problemas de postura, visuales, obesidad, poco crecimiento y desnutrición», afirmó la endocrinóloga pediatra Paola Pinto.
En el caso de los niños, 43% de los menores de 36 meses presentan anemia en Perú, y a la par el país andino sigue la tendencia mundial del incremento de la obesidad en menores de 5 años, señaló Pinto.

La experta alertó que el 15% de infantes obeso se convertirá en adulto obeso, lo que acarrea una serie de problemas en su salud crónica a futuro.

El comportamiento sedentario puede tener efectos negativos, dijo la médica, mientras que «la actividad física puede ser una herramienta valiosa para mantener la calma, prevenir afecciones cardiovasculares, problemas de postura, problemas emocionales y más estrés». EFE

Cuatro de cada diez ecuatorianos son sedentarios

SOLUCIÓN. La actividad física es medicina. Previene enfermedades a corto y largo plazo.

Las mujeres son las que menos actividad física realizan en el país. Las consecuencias van desde la obesidad hasta la muerte.

Una persona es considerada sedentaria si realiza menos de 22 minutos al día, o dos horas y media a la semana, de actividad física. En Ecuador, el 38% de los hombres está en este grupo; mientras que el porcentaje llega al 42% en las mujeres.

Así, tres de cada diez personas tienen escaso movimiento en su día a día, con lo que ponen en riesgo su salud, incrementan sus posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia, entre otros problemas.

A nivel regional, el 53,7 % de las latinoamericanas no realiza la actividad física necesaria para ser saludables y lo mismo le sucede al 44,3 % de los latinoamericanos.

En otras palabras, la media de sedentarismo llega a casi cinco de cada diez habitantes en América Latina. La sociedad ecuatoriana está por debajo de esa media, pero los niveles de obesidad han crecido de manera significativa en los últimos 31 años.

 

Los casos se triplicaron

En el caso de las ecuatorianas, el porcentaje de obesidad pasó de 22% a 66%; mientras en los ecuatorianos, los problemas de peso pasaron del 16% al 50%.

Marina Cabrera, médico y nutricionista, comentó que la situación se agravó con la pandemia y los cambios en el estilo de vida, con más teletrabajo y menos movilización en el día a día.

“Desde mediados del año pasado, más del 60% de los pacientes que he atendido subieron de peso, aumentaron el tejido adiposo, la grasa visceral, el colesterol y los triglicéridos. Se registra un marcado retroceso porque antes de la pandemia muchos de ellos habían aumentado su actividad y reducido su talla”, dijo.

Actualmente, casi 5,4 millones de personas en el país están inmersas en el círculo vicioso de poca actividad física, obesidad y problemas de salud.

Riesgos crecientes para los más jóvenes

Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sedentarismo es una epidemia creciente entre los más jóvenes. En América Latina, el 85% de los que tiene entre 13 y 19 años no hace ni siquiera el nivel mínimo de actividad física diaria. Eso es casi el doble de lo que sucede con los adultos.

En el caso de Ecuador, la inactividad afecta a más del 75% de los menores de edad, lo que significa una verdadera ‘bomba de tiempo’ en la salud pública.

Cabrera recalcó que las nuevas generaciones están construyendo un futuro lleno de problemas de salud y mala calidad de vida. “El costo para el país es alto, tanto en cuidados médicos como en pérdida de productividad”, puntualizó.

En promedio, los costos directos suman más de $200,49 millones al año y los costos indirectos superan los $40 millones. (JS)