¿Cuánto se debe dormir a partir de los 40 para evitar el deterioro cerebral?

La falta o interrupción del sueño se asocia con algunas formas de demencia.

Investigadores británicos y chinos analizaron información de medio millón de adultos de entre 38 y 73 años para obtener sus conclusiones.

MADRID. El sueño desempeña un papel importante para permitir la función cognitiva y mantener una buena salud psicológica. También ayuda a mantener el cerebro sano al eliminar los productos de desecho. A medida que envejecemos, suelen producirse alteraciones en nuestros patrones de sueño, como la dificultad para conciliar y mantener el sueño, y la disminución de la cantidad y calidad del mismo. Se cree que estas alteraciones del sueño pueden contribuir al deterioro cognitivo y a los trastornos psiquiátricos en la población que envejece.

En una investigación publicada en la revista ‘Nature Aging’, los científicos examinaron los datos de casi 500.000 adultos de entre 38 y 73 años del Biobanco del Reino Unido. Se preguntó a los participantes sobre sus patrones de sueño, salud mental y bienestar, y participaron en una serie de pruebas cognitivas. Se disponía de imágenes cerebrales y datos genéticos de casi 40.000 participantes en el estudio.

Al analizar estos datos, el equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y la Universidad de Fudan (China) descubrió que tanto la duración insuficiente como la excesiva del sueño se asociaban con el deterioro del rendimiento cognitivo, como la velocidad de procesamiento, la atención visual, la memoria y la capacidad para resolver problemas.

Siete horas de sueño por noche era la cantidad óptima para el rendimiento cognitivo, pero también para una buena salud mental, ya que las personas experimentaban más síntomas de ansiedad y depresión y un peor bienestar general si decían dormir más o menos tiempo. Hay que recordar que dormir poco o demasiado poco se asocia con un peor rendimiento cognitivo y salud mental, afirman.

Los investigadores afirman que una de las posibles razones de la relación entre el sueño insuficiente y el deterioro cognitivo puede deberse a la interrupción del sueño de ondas lentas – «profundo»-. Se ha demostrado que la interrupción de este tipo de sueño está estrechamente relacionada con la consolidación de la memoria y con la acumulación de amiloide, una proteína clave que, cuando se pliega mal, puede causar los «ovillos» en el cerebro característicos de algunas formas de demencia. Además, la falta de sueño puede dificultar la capacidad del cerebro para deshacerse de las toxinas.

El equipo también encontró una relación entre la cantidad de sueño y las diferencias en la estructura de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento cognitivo y la memoria, de nuevo con mayores cambios asociados a más o menos siete horas de sueño.

Dormir siete horas seguidas cada noche, sin demasiada fluctuación en la duración, también era importante para el rendimiento cognitivo y la buena salud mental y el bienestar. Estudios anteriores también han demostrado que los patrones de sueño interrumpido se asocian con un aumento de la inflamación, lo que indica una susceptibilidad a las enfermedades relacionadas con la edad en las personas mayores.

El profesor Jianfeng Feng, de la Universidad de Fudan, señala que, «aunque no podemos afirmar de forma concluyente que dormir poco o demasiado cause problemas cognitivos, nuestro análisis de los individuos a lo largo de un periodo de tiempo más largo parece apoyar esta idea. Pero las razones por las que las personas mayores duermen peor parecen ser complejas, ya que en ellas influye una combinación de nuestra composición genética y la estructura de nuestro cerebro».

Los investigadores afirman que los resultados sugieren que la duración insuficiente o excesiva del sueño puede ser un factor de riesgo de deterioro cognitivo en el envejecimiento. Esta afirmación se ve respaldada por estudios anteriores que han señalado una relación entre la duración del sueño y el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y la demencia, en las que el deterioro cognitivo es un síntoma característico.

La profesora Barbara Sahakian, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge, una de las autoras del estudio, recuerda que «dormir bien es importante en todas las etapas de la vida, pero especialmente a medida que envejecemos. Encontrar formas de mejorar el sueño de las personas mayores podría ser crucial para ayudarles a mantener una buena salud mental y un buen bienestar y evitar el deterioro cognitivo, sobre todo en el caso de los pacientes con trastornos psiquiátricos y demencias», concluye. (EUROPAPRESS)

Cómo activar tu cerebro en la mañana

SALUD. Ciertos trucos pueden ayudarte en las mañanas para activar tu cerebro.

La inercia del sueño ocurre cuando de repente sales del sueño REM, la etapa más profunda donde sueñas y tu cuerpo se repara a sí mismo.

Durante ese ciclo de sueño, el cuerpo se inunda con altos niveles de melatonina, la hormona del sueño del cuerpo. Despertar con el cuerpo lleno de esta sustancia que ayuda a dormir causa desorientación y un funcionamiento tembloroso del motor sensorial que generalmente dura entre 30 minutos y una hora.

Pero si te falta el sueño, como les ocurre a muchas personas en estos días, el aturdimiento puede permanecer durante dos o más horas.

La inercia del sueño también ocurre al despertar de una siesta diurna que duró mucho más de 20 minutos.

Los efectos de la inercia del sueño pueden ser desastrosos. Si derramas tu café de la mañana o te golpeas el dedo del pie con los muebles, es una suerte.

Pues un piloto, después de tomar una siesta, sobrepasó la pista de aterrizaje y estrelló un avión con 166 personas a bordo en una ladera, donde rodó y estalló en llamas. Solo ocho sobrevivieron.

Te contamos qué puedes hacer para que tu cerebro se active después de dormir.

Agua fría

Si sales de la cama atontado, tiene sentido que una ducha más fría sea la sacudida que su cuerpo necesita para despejar algunas telarañas.

Cafeína, pero con cuidado

Beber un par de tazas de café o té con cafeína es una forma comprobada de impulsar la atención. Esto se debe a que la cafeína aumenta la activación de las neuronas en el cerebro, lo que también desencadena la liberación de adrenalina que hace que su corazón lata más rápido.

No es necesario tomarse más de dos tazas de una vez, ya que los estudios demuestran que beber más no agrega más claridad mental y puede ponerte nervioso.

Disfruta de la luz

Un día soleado puede elevarte el ánimo y energizar tu mente. Un estudio expuso a los sujetos a luces brillantes después de despertarse y descubrió que aumentaba los niveles de cortisol.

El cortisol es una hormona esteroide, una especie de sistema de alarma interna. Para responder al estrés, el cortisol aumenta la glucosa en el torrente sanguíneo y aumenta el uso que el cerebro hace de esos azúcares.

Caminata rápida

Da una caminata rápida alrededor de tu casa, o mejor aún, sal a caminar a la luz del sol. Los estudios muestran que el ejercicio aumenta temporalmente el estado de alerta, en parte debido al aumento de la temperatura corporal y al aumento de la sangre al cerebro.

Consume proteínas

Incluso si lo deseas, el azúcar no es una solución para el desayuno o una merienda después de una siesta. Solo te dará un pequeño subidón, y el choque que sigue puede ser brutal.

En cambio, confía en las proteínas como los huevos para aumentar el poder del cerebro.

Contaminación ambiental y la salud del cerebro

La contaminación causa más de 3 millones de muertes prematuras anualmente en todo el mundo.

En todo el mundo, más de 9 millones de personas fallecen cada año por causas atribuibles a la contaminación atmosférica.

A este número se suma que la contaminación causa más de 3 millones de muertes prematuras anualmente.

Para nadie es ajeno que la contaminación provoca problemas respiratorios, pero el impacto que tiene sobre la salud cerebral es más novedoso.

Así se le atribuye la reducción de la capacidad cognitiva y de la memoria, envejecimiento prematuro del sistema nervioso central o, incluso, mayor riesgo de ictus son algunos de sus efectos neurológicos.

Los expertos aseguran que los efectos de la contaminación sobre el cerebro aún son desconocidos por muchos, principalmente porque ha sido solo recientemente cuando se ha comenzado a estudiar en detalle la relación entre la aparición de enfermedades neurológicas y la contaminación ambiental.

El contaminante puede ser una sustancia química o energética, como sonidos, calor o luz.

El elemento contaminante puede ser una sustancia extraña, energía o sustancia natural.

 

TOME NOTA 
La contaminación atmosférica está asociada con la neuroinflamación 
y al envejecimiento prematuro del sistema nervioso central.

 

Trabajos concluyentes 

Varios estudios han encontrado una relación clara entre la exposición a la polución del aire con cambios de naturaleza funcional del cerebro, y, en concreto, apuntan a que una mayor concentración de contaminantes se relaciona con una menor maduración funcional de las redes cerebrales, básica para la actividad intelectual.

Así un estudio reciente impulsado por la Universidad de Yale (Estados Unidos) y la Universidad Normal de Pekín (China) ha llegado a apuntar que después de tres años de alta exposición a contaminantes, las personas que participaron en la investigación tenían un rendimiento cognitivo similar al que supone perder un año de escolaridad.

En Canadá un estudio concluyó que las personas que vivían a menos de 50 metros de una carretera tenían más riesgo de desarrollar demencia.

 

EL DATO
La contaminación puede provocar una reducción en la capacidad 
cognitiva, en las habilidades intelectuales y en la memoria

 

No obstante, otros estudios han ido incluso más allá apuntando que la exposición a la contaminación atmosférica, principalmente a metales como el mercurio y el plomo, son un factor de riesgo para el desarrollo de este tipo de enfermedades neurodegenerativas y también para otras como la epilepsia.

La contaminación atmosférica también se ha relacionado con un mayor riesgo de sufrir un ictus (enfermedad cerebral de origen vascular que se presenta de un modo súbito).

 

CIFR: 80% de los casos de ictus que se producen cada 
año están atribuidos a la contaminación.

 

El Global Burden of Disease, hace unos años, señalaba que hasta el 30% de los ictus que se producen cada año en todo el mundo podrían ser atribuibles a los contaminantes del aire.

Y es que la contaminación atmosférica se ha relacionado con estados protrombóticos. Por lo tanto, podría influir tanto en el incremento de casos de ictus isquémicos –supone aproximadamente el 80% de los casos de ictus que se producen cada año, causados por trombos que interfieren en la circulación de la sangre al cerebro- o, tal y como apuntaba una investigación presentada recientemente en la última Reunión Anual de la SEN, en la gravedad inicial del ictus y en el pronóstico a corto plazo.

 

Contaminación ambiental causantes más comunes

La contaminación ambiental puede provenir de fuentes, por ejemplo:

  • Vehículos, buses, aviones, camiones y trenes
  • Fábricas, plantas de energía y tintorerías
  • Construcciones
  • Minas

 

Posible agravamiento de las enfermedades neurodegenerativas

Otros estudios reflejan que una exposición prolongada a la contaminación atmosférica está asociada con estrés oxidativo, neuroinflamación y envejecimiento prematuro del sistema nervioso central.

Desde la Sociedad Española de Neurología (SEN) se recalca que sería preciso realizar más estudios al respecto, por lo que se ha visto hasta ahora, patologías como alzhéimer, párkinson, esclerosis múltiple o esclerosis lateral amiotrófica (ELA), entre otras enfermedades neurodegenerativas, podrían verse agravadas por procesos de neuroinflamación producidos por la contaminación.

 

El envejecimiento prematuro del sistema nervioso central está asociado a la contaminación atmosférica.
El envejecimiento prematuro del sistema nervioso central está asociado a la contaminación atmosférica.

Contaminación y dolor de cabeza

La población urbana está más expuesta a sufrir los efectos de la contaminación atmosférica, y dentro de este conjunto, son especialmente vulnerables las personas que ya están enfermas, los niños y los adultos mayores.

Los ingresos hospitalarios por migrañas y otros tipos de dolor de cabeza aumentan los días en que los niveles de contaminación ambiental son más altos.

La investigación que determinó estos resultados, midió la concentración de ozono y agentes contaminantes como monóxido y dióxido de nitrógeno (NO y NO2), dióxido de azufre (SO2), monóxido de carbono (CO) y partículas finas (PM) en siete puntos de la ciudad de Santiago de Chile durante cinco años.

Así los científicos concluyeron que la contaminación era un factor de riesgo para todos los tipos de dolor de cabeza, aunque se tengan en cuenta la influencia de la edad, el sexo o la estación.

Por ello, ahora se realizan trabajos para determinar si el uso de mascarilla debe prolongarse ahora por otras razones médicas que estén alejadas del COVID-19.

¿Los olvidos cotidianos deben preocuparnos?

Pensar que el cerebro está mal por olvidarnos de algunas cosas es un error.

Perderse, distraerse u olvidar por instantes son parte de los procesos cerebrales. Lo grave ocurre cuando estos hechos son muy frecuentes y permanentes.

Abrimos la refrigeradora y no recordamos para qué; removemos la casa para buscar la llave del carro que tenemos en la mano; participamos en una conversación y, de repente, perdemos el hilo de lo que estábamos diciendo; nos encontramos con alguien cuya cara reconocemos, pero cuyo nombre se nos queda atorado ‘en la punta de la lengua’.

Este y otros episodios similares nos ocurren a todos casi todos los días. Y lo más común es atribuirlo a la pérdida de memoria vinculada con el paso de los años y que, en muchos casos, lleva hasta la demencia senil.

Pero, ¿deben, en realidad, preocuparnos esos olvidos cotidianos? ¿Son necesariamente un signo de deterioro cognitivo o forman parte de los procesos naturales del cerebro? Pues una nota del portal Yahoo responde que una y otra opción son posibles, dependiendo de las circunstancias.

El artículo recuerda que luego de los 65 años es muy común padecer Deterioro Cognitivo Leve (DCL), una condición en que los olvidos se hacen más frecuentes, pero que no tienen la suficiente intensidad para llegar a un diagnóstico de demencia.

Pero, ¿se puede saber si se trata simplemente de un olvido casual sin importancia o si esos despistes cotidianos son un indicio de deterioro cerebral?

Según los neurólogos, en muchas ocasiones esos ‘olvidos‘ no tienen que ver con el deterioro cognitivo sino con una función natural del cerebro que interrumpe el pensamiento y nos hace perder el hilo. Mucha gente suele creer que tiene deterioro cuando aparecen estos lapsus de pensamiento, pero no siempre es así.

“Todos tenemos momentos en los que el nombre o el título de una película está justo en la punta de la lengua, pero esos eventos son diferentes de los tipos de lapsus que pueden ser señales de advertencia de demencia”, apuntan expertos en geriatría del hospital Johns Hopkins.

Como se sabe, nuestra memoria es selectiva. “Olvidar es una función normal del cerebro, es algo fisiológico porque si lo recordáramos todo sería un grandísimo problema”, asegura el doctor Alberto Villarejo, del grupo de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Los investigadores creen que podría tratarse de una función de adaptación del cerebro. Este mecanismo para detener la acción y el pensamiento, podría haber evolucionado hace mucho tiempo como una manera de “resetear” nuestra cognición y permitir que se centre en algo nuevo.

Es decir, que existen diversas teorías y factores que pueden desencadenar esos despistes. Por un lado, el olvido de lo que estábamos a punto de decir puede deberse a que «un acontecimiento inesperado borra lo que estábamos pensando». Puede ser un ruido, como el teléfono, el timbre de la puerta, el ladrido de un perro, o el llanto de un niño… También por alguien que pasa muy cerca nuestro y nos sobresalta.

Ante este imprevisto, el cerebro se para en seco y todos sus pensamientos cesan momentáneamente para valorar la gravedad o importancia de ese evento distractor. Es un sistema de frenado natural o lo que los psicólogos llaman, el ‘descarrilamiento del tren de pensamiento’.

Un fenómeno con un curioso nombre que se debe a que «las ideas, a lo largo de un discurso, están unidas unas a otras, como los vagones de un tren y una distracción puede hacer que perdamos el hilo de nuestros pensamientos», según publica La Mente es Maravillosa.

Y el responsable del descarrilamiento de nuestras ideas es el sistema de frenado del cerebro, el mismo que nos hace quedarnos paralizados cuando se produce algo inesperado en la vida diaria que nos sobresalta, como, por ejemplo, el sonido de pito de un carro cuando vamos a cruzar una calle.

Hay evidencias de que el mismo sistema del cerebro que participa en la interrupción del movimiento de nuestro cuerpo es el que también interrumpe el pensamiento y nos hace perder el hilo.

Otra de las causas de estos despistes cotidianos tiene que ver con la ubicación espacial. «Si estoy en el salón y voy a la cocina por unas tijeras, cuando cambio de estancia ya he salido del lugar donde se creó el recuerdo, por lo que este se desvanece. Si no recuerdo que he ido a por las tijeras, la mejor técnica es volver al salón”, añade Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y experto en salud cerebral.

Por eso, «no recordar dónde se ha dejado el celular no es un problema de memoria, sino que uno lo deja cuando estaba haciendo otra tarea y lo hace de modo inconsciente”, apunta el Dr. Villarejo.

También entran en juego otros factores como el estrés; un día muy ocupado, dormir mal e incluso algunos medicamentos, que pueden causar ‘interferencias’ en nuestro cerebro.

Signos de alarma

Ahora bien, lo anterior no evita que, en ocasiones, el olvido deje de ser un mecanismo de optimización cerebral para dar pistas de un claro deterioro cognitivo. Y es que cuando alcanzamos una edad avanzada, el rendimiento de nuestra memoria suele sufrir un declive. Este fenómeno, tal y como se dijo, se conoce como “deterioro cognitivo relacionado con la edad” o “trastorno cognitivo leve (DCL)”. Y se trata de un olvido común que ocurre en personas sanas.

Es normal que las personas que lo experimentan se quejen y muestren su inquietud pero se trata de un proceso natural, no patológico, que la afecta a la memoria cotidiana (no recordar que teníamos una cita o dónde hemos dejado algún objeto) sin alterar ninguna otra función cognitiva. Por lo que el impacto en la vida del individuo es mínimo.

La cosa cambia cuando además de fallos en la memoria, empiezan a aparecer problemas de comunicación, de orientación, de razonamiento y de conducta. Por ejemplo, de vez en cuando, todos olvidamos qué día de la semana es, pero lo recordamos enseguida. Por el contrario, si no sabes qué día o qué hora es (aunque intentemos averiguarlo) y no puede recordar citas a pesar de ponerlas en el calendario o haber recibido numerosos avisos por parte de la familia… malo. En estos casos probablemente estemos ante una demencia. Por eso es importante no esperar y acudir al especialista en cuanto detectemos estos pequeños cambios, antes de que lleguen episodios de agresividad, desconfianza o actos inapropiados.

Es normal poner las cosas en el lugar equivocado, darse cuenta del error y volver sobre nuestros pasos para recuperarlas. Lo que no lo es normal es ser incapaz de averiguar dónde podrían estar esas pertenencias perdidas, poner las cosas en lugares cada vez más inusuales y sospechar, sin evidencia, que las personas que viven contigo te las han robado.

Otra situación muy común es perderse mientras conduces, caminas o vas en transporte público a un lugar nuevo. Pero conducir o caminar durante mucho tiempo sin darse cuenta de que estás perdido u olvidar por completo dónde estás, y no pedir ayuda, podría ser un signo de demencia. Como también lo es desorientarse en lugares familiares o perder la capacidad de leer un mapa o seguir las señales de tráfico.

El reconocimiento precoz del DCL es muy importante, porque, en algunos casos, existe una causa tratable y permitirá incluir medidas preventivas, medidas terapéuticas y planificar los cuidados. Entre las medidas preventivas y terapéuticas frente al deterioro cognitivo, destaca el papel de la intervención nutricional que puede ayudar a preservar la salud cognitiva en estos pacientes el mayor tiempo posible.

En definitiva, la mayoría de las veces, los lapsus de memoria no son motivo de preocupación. Pero si los despistes van a más y está preocupado por usted o por un ser querido, vale la pena hablar con su médico. (DLH)

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Eficacia de la quimioterapia varía por la hora de aplicación

El conocimiento preciso de las horas adecuadas para la ‘quimio’ ayudarán a luchar contra el cáncer.

Un estudio confirmó que el cerebro restringe la entrada de sustancias extrañas a ciertas horas, lo que incluye los químicos con que se busca combatir tumores.

MADRID. Una nueva investigación sobre la barrera hematoencefálica del cerebro sugiere que la eficacia de la quimioterapia puede variar de acuerdo con la hora del día, según publican los investigadores en la revista ‘Frontiers in Oncology’.

La barrera hematoencefálica impide la entrada de sustancias extrañas en el cerebro como protección contra toxinas y gérmenes, pero ello hace que el tratamiento de los tumores cerebrales sea más complicado ya que también bloquea la quimioterapia que podría combatirlo.

William Walker, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia Occidental (Estados Unidos), está investigando si la barrera hematoencefálica es más propensa a admitir los fármacos de quimioterapia en diferentes momentos del día.

Su estudio, financiado por los Institutos Nacionales de la Salud, demuestra que la barrera hematoencefálica es dinámica y no estática, y sugiere que los tratamientos de quimioterapia debidamente programados podrían llegar mejor a los tumores a los que se dirigen.

«No somos los primeros en demostrar que la cronoquimioterapia es beneficiosa, pero sí somos los primeros en demostrar que es beneficiosa en el tratamiento de las metástasis cerebrales», explica Walker, becario postdoctoral en el Departamento de Neurociencia.

Walker y sus colegas administraron quimioterapia a ratones con cáncer de mama, que había viajado al cerebro. Algunos de los ratones recibieron los tratamientos a la luz del día, cuando los ratones -al ser nocturnos- suelen estar en reposo. Los otros animales los recibieron en la oscuridad, un entorno que se asemeja más al periodo de actividad de los ratones.

Descubrieron que la quimioterapia que administraron durante la fase oscura mataba más células tumorales cerebrales que las administradas en la fase luminosa. Los tratamientos de quimioterapia en la fase oscura también consiguieron retrasar mejor los síntomas neurológicos, como patrones de marcha extraños y pérdida de control muscular. Además, aumentaron la tasa de supervivencia media en aproximadamente un 20%.

«En todos nuestros proyectos, intentamos preguntarnos: ‘Si vemos un efecto molecular, ¿se traduce? ¿Tiene alguna relevancia funcional? –explica Walker–. Hasta cierto punto, podría ser inútil si aumentamos la cantidad de quimioterapia dentro del tumor cerebral en un momento determinado, pero no vemos ninguna diferencia funcional, no mejoramos la supervivencia o no mejoramos los cambios en el déficit neurológico. Por tanto, estos resultados fueron estupendos de ver».

Los investigadores aun mantienen dudas sobre si fluctúa también la barrera hematoencefálica humana y, si lo hace, si es más receptiva a la quimioterapia de día o de noche, o sobre si las fluctuaciones reflejan el hecho de que los humanos son criaturas diurnas (más activas durante el día), o son un efecto de la propia exposición a la luz.

«Esas son las preguntas que William Walker estudiará cuando deje este laboratorio y empiece el suyo propio», asegura Randy Nelson, presidente del Departamento de Neurociencia, director del Centro de Investigación y Educación en Neurociencia Fundamental de la WVU y mentor de Walker.

Normalmente, las personas que reciben quimioterapia reciben sus tratamientos durante el día -en horario laboral-, pero «si se da el caso de que las personas son más como las moscas, y la barrera hematoencefálica del cerebro se abre por la noche, entonces ese podría ser el mejor momento para administrar la quimioterapia«, apunta Nelson.

«Hace años que se ha demostrado que la cronoquimioterapia es beneficiosa para el cáncer periférico, pero, por alguna razón, esa ciencia básica no se está trasladando a la práctica clínica –añade Walker–. Creo que es un paso importante. Ese es mi objetivo al crear mi propio laboratorio: intentar concienciar a la población para que podamos trasladar parte de la ciencia básica que vemos a la práctica clínica para mejorar los resultados de los pacientes». (EUROPAPRESS)

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La covid eleva el riesgo de accidentes cerebrovasculares

Enfermos desarrollaron, sobre todo, ictus isquémico, hemorragia intracraneal e inflamación cerebral.

Un equipo de investigadores estadounidenses descubrió que la enfermedad aumenta el riesgo de isquemias, hemorragias y otros problemas un 1,2%.

MADRID. El mayor estudio internacional multiinstitucional realizado hasta la fecha sobre las complicaciones de la Covid-19 en el cerebro ha descubierto que aproximadamente uno de cada 100 pacientes hospitalizados probablemente desarrollará complicaciones del sistema nervioso central, como derrames cerebrales, hemorragias y otras complicaciones potencialmente mortales.

«Se ha escrito mucho sobre los problemas pulmonares generales relacionados con la Covid-19, pero no se suele hablar de los otros órganos que pueden verse afectados –señala el autor principal del estudio, el doctor Scott H. Faro, profesor de radiología y neurología y director de la División de Neurorradiología/Imagen de Cabeza y Cuello de la Universidad Thomas Jefferson, en Estados Unidos–. Nuestro estudio demuestra que las complicaciones del sistema nervioso central representan una causa importante de morbilidad y mortalidad en esta devastadora pandemia».

El doctor Faro inició el estudio, que se presenta en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA), tras descubrir que la literatura existente sobre las complicaciones del sistema nervioso central en pacientes infectados por covid hospitalizados se basaba en un número relativamente pequeño de casos.

Para obtener una imagen más completa, él y sus colegas analizaron casi 40.000 casos de pacientes positivos a la Covid-19 hospitalizados de siete hospitales universitarios de Estados Unidos y cuatro de Europa occidental. Los pacientes habían ingresado entre septiembre de 2019 y junio de 2020. Su edad media era de 66 años, y había el doble de hombres que de mujeres.

La causa más común de ingreso fue la confusión y la alteración del estado mental, seguida de la fiebre. Muchos de los pacientes tenían comorbilidades como hipertensión, enfermedad cardíaca y diabetes.

Hubo 442 hallazgos agudos de neuroimagen que se asociaron probablemente a la infección viral. La incidencia global de complicaciones del sistema nervioso central en este amplio grupo de pacientes fue del 1,2%.

«De todos los pacientes ingresados que se sometieron a pruebas de imagen, como una resonancia magnética o una tomografía computarizada del cerebro, el examen fue positivo en aproximadamente el 10% de las ocasiones -señala el doctor Faro–. La incidencia del 1,2% significa que un poco más de uno de cada 100 pacientes ingresados en el hospital con Covid-19 va a tener algún tipo de problema cerebral».

La complicación más común fue el ictus isquémico, con una incidencia del 6,2%, seguido de la hemorragia intracraneal (3,72%) y la encefalitis (0,47%), una inflamación del cerebro.

Los investigadores también descubrieron un pequeño porcentaje de hallazgos inusuales, como la encefalomielitis aguda diseminada, una inflamación del cerebro y la médula espinal, y el síndrome de encefalopatía posterior reversible, un síndrome que imita muchos de los síntomas de un ictus.

«Es importante conocer una incidencia precisa de todas las complicaciones importantes del sistema nervioso central –destaca–. Probablemente debería haber un umbral bajo para pedir imágenes cerebrales a los pacientes con Covid-19«. (EUROPAPRESS)

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Qué es el cerebro pandémico y como afecta en el diario vivir

Problemas. Los expertos aseguran que los niveles de estrés no afectan a todas las personas por igual.

Científicos alrededor del mundo definen como cerebro pandémico a la serie de dolencias que está sufriendo el cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado la capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas del cerebro.

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

 

Atención

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

 

TOME NOTA 
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, 
impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro.

 

No a todos les pasa lo mismo

Como en todo, el cerebro pandémico afecta más a unos que a otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometidos.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social, que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

 

Cómo enfrentarlo

Los especialistas señalan que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas, como el retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas.

Sin embargo, si este tipo de actividades no funcionan, es recomendable visitar un especialista que ayude a canalizar los sentimientos para que tanto la mente como el cuerpo puedan entrar en mejor armonía y enfrentar todo lo que está dejando la pandemia a causa del Covid-19. (RCM)

 

Para liberar el estrés

Respiración consciente: concéntrate en la respiración por un minuto. Inhala y exhala. Prueba con dos o tres minutos la segunda vez.

Observación atenta: elige un objeto en el entorno inmediato, como un florero o el paisaje. Concéntrate en él por 2 minutos. La mente estará más despejada.

Conciencia consciente: elige una actividad que hagas todos los días, como abrir una puerta o comer. Aprecia el objeto como si fuese la primera vez.

Escuchar atentamente: selecciona una pieza de música. Puede ser algo nuevo o algo que no hayas escuchado antes. Sumérgete en los detalles y en la composición.

Inmersión consciente: en lugar de desear terminar una tarea rutinaria, experimenta dicha tarea como nunca. Explora cada movimiento de ella.

Aprecio consciente: identifica cinco objetos clave para tu vida, pero que pasan inadvertidos: el parque, tu computadora. Ahora, agradéceles.

Estrés, qué daños causa en el cerebro

Atención. Durante la pandemia los niveles de estrés en las personas se han incrementado.

El estrés es un componente normal de la vida. La respuesta de estrés ha sido seleccionada evolutivamente para hacer frente a amenazas ambientales que ponen en peligro la supervivencia.

Es decir, es un estado de tensión aguda que se produce cuando tenemos que reaccionar ante una situación que se percibe como amenaza.

La vida actual cuenta con altas demandas laborales y familiares y con un ritmo de vida acelerado, lo que supone un desafío constante. Este estilo de vida frenético favorece la aparición de estrés.

A eso hay que añadirle que el momento que se vive actualmente, como consecuencia de la pandemia por el Covid-19, ha aumentado el estrés social. Una situación excepcional que genera incertidumbres sobre el futuro, la salud, la situación económica.

Estas circunstancias pueden generar respuestas negativas de estrés. Y si bien el ser humano dispone de mecanismos para hacerle frente, el impacto del estrés dependerá de la percepción individual. Ante una misma situación de estrés cada persona puede reaccionar de maneras muy diferentes en función de múltiples factores (personalidad, apoyos sociales, experiencias previas).

Cómo sea esta percepción determina cuál será la respuesta neurobiológica al estrés. Si se somete a un estrés muy intenso o repetido, o si sencillamente se percibe como impredecible e incontrolable, puede tener consecuencias importantes para la salud, especialmente para el cerebro.

 

EL DATO
Según los expertos la depresión será en los próximos años 
otra de las pandemias con las que tendremos que convivir.

 

¿Qué daños causa?

Cuando el estrés hace sentir que la situación escapa de control, se produce un aumento de una de las hormonas del estrés, el cortisol. Como en todo en la vida, hormonalmente se necesita un equilibrio.

El cortisol es necesario para regular numerosas funciones. Pero cuando se rompe ese equilibrio, puede alterar numerosos genes que afectan al sistema inmune y a procesos tan importantes como a la neuroplasticidad.

La neuroplasticidad podría definirse como la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a nuevas experiencias.

Esta le permite al ser humano adaptarse y aprender de las nuevas situaciones, además de hacer frente a circunstancias adversas. Lo malo es que el estrés actúa reduciendo la neuroplasticidad y, por tanto, afecta el cómo se enfrentan los problemas.

Además, cuando el estrés sobrepasa los límites, el organismo reacciona de la misma manera que si se tratara de un proceso infeccioso, es decir, movilizando a las células que combaten una infección, aunque no exista.

 

Efectos del estrés en el cerebro

  1. Causa alteraciones en las neuronas.
  2. Hace cambiar la estructura cerebral.
  3. Reduce el volumen cerebral.
  4. Afecta a la memoria.
  5. Hace aumentar el riesgo de padecer trastornos mentales.

 

Esto recibe el nombre de inflamación. El estrés es capaz de provocar reacciones en el organismo similares a las producidas por una infección.

Además, la exposición al estrés también modifica el comienzo y el curso de muchas enfermedades neurodegenerativas, entre ellas la enfermedad de alzheimer, que entre otras cosas se relaciona con alteraciones inflamatorias y de la plasticidad nerviosa.

Los expertos aseguran que el ejercicio físico, una alimentación equilibrada, los apoyos sociales y la meditación son algunos ejemplos de estrategias que reducen sus efectos. (Fuente BBC News)

 

Sufrimiento cerebral por el estrés

Aunque el estrés puede producir problemas cardíacos, digestivos, inmunológicos y otras reacciones en el cuerpo, sin duda el cerebro suele ser el peor parado.

Los cambios en el cerebro pueden ser responsables de la aparición de numerosos trastornos neuropsiquiátricos, como el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad y, sobre todo, la depresión.

Se cree que la depresión será la enfermedad más diagnosticada en las próximas décadas. Posiblemente una de cada seis personas sufrirá al menos un episodio de depresión a lo largo de su vida.

Por una carga fuerte de estrés una persona podría llegar a caer en un estado que se conoce con el término de desesperanza.