Hacia una paternidad corresponsable y activa

Publicado 20 de junio de 2021

Un documento elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés) da pautas sobre lo que significa ser un padre involucrado y corresponsable en tiempos de Covid-19. Pero esas ideas no se aplican solo en la situación actual, sino en cualquier circunstancia de la vida moderna en que muchos progenitores varones se muestran dispuestos a asumir nuevas formas de paternidad.

Una de las pautas que destaca Unicef es organizar los tiempos de manera equilibrada con la madre para que ambos puedan cumplir sus responsabilidades laborales, pues ningún trabajo es más importante que el otro. Esto incluye dividirse las tareas domésticas, de modo que no se conviertan en una carga para la mujer.


La división de funciones debe incluir asignar a cada progenitor espacios de tiempo para descansar y realizar actividades diarias de autocuidado personal.

Unicef señala que otro aspecto importante es enseñar a los niños a resolver los conflictos entre ellos, y, para eso, nada mejor que el ejemplo.

El documento añade que un punto fundamental es que “el padre ofrezca cuidado de calidad y esté presente y atento a las necesidades de sus hijos”. Con esto coincide la psicóloga familiar Isabel González, quien señala que los “tiempos actuales deben ser vistos y aprovechados como una oportunidad para replantear los esquemas mentales sobre lo que significa ser padre”.


La profesional dice que las situaciones derivadas de la crisis del coronavirus no permiten establecer modos de convivencia a los que llama “padres virtuales”; en estos, el jefe de hogar está presente físicamente, pero ausente de las labores cotidianas y de las decisiones hogareñas como si estuviese trabajando fuera del hogar.

González sostiene que “afortunadamente los esquemas sociales ya no son tan rígidos como solían serlo”. Y que muchas barreras como la negativa a asumir las tareas de la casa y el cuidado de los hijos como labores también masculinas van cayendo poco a poco.


Por ello, la psicóloga confía en que los períodos de confinamiento hayan servido para “cambiar algo más las relaciones de convivencia familiares y los padres asuman su nuevo rol con menos complejos”.

Entre los consejos que los profesionales en temas de convivencia familiar dicen que se deben aplicar para aumentar y mejorar la relación padre-hijos están, por ejemplo: tomar al menos 20 minutos diarios para realizar una actividad compartida, de preferencia jugar. Acompañar a los pequeños en las tareas escolares. Crear con los hijos hábitos saludables de cooperación en la familia. Y, en el caso de los más pequeños, disfrutar del recién nacido.

Existen, también, pautas que deberían seguir los padres cuando no viven con los menores. Una de ellas es mantener una buena relación con la madre de los pequeños, especialmente en situaciones excepcionales como la derivada de la pandemia. El bienestar de los niños debe estar en el centro de las conversaciones y los acuerdos.

En los momentos en que no se esté presente, se debe mantener el contacto con los hijos por medio del teléfono y las videollamadas. Y cuando los niños están con el padre, este debe favorecer el contacto virtual de ellos con la madre.

Finalmente, aunque el coronavirus ha afectado el bolsillo de la mayoría, se deben respetar los acuerdos económicos hasta donde sea posible.

Para mostrar cómo transcurren las nuevas paternidades, LA HORA presenta este especial con historias y datos sobre lo que significa ser padre en la actualidad.


EN CASA

Ser amo de casa aún trae prejuicios

Una paternidad en reivindicación

“De un momento a otro me tocó cambiar de chip. Me quedé sin camello y a mi esposa le dieron un ascenso en el suyo. Con una hija pequeñita, nos sentamos y decidimos que yo me ocupe de todas las vainas de la casa”. Esteban Zamora, 39 años, explicó que, antes del cambio de roles, él no se comprometía a compartir responsabilidades con su pareja.

Desde hace tres meses, entre errores y temores, ha ido desempolvando sus viejas habilidades en la cocina; le ha ido cogiendo el tino al cuidado de su pequeña Andrea. “El ascenso de Jéssica vino con aumento de sueldo; pero también con viajes constantes entre Quito y Ambato. Soy amo de casa y cuando tengo un poco de tiempo leo cosas en internet sobre administración y negocios”, dijo.

Esteban trabajó durante 10 años como supervisor en una fábrica textil. Ahora sueña con ponerse un pequeño negocio; tal vez una ferretería o una tienda de abarrotes. Todavía no sabe cuándo lo podrá hacer. “Estamos pagando la casita y antes tuvimos que ayudar a mi suegra con unos gastos médicos. Tratamos de economizar e ir juntando un poco de platita para ir saliendo de deudas; y luego, sí, pensar en el negocio”, añadió.

Para Esteban aún hay un prejuicio sobre los hombres y las tareas del hogar; pero no se siente menos. En un futuro se ve compaginando su emprendimiento con el cuidado de su pequeña. “La vida es de momento; de subidas y bajadas. Siempre se aprenden cosas y se crece un poquito como persona”.

Al padre, amo de casa, le enorgullece que Jéssica tenga mejor puesto y sueldo; eso no le hace, aseguró, menos hombre. “Mis sueños de emprendimiento siguen fuertes”, sentenció. Una paternidad en reivindicación

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Evolución de empleo no remunerado

Género 2017 2018 2019 2020 2021
191.973 205.950 237.736 259.861 342.095
468.920 521.828 560.656 624.756 646.588

Número de hombres con labores no remuneradas en el hogar

Año 2017 2018 2019 2020 2021
Total 86.388 92.678 106.981 116.937 153.943
EN APOYO

Un colectivo lucha por la paternidad

Una paternidad en reivindicación

Copaternidad Ecuador es un colectivo creado por padres que, tras la separación con sus parejas, perdieron contacto con sus hijos. No porque hayan querido, sino porque – según explican– los jueces conceden todos los derechos a las madres y el rol del padre se relega a entregar una pensión alimenticia y a regímenes de visita que, con el tiempo, pueden convertirse en años sin ver a sus hijos.

“También es un estereotipo de género anular su rol en la crianza de los niños”, decía Diego Rivadeneira de la fundación ‘Padres por Justicia’, durante un plantón realizado a las afueras de la Corte Constitucional (CC), el 17 de junio de 2021.

Rivadeneira relata que hay padres que llevan seis y hasta 10 años sin ver a sus hijos, sin que las autoridades tomen carta en el asunto. Hace seis años, Copaternidad Ecuador presentó una demanda ante la CC por inconstitucionalidad dentro del Código de la Niñez bajo los argumentos de “vulneración de principio de igualdad”, “violación de corresponsabilidad parental” y “discriminación al perpetuarse estereotipos en los roles de las mujeres”.

Santiago Villarreal es miembro fundador del colectivo Copaternidad Ecuador. La iniciativa está conformada por aproximadamente 2.000 personas a escala nacional. En la organización, además de padres, hay miembros de familia ampliada como abuelos, tíos o hermanos. “El tema que nos une es justamente la obstrucción de los vínculos parentofiliales que se da por esta forma del Código de la Niñez que da la tenencia absoluta a las madres”, explica Villarreal.

Su lucha comenzó en 2009. Tras divorciarse, pasó un año sin ver a su hija y por más de una década luchó por ampliar el tiempo de visitas. “El Estado debe garantizar las relaciones armónicas y permanentes de los niños con sus familias (...) se da una exclusividad solo a la familia materna”.

Este Día del Padre, Villarreal hace un llamado a la CC a que se promueva una maternidad y una paternidad en igualdad de condiciones y al Estado para fomentar este precepto.(AVV)

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EN SACRIFICIO

Cuando todo parece difícil, la paternidad se impone

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Aprendió del oficio viendo cómo otros lo hacían. Trabaja 25 años en la zona colonial de Quito. Es lustrabotas y forma parte de los 15 betuneros que están en la calle Chile, entre la Venezuela y la García Moreno. Marco Herrera es un padre con discapacidad, tímido y dedicado a su trabajo al 100%.

De él dependen sus hijos y su esposa, quien se quedó sin trabajo desde la emergencia sanitaria. Pertenece a los Comerciantes Autónomos (PUCA) que están acreditados como los comerciantes más antiguos del Centro Histórico.

Por limpiar un par de zapatos normales, cobra entre USD 0,50 y USD 0,60; si es botín, USD 1; si es bota alta o zapato deportivo, USD 2. Con eso mantiene a su familia. Cuando le va bien, se va a casa con USD 20. Cuando no, con menos de USD 5.

Su peor enemigo, dice, son los cierres de la plaza de la Independencia, ya que espantan y asustan a los clientes y es pérdida para él. Al día, tenía hasta 30 personas que llegaban a hacer lustrar sus zapatos, a raíz de la Covid-19 disminuyeron a ocho o seis personas.

De lunes a viernes, desde las 06:00, se ubica en uno de los arcos frente al Palacio Arzobispal, hasta las 18:00. Cuenta con un asiento de madera que tiene soporte para que el cliente coloque el pie. El Municipio se lo facilitó años atrás, y costaban USD 600, pero le dieron la opción de pagarlo en cuotas.

Marco Herrera recibe el bono del Gobierno con el cual logra costear sus servicios básicos y diario vivir. Ya tiene la vacuna contra el coronavirus y eso le permite trabajar con más confianza.

Además tiene un defecto de nacimiento conocido como pie equinovaro, que es una deformidad congénita de esa parte del cuerpo. Su discapacidad física y la Covid-19 no lo cohíben de salir a trabajar. “Confiando en Dios que nos provee todo es como se puede salir adelante”.

Mientras sale a laborar, sus hijos y su esposa se quedan en casa. Su mayor anhelo es verlos crecer y ayudarlos a que se conviertan en unos profesionales. Para ellos se sacrifica; aunque el mundo esté en pandemia. Una paternidad en reivindicación

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EL SERVICIO

Se puede ser funcionario público y padre, aunque el tiempo sea escaso

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La historia de Virgilio Saquicela Espinoza, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, está ligada, desde sus orígenes, a la política. Lo heredó de sus padres, Virgilio Saquicela Toledo (fallecido) y su madre, Ana Cecilia Espinoza, quienes también ocuparon cargos de elección popular en la provincia del Cañar.

Desde niño sabía lo que era estar inmerso en el mundo de la política. En el presente tiene dos hijos. Ana Belén (12 años) y Virgilio Alexander (7 años), que, junto a su madre, Yesenia Castillo, están radicados en Quito. Los pequeños estudian telemáticamente en un centro educativo de Azogues. Ellos ya saben a lo que se dedica su padre y lo han acompañado a recorridos políticos y se han adaptado al trajinar de las campañas electorales.

Aunque el tiempo es escaso para estar con ellos, el asambleísta trata de apoyarse en las herramientas tecnológicas para estar cerca. Sin embargo, las apretadas agendas no siempre lo permiten. Cuando está en casa, deja en la puerta su cargo público y se convierte en el padre de familia que asume el rol de amigo, consejero y maestro, principalmente de matemáticas.

“La familia es la más sacrificada”, asegura. Su carrera profesional, el ejercicio del Derecho, quedó de lado a la hora de asumir cargos públicos. Apela a la conjugación de roles y al diálogo como las claves para que un padre de familia no se convierta en una figura ausente que aparece en casa esporádicamente o desde la lejanía de un dispositivo digital.
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