Pactos y cuartelazos



La Historia Patria está jalonada de hechos de nuestra vida política que se han dado por llamar “pactos” y “cuartelazos”.


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Hoy mismo, los corrillos políticos, las redes, la prensa escrita, digital o hablada, comentan y especulan respecto de los contactos y acuerdos a los que está arribando el Presidente Electo y sus asesores con los partidos y grupos que integrarán la Asamblea Nacional en su renovada actividad.

Voy a pasar revista a aquellos acontecimientos que los conozco muy de cerca, ya por haber sido protagonizados por familiares míos, ya por haber estado en “el ojo del huracán”, (como solía decir el inolvidable amigo Patricio Quevedo Terán), ya haberlos oído narrar por quienes los gestaron, o sea de “primera mano”.

Alianzas, acuerdos, compromisos tácitos han sido cuestión de “todos los días” en el quehacer de nuestra, a veces trágica y a veces gloriosa, vida republicana. No conozco de ninguno que se haya escriturado, pues todos hicieron honor a su nombre genérico de “pacto de caballeros”. Los que no tuvieron este mote, tuvieron otro, “cuartelazo”, ya por maniobras desleales de los propios militares, ya porque cedieron al “toque de las puertas de los cuarteles”, como eufemísticamente se llamaban los clamores políticos para que “los milicos” se hiciesen cargo del Poder.

Tengo para mis adentros que dos de estas alianzas o acuerdos, tildados en la jerga política como “pactos” o “componendas”, fueron los más trascendentes en la vida nacional de los últimos 80 años: La “Gloriosa” del 28 de mayo de 1944 y el “Pacto Mordoré” de1968, sin desconocer la importancia que tuvieron otros compromisos políticos que también “hicieron historia”, algunos caben mencionar.

LA GLORIOSA
La Revolución del 28 de mayo de 1944, llamada “Gloriosa” por sus panegiristas y “traicionada” por sus detractores, comenzó a gestarse en una fecha igual de 1942. En ese día, ciudadanos de toda condición social y política asistieron a una conferencia patriótica del Capitán Leonidas Plaza Lasso en condena del írrito Protocolo de Río de Janeiro, que se había suscrito el 29 de enero.

Enardecidos los espíritus y los ánimos, varios de los concurrentes resolvieron “asaltar” el Palacio Nacional, situado a media cuadra del lugar en que se sustentó la conferencia, que fue el Salón de la Universidad Central en la calle García Moreno.

El Gobierno del Dr. Arroyo del Río señaló como cabecillas del frustrado “ataque” al Capitán Plaza, a Pedro Velasco Ibarra y a Luis Felipe Borja Del Alcázar, personajes estrechamente vínculos con quien ya había sido Presidente de la República y que lo sería por cuatro veces más, el hermano de Don Pedro y con quienes ocuparían el Solio años más tarde: Galo Plaza Lasso y el Dr. Rodrigo Borja Cevallos.

El padre de este último no fue aprehendido pues logró fugarse hasta el Perú en tremenda odisea, más los otros dos si dieron con sus huesos en el Penal García Moreno, en el cual purgaron su civismo, Don Pedro por casi dos años y Leonidas hasta 1944, año en el cual recibió una amnistía de parte, por feliz coincidencia, del Dr. Velasco Ibarra.

A raíz de aquel acontecimiento y producto de la cada vez más fuerte impopularidad del Dr. Arroyo, todas las fuerzas políticas se agruparon en la llamada Alianza Democrática Ecuatoriana, ADE; políticos de tan variada ideología, pero de igual espíritu cívico, como los doctores Mariano Suárez Veintimilla, Manuel Agustín Aguirre, Camilo Ponce Enríquez, el Coronel Luis Larrea Alba, Guillermo Laso, más conocido como “Lolo” y Julio Teodoro Salem, fueron quienes representaron a las variopintas tendencia políticas en esta agrupación. El éxito de esta alianza, que culminó el 28 de mayo de 1944, no necesita ser narrado pues que han “corrido ríos de tinta” tanto para destacar sus innegables conquistas, como para atacarla.

En agosto de 1947 se produce otra alianza cívica de gran importancia. Superado el intento dictatorial conocido como “El Manchenazo”, asume el Poder el Dr. Mariano Suárez Veintimilla en su calidad de Vicepresidente y en razón de la “renuncia” del Dr. Velasco Ibarra. Con ejemplar desprendimiento el Dr. Suárez -que bien pudo quedarse en el Palacio hasta el 31 de agosto de 1948- acuerda con todos los grupos políticos convocar, cuánto antes, a un Congreso Extraordinario para que éste designe al nuevo Presidente de la República que complete el periodo del derrocado Dr. Velasco Ibarra. No es nada nueva, por tanto, la actual coyuntura de un Presidente “a medio camino” o a “medio tiempo”, como me animo a calificar el trance de Daniel Noboa Azín.

Efectivamente, el Congreso se reúne el 16 de septiembre, y designa al patricio guayaquileño Carlos Julio Arosemena Tola como Primer Mandatario y el ilustre filósofo quiteño Dr. José Rafael Bustamante Cevallos como Vicepresidente. El Dr. Suárez, luego de dar ejemplo de sus altas virtudes republicanas, no se retira a “sus cuarteles de invierno” sino que sigue en su pujante actividad política como dirigente del Partido fundado por Juan León Mera en 1883.

Estabilidad democrática
En 1948, ciudadanos “independientes”, nombre otorgado a aquellos que no profesan una doctrina política encasillada como Partido, pero no si se duelen del País, se agruparon espontáneamente en torno a la figura de Galo Plaza Lasso y frente a la sólida candidatura del conservador Dr. Manuel Elicio Flor Torres. La simpatía personal que despertada Don Galo, sus antecedentes como Presidente del Concejo de Quito, Embajador en Washington y, como tal, suscriptor de la Carta de las Naciones Unidas en 1945, hacendado ejemplar, fueron los móviles para que la voluntad popular le llevara a la Presidencia.

Igual acuerdo político de ciudadanos que piensan ante todo en el futuro de la Nación, se produjo en 1956, en torno al gran estadista Dr. Camilo Ponce Enríquez, con la formación de Alianza Popular, agrupación que, en la Sierra, tuvo como dirigentes, a la cabeza, mi padre, a compatriotas no militantes en Partido alguno. Esta candidatura se enfrentó a otra gran unión de militantes liberales, socialistas, independientes y de izquierda que conformaron el llamado Frente Democrático Nacional, liderados por Raúl Clemente Huerta.

La ruptura de gobiernos democrático concluyó con un nuevo cuartelazo cuya ineficiencia llevó a una de las graves crisis económicas y fueron los militares derrocados en las calles y frente al caos nuevamente, al igual que en la Gloriosa todos los sectores políticos buscaron una salida a la crisis y nombraron a un ilustre y brillante desconocido empresario guayaquileño, Clemente Yerovi Indaburu quién en ocho meses (29 marzo al 16 noviembre de 1966) ordenó el País y la economía, convocando a una Asamblea Constituyente que lo primero que hizo fue declararse el único poder del Estado ante lo cual el Presidente auto declaró concluido su mandato y se reintegró a su vida de empresario exitoso.

Las fuerzas del llamado Frente Democrático, que tenía mayoría nombro como Presidente del Congreso al Dr. Andrés F. Córdova Nieto y por ende se elegiría a Raúl Clemente Huerta como Presidente. Las maniobras y las habilidades legislativas que a decir del Dr. Córdova en “política hasta de tuestan granizos”, llevó a pedir el retiro al candidato Camilo Ponce y con hábiles maniobras y deserciones Otto Arosemena Gómez consigna su voto por el mismo, y así fue electo con una mayoría de medio voto.

EL PACTO MORDORÉ
En 1968 tiene lugar un gran acuerdo cívico de fuerzas dispares: aquellas que se habían agrupado en 1956 como el Frente Democrático Nacional, y el conglomerado humano llamado Velasquismo volvieron a enfrentarse y como se elegía por separado Presidente y Vicepresidente, el compañero de fórmula del Dr. Velasco Ibarra no obtuvo los votos necesarios y el Dr. Jorge Zabala Baquerizo, de la candidatura liberal, siendo la causa de esta convergencia cívica y civilizada que la agudeza de la “sal quiteña” llamó el “Pacto Mordoré”.

Fue una auténtica demostración de querer para poder ya que las circunstancias eran poco propicias para la gobernabilidad que tanto anhelaban unos y otros: velasquistas y liberales, éstos últimos mayoría dentro del Frente Democrático. No debe confundirse esta estructura de la campaña de 1968 con el Partido que fundará más tarde el Dr. Rodrigo Borja, movimiento que nace, precisamente como repudio al “Pacto Mordoré”.

Así pues, los líderes parlamentarios Doctores Carlos Conejo Orbe y Raúl Clemente Huerta Rendón, conjuntamente con los dirigentes partidistas, el liberal Dr. Arsenio Vivanco Neira y el velasquista Galo Martínez Merchán, llegaron a un armonioso acuerdo “a nivel legislativo” (yo lo llamaría de “coexistencia”), por el cual aquellas iniciativas del Ejecutivo serían tratadas con agilidad en el seno de las entonces Cámara del Senado y Cámara de Diputados, cuyas dignidades fueron puestas bajo la responsabilidad de Juan Alfredo Illingworth Baquerizo, como Presidente del Congreso y, por ende, del Senado, y de los doctores Huerta Rendón y Cornejo Orbe como Presidente y Vicepresidente de Diputados.

Preguntado sobre el particular, el Presidente Electo manifestó enfáticamente: “no es un pacto como se lo entiende entre nosotros; es un acuerdo de hombres honrados que unen esfuerzos para hacer Patria”.

El Director del Liberalismo y Senador de la República, Dr. Arsenio Vivanco Neira, fue más explícito: “No existe un pacto con el Velasquismo, sino un convenio cuya finalidad fue la organización del Congreso. El Partido creyó interpretar la voluntad popular que triunfó en las elecciones, el Velasquismo eligiendo al Dr. Velasco Ibarra y el Liberalismo al Dr. Jorge Zavala. Se ha hecho este convenio a nivel legislativo con el único afán de respetar la voluntad popular y de hallar una fórmula que signifique la estabilidad democrática del país, el respeto a las instituciones, para que dentro de ellas podamos los ecuatorianos vivir en paz y afrontar una nueva estructuración del Estado, de acuerdo a la Constitución y, sobre todo, hacer viables las reformas que durante la campaña electoral el Frente Democrático exhibió como bandera de lucha.”

PACTOS DE NUEVA DATA
En 1979, el binomio Jaime Roldós Aguilera-Osvaldo Hurtado Larrea, igualmente significó un convenio entre fuerza políticamente dispares, antagónicas doctrinariamente hablando, pero que unieron sus energías en procura del Poder. A pesar de este acuerdo “el pacto de los caciques” a nivel legislativo, volvió a reacomodarse ya que el Presidente del Congreso Asad Bucaram hizo un acuerdo histórico, en el que todas las dignidades se adjudicaron de acuerdo con la representación obtenida por cada grupo político, sin excluir a ninguno.

Acuerdo de voluntades políticas también hubo, en 1984, bajo el lema de “Con León si se puede” y la conformación del Frente de Reconstrucción Nacional. Al cabo de cinco lustros el Partido Social Cristiano volvía a hondear su bandera en Carondelet, había llegado acompañado de su tradicional adversario, el Partido Liberal. Existen otros pactos de menor cuantía como “La Aplanadora” o el de “la regalada gana”, “nadie se baja de la camioneta”, menciones obligatorias aunque sin mayor trascendencia histórica.

Los popularmente llamados “cuartelazos”, frecuentes, aunque fugaces, se producían, precisamente, cuando existían discrepancias tan serias como inexorables entre las tendencias políticas, que llevaban a producir situaciones de grave deterioro del régimen democrático, y que conducían a que un “sacrificado” militar asumiera el Mando, previo, naturalmente, el “toque a las puertas de los cuarteles” por parte de los civiles disolutos o irresolutos.
Las dictaduras de alto nivel, ya no simples “cuartelazos”, de 1963 y 1976, con la intervención de las tres Ramas de las Fuerzas Armadas, mediante la Junta Militar de Gobierno y el Consejo Supremo de Gobierno, respectivamente, también obedecieron a graves quiebras de la sensatez política de los políticos.

Así como la unidad de fuerzas políticas en 1947 frustró un “cuartelazo” más en la aparentemente azarosa vida democrática nacional, así también la furibunda oposición al Quinto Velasquismo trajo consigo la usurpación del Poder por parte de un gobernante que, si bien ofreció “sembrar el petróleo”, se olvidó de informar en dónde lo hizo. “En política se puede tostar granizo” es la irónica frase del esclarecido hombre público y jurisconsulto Dr. Andrés F. Córdova Nieto. Lo “que no se puede es hacer el ridículo”, como bien lo dijera un político español.