Democracia vs autocracia

Autor: Wilson Granja Portilla | RS 76


El sistema democrático está en peligro, así lo afirma Michael J. Abramowitz, Presidente de Freedom Press, la organización no gubernamental con sede en Washington D. que conduce investigaciones y promociona la democracia, la libertad política y los derechos humanos a nivel global. El abuso de las autoridades de turno dentro de los sistemas democráticos, atenta contra el sistema y lo ha vuelto vulnerable justo en momentos en que los regímenes autoritarios como el de China y Rusia van ganando espacios de poder en el contexto de la política global.

El sistema democrático está en peligro, así lo afirma Michael J. Abramowitz, Presidente de Freedom Press, la organización no gubernamental con sede en Washington D.C. que conduce investigaciones y promociona la democracia, la libertad política y los derechos humanos a nivel global. El abuso de las autoridades de turno dentro de los sistemas democráticos, atenta contra el sistema y lo ha vuelto vulnerable justo en momentos en que los regímenes autoritarios como el de China y Rusia van ganando espacios de poder en el contexto de la política global.

Si se analiza el escenario político actual, se observa que los países con democracias tradicionalmente reconocidas como estables comienzan a sufrir ataques que en muchos casos provienen de sus propios actores. En este sentido, se observa por ejemplo que las brechas y pugnas entre los partidos políticos –nacionales y seccionales- han ido creciendo, generando así el descontento popular.

En pocas palabras, los electores observan el quehacer político que atenta contra sus intereses particulares y generales y, en última instancia, los votantes ya no se sienten representados, a pesar de que la democracia tiene como base la elecciones libres, justas, competitivas, con sufragio universal y pleno ejercicio garantizado de derechos políticos y civiles. Dicho en otras palabras, los resultados que se obtienen en los procesos democráticos, muchas veces, no logran estructurar y menos aún consolidar modelos de administración pública que permitan resolver en el mediano plazo las condiciones de desigualdad social y económica.

Uno de los ejemplos más contundentes, claros y recientes sobre la debilidad por la que atraviesa la democracia ocurrió el 6 de enero de 2021 cuando el expresidente Donald Trump instigó a sus seguidores a tomarse la sede del Congreso de los Estados Unidos de América, buscando anular los resultados electorales por supuesto fraude electoral.



A la par de estos acontecimientos, el mundo observa como países cuyos gobiernos se conducen bajo regímenes autocráticos comienzan a ganar espacios y consolidan alianzas en torno a acuerdos comerciales, intercambio de tecnologías y cooperación económica en procura de establecer cooperación entre sus “aliados” en varios niveles.

Económicamente, por ejemplo, se observan ayudas para sortear sanciones internacionales. Como ejemplos, China es uno de los principales acreedores de Venezuela, mientras que las empresas rusas han realizado enormes inversiones en la alicaída industria petrolera venezolana. Cuando los países occidentales castigaron a Alexander Lukashenko tras las fraudulentas elecciones presidenciales de 2020, Rusia abrió sus mercados a Bielorrusia, mientras que el Fondo Euroasiático para la Estabilización y el Desarrollo, que Rusia lidera, le ha ofrecido apoyo financiero. Estos, apenas unos ejemplos de cooperación entre los países con regímenes autócratas, a la par que señalan de “enemigos” aquellos que lideran la bandera democrática.

De acuerdo con un estudio publicado por Staffan I. Lindberg y Anna Palina Kolvani, se menciona que en las décadas de los setenta y ochenta, las autocracias cerradas dominaban el mundo tanto por número de países como en porcentaje de población. De 86 países autocráticos en 1972, su número descendió a 20 en 2013, pero desde entonces ha subido hasta los 25 en 2020. Las autocracias electorales se han multiplicado casi por dos desde 1972. En la actualidad, se calcula que cerca del 71% de la población mundial vive bajo un régimen autocrático.

Ahora bien, para salvar la democracia conviene entender que el sistema democrático en sí sigue siendo mejor que el autocrático, pero no está exento de una serie de grandes fallos ya que es proclive y demuestra una tendencia cada vez mayor al populismo, la demagogia, el clientelismo y una mayor polarización dentro de la sociedad.
Para finalizar, hay que tener presente que la democracia debería, en principio, garantizar la independencia del poder judicial, la separación de poderes y la efectividad de los derechos civiles y políticos. Sin embargo, recae en los políticos recuperar la credibilidad en la democracia, en sus valores y beneficios. De lo contrario serán ellos, los políticos, los principales actores dentro de los regímenes democráticos quienes terminen sepultándolos.