viernes, junio 18, 2021

Editorial Columnistas Nacionales El pan más pequeño

El pan más pequeño

Manuel Castro M.

Cuando se agudizan los problemas, con la ayuda de políticos, o tratamos de hacerlos olvidar o los ocultamos. Otra alternativa es camuflarlos.

Alguna vez para no subir el precio de la gasolina se disminuyó el tamaño de los recipientes. Hoy, ante el incremento de la harina y otros ingredientes, para “estacionar” su precio los panificadores sugieren hacerlo más pequeño. Otros proponen ponerle menos ingredientes.

Frente a los innegables problemas, pandemia, confinamiento y hambre, ha surgido la insatisfacción de las masas, auténticas algunas, otras el ansia de protestar y el dolerse por las injusticias y desigualdades. Pero el hambre no es auténtica en Francia, en Chile; ciertamente no se “mueren” de hambre en Colombia; en Octubre de 2019, en Ecuador fue por el desempleo, inmovilidad del país, corrupción e impunidad.

Tras de ello viene el intento de soluciones, políticas en su mayoría. Desgraciadamente se culpa de todo a los políticos y, sin embargo, se quiere la solución de parte de ellos: leyes que logren la justicia social, empleo,  subsidios, no impuestos, no restricciones, libertad total para los informales, educación y salud gratis.

Para sobrevivir los políticos no cantan las verdades, solamente tratan de estacionar el precio del pan haciéndole más pequeño. De ahí surge la violencia, aprovechada por sinceros descontentos y por los fanáticos del populismo engañoso, infelices que están felices de la violencia en Colombia, en Brasil, en Chile, la que hubo en el Ecuador, y que ansían que surja un senderista comunista en Perú, para que se “joda” de verdad.

Víctor Hugo escribió: “Los miserables buscan otros más miserables para sentirse menos miserables”. Tapar la miseria y represión en Venezuela, Argentina, Cuba, Nicaragua, es ceguera o fanatismo.

No se debe intentar reprimir los justos reclamos, es inútil. Jonathan Swift, el creador de Gulliver, observó: “El estoico remedio de reprimir los deseos eliminándolos, es como cortarnos los pies cuando necesitamos zapatos”. Los zapatos equivale a vivir lo más aproximados a la democracia, no destruirla o menospreciarla.

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