¿Todo este esfuerzo a cambio de qué?

El actual Gobierno se muestra decidido y lleno de confianza al momento de tomar decisiones espinosas. Así como no tuvo reparo en aumentar el IVA o en vetar totalmente la ley que estipulaba la asignación automática de recursos a los gobiernos locales, ahora ha optado por la focalización —en la práctica, implica la eliminación casi en su totalidad— del subsidio a la gasolina. Cuando se trata de cuadrar las cuentas del Estado, el régimen está dispuesto a emprender medidas que han sido tradicionalmente juzgadas como tabú.

Todas estas políticas sumadas sí tienen un impacto directo, considerable, en el bolsillo y en la calidad de vida de los ecuatorianos. A ello, deben sumársele el fardo que implica vivir en una perenne crisis de seguridad, con temporadas de apagones, atrasos millonarios en pagos a proveedores del Estado, inversión pública casi inexistente y una economía que no crece. Nadie puede negar que la ciudadanía ya está poniendo de parte o, como tanto les gusta pedir a los políticos, “arrimando el hombro”. ¿A cambio de qué?

No es justo ni tolerable que todos estos esfuerzos solo sirvan para mantener en funcionamiento un diseño de Estado que ya ha demostrado ser caduco e insostenible. El dinero que ya mandó el FMI apenas entró al país; casi todo se usó para pagar el crédito puente anterior. ¿Acaso toda la nueva recaudación y los recursos ahorrados también se diluirán en gasto corriente? Con la deuda externa en aumento y un persistente déficit fiscal, ¿nos espera lo mismo el próximo año?

Cuanto antes, el Gobierno necesita comprometerse con iniciativas y mejoras concretas, de envergadura, que justifiquen todo este esfuerzo. El país se lo merece.