Los radicales huyen del escrutinio democrático

La participación en las próximas elecciones del ala más radical del movimiento indígena hubiese dado respuesta a tantas interrogantes sobre su legitimidad y pertinencia. Tras arrogarse, en junio del año pasado, el derecho a infringirle cientos de millones de dólares en pérdidas al país y, hace unos meses, caotizar Pachakutik —so pretexto de una mal entendida ‘representación’—, hubiese sido lógico que Leonidas Iza y sus camaradas estuviesen en la papeleta electoral. Eso habría puesto a prueba su verdadera autoridad.

No será así. Pese a que hay varios candidatos de izquierda y centroizquierda, a que uno de ellos es dirigente indígena y a que casi todos suscriben las tesis ambientalistas y plurinacionales, la Conaie ha optado por no apoyar a ninguno de ellos, por ahora. Al mismo tiempo, se reserva el derecho a cambiar de parecer en la segunda vuelta.

La decisión es ideológicamente incoherente, pero tácticamente comprensible. El próximo gobierno enfrentará varios retos como El Niño, el déficit fiscal, la deuda y el posible fin del ITT, y tendrá muy poco tiempo para resolverlos; el desgaste será inevitable. Iza y los suyos prefieren mantenerse al margen y, con su apoyo al ‘Sí’ en la consulta sobre el ITT y su negativa a la minería, contribuir aun más al desgaste del Estado que un día aspiran a conquistar.

Esta no es la primera vez que el movimiento indígena, en momentos determinantes, busca preservarse dejando que sean otros los que pierdan. La gente sabrá castigar electoralmente a aquellos que son rápidos para juzgar, pero se esconden del escrutinio democrático.