Valorar la vida y entender la muerte

Jaime López Freire 

En el nuevo modo de vivir que se ha impuesto bajo el imperio de la angustia y la falta de esperanzas, la valoración de la vida no solo debe ser el acto en sí mismo que el ser humano debe ejecutar, si no refugiarse en las reflexiones y meditaciones arropadas en las creencias que el ser humano tenga, incluidas las de la religión que profese, para diariamente darle a su vida todo el valor que le permita tener sentimientos para sí mismo y para el prójimo. Comprender que el concepto de vida personal, el ego, no debe conducirle hacia el egoísmo y el abandono de valores recibidos en la educación institucional y en la de casa, en creer que el amor con el que ha ido construyendo su futuro y el de sus generaciones, ha sido el elemento fundamental para seguir siendo humano, el amor para su pareja, para los padres, hijos, hermanos, para la familia fraterna,  el amor para la naturaleza que nos decora el mundo en que estamos, el amor para la  amistad  fraguada en jornadas inolvidables,  que ha contribuido para ser lo que somos y para lo que seremos luego de que nos llegue la hora final, en fin, para  dejar a  un lado expresiones   grotescas e insultantes, de pseudos intelectuales que muchas veces pregonan  que la vida misma no vale nada, porque muchas veces  somos incapaces de resolver  nuestros problemas y no nos solidarizamos con los que tienen los del frente y de los costados. Estos sujetos,  calificados de referentes, en muchas estructuras administrativas son ubicados equivocadamente para que ejecutando leyes y reglamentos resuelvan, según su criterio, y dicten sentencias equivocadas que perjudican a las víctimas inocentes y no a los culpables. Desde hace algunos años las Legislaciones de Países del mundo globalizado no se han modificado frente a la necesidad de que autorice la eutanasia, suspensión de la vida que debe ser interrumpida por la petición de quien orgánicamente no puede soportarla. La eutanasia es un término del idioma griego – eu-bien, thenatos muerte- que significa buena muerte, que nos permite entender que ciertas vidas deben terminar porque quienes la sufren están mejor en el sepulcro. Los médicos y sus diagnósticos amparan al enfermo incurable que no soporta sus dolores, entonces   hay que entender que esa vida debe terminar porque su dueño así lo quiere y no debe existir castigo alguno dentro de la Legislación imperante,  para el profesional que ejecuta su final. Y existen casos que duelen profundamente de los abortos justificados, de los seres engendrados por violaciones criminales cuyos autores no son castigados porque Jueces y Tribunales no entienden que el valor que la vida tiene empieza dentro del vientre materno,  por el amor que siente su creadora junto a su pareja. Esperemos que la eutanasia para la señora ecuatoriana que la pide con profundos dolores y lamentos, se incluya en nuestra legislación y sea ejemplo de cómo debemos valorar la vida y entender la muerte.