Más deporte, más salud

Emily Torres Larriva

Con el sonado triunfo de Carapaz han salido a flote las quejas silenciosas de nuestros deportistas, hecho que no llama la atención, pues no es la primera vez que éstos se pronuncian sobre la falta de apoyo del gobierno para su crecimiento y participación.

La poca o escasa importancia que le damos al deporte nace desde casa, y es que, más allá de la salud como principal factor, en países desarrollados el deporte es el nido de la economía, educación, medio ambiente, inclusión y crecimiento personal, todos estos impactos positivos son valorados y ponderados en diferentes escalas.

No es coincidencia que la Organización Mundial de la Salud – OMS advierte que en el mundo el 80% de los niños, niñas y adolescentes no hace suficiente ejercicio diario, poniendo en riesgo su salud. Disminuir el sedentarismo y potenciar la práctica del deporte favorece el desarrollo de la niñez.

En discursos y lineamientos de líderes sociales y empresariales siempre está presente el ejemplo de un deportista por su constancia, sacrificio, puntualidad, perseverancia, paciencia entre algunas de las grandes virtudes. Aquellas historias de “fracaso” o “pérdida” ayudan a estas personas a levantarse una y otra vez, a ver en la adversidad una oportunidad nueva para competir.

En nuestros grandes deportistas como Jefferson Pérez y el actual medallista Carapaz encontramos historias de lucha, humildad, sacrificio y tenacidad, estos insignes tienen un factor común: años de entrega y abnegación.

Que estos modelos poco comunes, poco apoyados y recientemente valorados nos permitan ver que la superación es resultado de un sacrificio permanente, que el deporte es un instrumento muy vigoroso, como decía Mandela: “El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas”.

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