Un aprendizaje constante

Ariana Miñaca Toro

Siempre he cuestionado que el aprendizaje debe ser un camino de adulto a niño o de maestro a alumno. Con el paso de la globalización y el tiempo, confirmo que el aprendizaje no solo es multidireccional, sino también transversal, transcultural e ilimitado. Adultos, adolescentes y niños tenemos un proyecto de crecimiento común, para ello debemos aprender de muchas formas.

He estado en la misma mesa con los adultos desde que era niña. Mis opiniones y estándares nunca han sido ignorados, ni silenciados. Todos somos iguales en casa, es maravilloso escuchar las palabras de mi familia al otro lado de la mesa, porque de una charla franca y absolutamente abierta, todos sentimos que el aprendizaje es mutuo y los menores se nutren de la experiencia del adulto, como si buscáramos crecer.

La sociedad es como un bosque, lo primario y lo secundario constituyen el todo. Juntos sostenemos, evolucionamos y crecemos, buscando el sol sobre la rama más alta, todos queremos ir allí, no hay límite.

Los seres humanos siempre deben aprender a alimentarse del bosque completo, acompañarse unos a otros, vivir en el bosque y comprender que somos interdependientes espiritual, emocional y culturalmente.

Poco a poco entendemos que lo más importante para la convivencia y encontrar respuestas es el respeto necesario, abriendo nuestras mentes, oídos y corazones. Sabemos que la juventud y la niñez también tienen lecciones. Así como siempre es maravilloso escuchar anécdotas de noviazgo, costumbres, limitaciones y defectos de sus vidas de parte de los abuelos, y los logros por los que luchan, son tan valiosos como nos llegan. Sal y aprende sobre tecnología, movimientos sociales, causas y cambios. Siempre nos reímos hasta el final porque reconocen lo que estamos diciendo ahora, lo han pensado, pero no tuvieron el valor de decirlo, pero logramos usar esa voz, porque para ellos, hoy estamos aquí.

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