Pacto de paz

    Agustín Sánchez Lalama

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    Y de repente, luego de un proceso masivo y ágil de vacunación que nos permitió olvidarnos temporalmente de la pandemia, nos encontramos acorralados en un Ecuador víctima de la violencia en las calles. Pero, ¿qué ocurrió? ¿Por qué tan repentinamente nos atrevemos a compararnos con las zonas impenetrables de países como El Salvador? Resulta imposible creer que este estallido surgió de la noche a la mañana, solo se ha puesto al descubierto un viejo pacto de paz a cambio de territorio y favores, lo que permite barajar varias probabilidades, entre las cuales se menciona un posible intento de desestabilización al gobierno generando eventos conflictivos que desvanezcan esa popularidad de arranque; y otra, que suena coherente, consecuencias tras una radical postura del gobierno de no ceder espacios en contra de las mafias del narcotráfico, quienes han dado sus primeras señales como dinamitar el radar que controlaba la zona aérea de Manabí.

    ¿Y cuál es la salida?, en contraposición de lo que señalan todólogos en redes sociales, el camino es complejo, declarar la guerra al narcotráfico implica asumir represalias contra civiles como ha ocurrido en Colombia y México. Otra opción, es buscar acercamientos de diálogo con intervención internacional que restablezca el orden social, camino largo y tortuoso. Ambos casos sin garantía de éxito. Pero por algo debemos empezar, y es comprendiendo que el Estado, a través de los representantes de sus distintos poderes, debe garantizarnos a los ciudadanos un estado de derecho, donde al menos las leyes se cumplan, y la fuerza pública pueda efectuar su trabajo sin tanta politiquería. Lo contrario, sería seguir acumulando la basura bajo el tapete, fingir que todo está en orden y continuar cediendo espacios a actividades ilícitas, hasta despertarnos en una pesadilla sin retorno.

    Ojalá, y pronto, logremos asimilar que esto no se trata de izquierdas ni derechas, salvo aquellos que con rabo de paja pretendan fingir que nada pasa y es pura ineficiencia del gobierno. Esta dura situación se enfrenta desde todos los espacios públicos y privados, caso contrario estaremos condenados a normalizar atentados con explosivos y asesinatos en las calles, como de a poco ha empezado a ocurrir.