Sí se pudo, y siempre se podrá

El opio del pueblo
El opio del pueblo

Álvaro Peña Flores

Parece un domingo cualquiera, casi es fin de mes, casi es fin de año. Es 21 de noviembre de 2022, el tan anhelado día ha llegado. Comienza el mundial de futbol y con él un montón de ilusiones en todos quienes amamos el rey de los deportes. Soñamos ver a la selección ecuatoriana algún día campeona del mundo. Es una utopía para los que crecimos con el escepticismo y el complejo de inferioridad. La genética cultural ecuatoriana se encargó de transmitir a través de las generaciones que no podemos triunfar, que no somos dignos de la presea, que somos pequeños, en fin, que somos perdedores.

Todo este acervo cultural que lo hemos ganado a pulso, se ha combinado con la historia de corrupción y malos gobiernos que han sido la carta de presentación de nuestro país ante el mundo.

Hoy, ya no es así. La contundente victoria de Ecuador frente a Catar en el partido inaugural el domingo pasado ha roto estos paradigmas que nos han tenido sumidos en el subdesarrollo, mental, más que material. Nos hacen soñar en grande. El aporte individual, la experiencia, las aptitudes y el amor a la camiseta se nota cuando existe un buen líder que puede combinar estas cualidades y llevarlas a nivel colectivo para obtener resultados sorprendentes.

Esta victoria viene a aplacar de cierta forma la coyuntura política y social del país. Nos adormece mientras dura la pasión, sin embargo, es menester de todos estar atentos a lo que ocurre en el entorno. No olvidemos que en las calles aún están matando sin piedad. Que en las cárceles siguen las masacres. Que la Asamblea sigue haciendo cagadas a favor de los caudillos de siempre. En fin, el futbol no mejorará la situación si todos los ecuatorianos no trabajamos colectivamente, así como lo ha hecho la selección para mejorar esta podredumbre.

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