El exitoso modelo de la mediocracia

Positividad tóxica
Personaje lojano

Álvaro Peña Flores

Cómo individuos, tendemos a escalar hacia ciertos niveles de competencia y bienestar personal y profesional. Todo afán en nuestras vidas y nuestros trabajos implica comportarnos como si lo que mejor podemos hacer es ascender y trepar la enmarañada escalada al éxito, y el resultado lo vemos alrededor nuestro, trágicas víctimas que dejemos al paso con tal de alcanzar lo tan añorado. Vemos inclementes e impasibles a los hombres en grupos, y a la mayor parte de la raza humana pugnando por alcanzar una mejor posición, tratando de escalar con uñas y dientes para aniquilar a quienes se interponen en nuestro camino; para producir fuerzas y elementos disgregadores contaminando el ambiente y el entorno en el que nos desenvolvemos.
Vemos a políticos, líderes e influencers como expertos charlatanes con frases demagogas oportunas con escasas dosis de verdad; mientras tanto a los chamberitos se los coarta con niveles de herramientas básicas para asegurar su propia existencia. Luchamos por conseguir niveles de competencia exacerbados cuyo resultado nos convierte en perfectos incompetentes y mediocres. El término mediocridad designa lo que está en la media, de la misma forma que superioridad o inferioridad designan lo que está por encima o por debajo, la mediocridad implica que no se es ni lo suficientemente bueno, ni lo suficientemente malo, no hay “medidad”, se es mediocre.
Caer en ese plano es caer en la mediocracia, a cuyo estado se lo puede definir como un modelo establecido cuyo mérito es la mediocridad. Vemos a diario como los puestos de trabajo y cargos públicos hacen honor a la mediocracia, y es el modelo que más éxito ha alcanzado en la historia de la humanidad. Ejemplos claros: líderes políticos en nuestro país que se aferran a los cargos a sabiendas que son detestables. Mañosería y parcialización de la justicia a mansalva, y todos encogidos de hombros alineados buscando llenar el vientre.

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