Iza, el elegido

Rocío Silva

A quién se le ocurre exigir se resuelva el hambre mientras se derraman miles de litros de leche, a quién se le ocurre hacer referencia a la defensa del territorio heredado de los ancestros y tumbar árboles que les toma décadas llegar a ese tamaño, a quién se le ocurre hablar de pobreza y obligar a participar en marchas mediante la amenaza de cobro de multas, a quién se le ocurre fomentar el trabajo de todos mediante la prohibición de apertura de plazas y mercados, a quien se le ocurre fomentar la seguridad con el cometimiento de actos vandálicos y violencia; en fin, se le ocurre al elegido como representante de pueblos indígenas por 800 individuos en una jornada de jarana con chaguarmishki en Salasaka.

Ese mismo elegido Iza, que siempre habla con el ceño fruncido, arenga a sus masas y justifica los patrulleros quemados, el cierre de carreteras, la destrucción del centro histórico de Quito, la invasión de campos petroleros, la extorción de empresas agrícolas, con la torpe cantaleta que sus actos no se corresponden  a la violencia, sino a la reivindicación histórica y han accedido al derecho a la resistencia, que más violencia es el sistema neoliberal, entonces, ni el elegido ni sus secuaces se hacen cargo de sus actos. ni siquiera quedará para el recuerdo como un líder valiente, basta traer a colación las frases que articula, en el momento que lo apresan: “me estás rompiendo el poncho” “no me toques el cabello”, habría esperado que en ese momento al menos en una ocasión, se refiera al Fondo Monetario Internacional, a la reivindicación histórica, etc.

El elegido Iza, después de su captura, ya no tiene el entrecejo de bronca, luce por primera vez con una frente tersa, producto del susto, en una primera intervención pública intenta convencerse que sus convocados, están ahí por voluntad propia y con tino dice que la protesta continua; en una segunda intervención su discurso es entrecortado y lo lee desde una Tablet, lo hace sentado atrás de una mesa, en medio de unos indígenas más viejos y con rostros inexpresivos. El elegido, sabe que ahora que quemará sus últimos cartuchos.

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