El zarpazo de un gato

Nicolás Merizalde

Nicolás Merizalde

Si aún no han tenido tiempo para leer el perfil que el New Yorker hizo sobre Daniel Noboa, aprovechen este domingo. Más allá de las declaraciones imaginativas, polémicas e indiscretas, hay que destacar que ninguna es falsa. Hay que reconocer la limpieza del trabajo de Lee Anderson y la colaboración del proprio mandatario para lograr un retrato tan cabal de una personalidad que ha permanecido mucho tiempo cubierta en sus parcas declaraciones, discursos y evasivos trends de tik tok. Creo que se trata de la primera ocasión que tenemos de conocer al Noboa más personal y entero, probablemente debido a que el hombre nunca se enteró que se trataba de una entrevista, según afirma la Secretaría de Comunicación. 

Me quiero detener en una idea que arroja al final del artículo sobre la falta de apoyo internacional en su cruzada contra el narco. El presidente llega a quejarse de la desproporción de los fondos disponibles en contraste con Ucrania, el eslabón que sostiene el imperialismo ruso y la civilización capitalista-occidental de posguerra. Ha dado en el clavo. 

Resulta esclarecedor confirmar que el peligro interno de este lado del hemisferio es de una despreocupación inaudita para los países que realmente podrían ayudarnos a combatir al crimen organizado. También el narco ha puesto en jaque a la democracia y los DDHH, favorecerá el crecimiento de los autoritarismos y vive gracias a la expansión impune de la corrupción. También es una amenaza para esa civilización que las facultades de sociales se esmeran en defender y se esfuma fuera del aula. Pero no existe un compromiso global, una agenda real y organizada. 

Si Noboa sigue el hilo de su razonamiento, y estoy seguro que lo hace, caerá en la cuenta que la guerra contra el narco es apenas el zarpazo de un gato en el lomo del tigre. La pregunta es ¿entonces qué hacemos?