Crisis carcelaria

    Carlos Arellano

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    Hace seis meses Guillermo Lasso asumía la Presidencia de la República con la promesa de crear un país de oportunidades. A pesar del exitoso plan de vacunación, la confianza y el nivel de aceptación del Gobierno van en picada.

    Su popularidad se desmorona por los conflictos que lo rodean y por su incapacidad de brindar soluciones a mediano y largo plazo que permitan contrarrestar los problemas que afectan a los ecuatorianos como, por ejemplo, la crisis carcelaria.

    El problema penitenciario que enfrenta Ecuador no es una situación que surgió de la noche a la mañana. El conflicto nació años atrás y la pasividad del Estado permitió que los centros de rehabilitación se conviertan en escuelas para delinquir. Sin embargo, estas circunstancias no justifican la inacción del presidente.

    El Gobierno al no comprender la magnitud de la masacre ocurrida en las cárceles en septiembre de 2021, restó importancia al conflicto, evadió las alertas, por tanto, tiene responsabilidad por sus omisiones durante la matanza registrada la semana pasada. Lamentablemente el presidente recurrió a la vieja práctica de culpar a sus antecesores para justificar su indiferencia.

    Lasso al no sintonizar con la crisis, a más de acusar a Correa y Moreno, optó por atribuir responsabilidad política a la Corte Constitucional por las limitaciones respecto a los estados de excepción que el presidente declaró para combatir la inseguridad y el problema carcelario.

    Incluso el Gobierno no ha encontrado mecanismos apropiados para comunicar la realidad de lo que está ocurriendo en el interior de las prisiones. Los pocos funcionarios que dan la cara se contradicen y no dicen más de lo que los medios de comunicación han informado con prontitud.

    Esta semana el presidente intentó liderar un compromiso para afrontar la crisis con el apoyo de todas las instituciones del Estado. Según el primer mandatario, el acuerdo será el punto de partida para pacificar los centros de reclusión. ¿Lo cumplirá?

    A Guillermo Lasso le falta un extenso camino por recorrer, él aún está a tiempo de liderar cambios profundos, buscar consensos y combatir al crimen organizado, todo bajo un estricto apego a la Ley y respeto a los derechos humanos. ¿Podrá el presidente convertir a Ecuador en un país de oportunidades?