Subió la gasolina, ¿ahora qué?

Nicolás Gómez Campos

El caminar ha sido la forma de desplazamiento más utilizada por la humanidad en la historia de las ciudades. Desde la Roma del siglo III con su cerca de 1 millón de habitantes hasta la Nueva York del siglo XIX con sus 4 millones de habitantes. Estas ciudades que se pensaban para que las personas caminen, nos mostraron que pueden funcionar, desarrollarse y progresar sin la necesidad del vehículo.

El automóvil es un invento que pese a existir hace un poco más de un siglo, ha transformado a las urbes, el cómo estas se configuran y como crecen, ahora las ciudades están en función de los automóviles y no de las personas. Trayendo consigo consecuencias negativas como la reducción de áreas verdes y espacios públicos, contaminación, la pérdida de tiempo productivo en el tráfico, entre otras.

En la actualidad, el aumento progresivo del costo del combustible vuelve al vehículo un medio de transporte costoso, poco eficiente y que para muchos urbanistas, está destinado a perder protagonismo en las ciudades latinoamericanas, como ya ocurrió hace décadas en muchas ciudades europeas.

Es necesario entonces repensar la forma en que nos movilizamos y como deben planificarse las ciudades. Lo lógico ahora es crear ciudades compactas, con diversidad de usos, con aceras amplias y llenas de vegetación, para que puedan volver a ser ciudades caminables. Por otra parte hay que buscar alternativas de movilidad sostenibles y mucho más eficientes, reducir el uso del vehículo privado y sobre todo mejorar la calidad del transporte público, además de promover el uso de la bicicleta.

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