La enfermedad del ‘yo’

Rogelio Morales Cattani

Rogelio Morales Cattani

Muchas personas, poseedoras de poder político o económico, o ambos, aliadas con quienes aspiran a aquello, si no se sitúan adecuadamente en tiempo y espacio, corren el riesgo de sufrir “la enfermedad del Yo”, que cada vez es más frecuente, porque cada vez existen más personas que aspiran tener poder por vías lícitas y de las otras. En este entuerto, los nuevos ricos vanidosos abundan.

En algunos mandatarios de Latinoamérica, esta enfermedad se ha desarrollado como una epidemia. Los principales síntomas son: priorizar los honores y las demostraciones que rindan culto a sus personalidades. Para esto, cuentan con adulones que, a cambio de migajas de poder, son capaces de cualquier cosa o simplemente se alquilan para el sainete. Son los ridículos “zombies” que abonan el terreno donde el “ego” requiere constantemente ser validado.

Los enfermos de “yoyismo”, cuando gobiernan, no siempre se rodean de los más capaces; casi siempre prefieren hacerlo con inexpertos, manipulables y lambones, que les dicen lo que quieren oír. Son los que no aportan porque son limitados o están dedicados a complacer al yoyista. La vanidad es un padecimiento altamente contagioso que puede afectar a los más “avispados”, o a los más “shunshos”.

El trabajo en equipo que requiere cualquier mandatario no consiste en llenarse de funcionarios mediocres que no sepan decir “no”, porque esa es otra de las causas que afectan la toma de decisiones que beneficien a las mayorías.

El tiempo que se consume en festejar logros es tiempo que se pierde en hacer lo que realmente importa: ayudar al desarrollo y tratar de consolidar la democracia, sin esperar recompensas o premios materiales. Cualquier parecido a la personalidad de muchos de nuestros gobernantes que han sufrido “la enfermedad del Yo”, es pura coincidencia; lo grave es que esta patología puede evolucionar a la “enfermedad del yo no fui”, y ahí sí tenemos grandes y enloquecidos exponentes.

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