Hay que decirlo

Diana Luzuriaga

La democracia en esencia es el respeto por la injerencia del pueblo sobre los gobiernos a través de las diferentes formas de participación ciudadana. Un tema coyuntural este momento son las elecciones 2023. ¿Cómo nos sentimos los ciudadanos en una sociedad donde los recursos con los cuales los participantes pueden competir para influir políticamente son desiguales? De esa pregunta surgen múltiples cuestionamientos adicionales entre quienes desean activarse y participar, como: ¿De qué manera hacer campaña equitativa cuando compito contra aparatos estatales?  Porque hablemos claro, no solo se compite contra otros partidos, principalmente se compite contra el municipio y prefectura con todos los recursos públicos a su favor.

Realidad que desalienta a muchos que, al sentirse en evidente desventaja, prefiere sucumbir ante una política cada vez más dependiente del dinero. Históricamente, las sociedades han desarrollado relaciones de dominación, en la que ciertos sectores sociales imponen sus intereses para conservar sus privilegios. A lo largo de los años hemos visto impávidos que la igualdad de derechos de participación consagrados en la Constitución de la República, así como en otros cuerpos normativos, no son consistentes en la práctica. 

Por lo que se convierte en un objetivo y a la vez todo un desafío salir de ese estado catatónico que hemos asumido y convocarnos a revalorizar nuestros derechos. Hay que reconocer abiertamente la dimensión errada que se le ha otorgado al dinero en el funcionamiento de la democracia, distorsionando la manera de elegir y minando la confianza social. Es fundamental que los organismos competentes realicen un adecuado control de los recursos invertidos e impulsar campañas basadas en propuestas responsables que se ajusten a nuestras necesidades. “Si las mayorías sociales no logran consolidarse como mayorías políticas la democracia se desvanece”. 

 

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